miércoles, 21 de enero de 2026

El diablo nunca duerme


Éste documental de 1994 de la mexicana Lourdes Portillo parte de la muerte de un pariente suyo, su tío Oscar Ruiz Almeida, un hombre que poseía mucho dinero, que trabajó un tiempo relacionado con la política incluso. Tuvo 7 hermanos, los que tuvieron que valerse entre ellos cuando murió su padre cuando la mayoría era chico aun, lo que señala que fueron durante su crecimiento muy unidos en especial. Pero cuando murió su primera esposa se casó nuevamente a tan solo 2 meses de su muerte con una miss local de belleza a la que le llevaba como 20 años de diferencia y dicen era de otra condición social a la de él. De aquí parte un poco lo que veremos. Éste nuevo matrimonio marcó cierta ruptura con la familia sanguínea de Oscar Ruiz, donde la madre de Lourdes era su hermana y su marido su compadre. Incluso la primera esposa de Oscar se la presentaron los padres de Lourdes, fueron muy cercanos. Todos querían a ésta mujer que se murió antes de tiempo de una enfermedad. La nueva mujer buscando asentarse y viendo la reticencias que se vislumbraban con la familia de Oscar y el lugar de residencia, Chihuahua, decidió migrar a otro estado mexicano. Lourdes nació en Chihuahua pero vivió la mayor parte de su vida en EE.UU, hasta su muerte (el 2024 a los 80 años); teniendo la nacionalidad americana. En la película se nota el desagrado hacia la nueva esposa de Oscar. Además Lourdes le pide una entrevista, la graba solamente por el teléfono filmándose en una habitación de hotel, y la mujer no quiere colaborar con el documental. Se huele la falta de amistad, donde llega a ser hasta irónica dentro de su campechanía. El filme evoluciona con la creatividad de Lourdes. Ella convierte el filme en uno de investigación tirando al whodunit literario donde vemos hasta telenovela directamente. No obstante ella deja ver que está al tanto, no pretende mostrar inocencia o desentenderse del asunto que propone, llega a preguntarse abiertamente, retóricamente, si ha manipulado un poco el filme, en el que es un claro documental subjetivo, si bien muchos creen que la objetividad no existe, pero en realidad quiere decir que no es un documental tradicional, periodístico, o que se sustente de manera únicamente informativa, no busca afirmaciones. Lourdes deja volar un poco la imaginación. Coloca algo de sustento, pero suelta todo en el aire. Es como si dudara hasta de lo más pequeño (hasta de la paternidad biológica), todo lo pusiera en tela de juicio, como para que el espectador entre en el mismo juego y escoja entre todos los datos, escoja en que creer. Se podría decir que es un filme abierto a la interpretación libre, aunque la narración también apunta un poco a lo más lógico, o lo más claro y básico, y depende también como vemos el mundo. Mayormente optamos por lo más extraordinario, cuando muchas veces la vida puede ser muy pedestre, muy simple. A Oscar le pesaba hasta la edad, como lo demuestra una cirugía facial. La propuesta de Lourdes pone en la palestra el suicidio de su tío, se pone a discutirlo. La policía justifica el suicidio en pantalla, sin mucha pompa. Lo ven de lo más ordinario. Pero por ahí se puede entender como parte de una austeridad formal como policía, por decirlo amablemente. Igualmente, que todos hablen al gusto, habla de esa hegemonía de que cualquiera da una opinión de cualquier cosa. O que todos somos capaces de manifestar las ideas más extravagantes, si bien había gente que le ponía freno a la entrevistadora que exhibe querer expurgar la verdad a lo periodista de Shock Corridor (1963), aun a costa de esa gloriosa escena psicológica de lluvia en el pasadizo. Cree que pueden haberlo mandado a matar y presenta distintos posibles culpables, hasta uno de estos su última esposa. Muchos familiares dicen que el suicidio no parece algo propio de la personalidad de Oscar. Como el hombre estaba en otro estado y tenía una vida más hermética, por el final de su vida se especula hasta con su sexualidad y una enfermedad terminal. Todo en realidad apunta a una existencia común y corriente, pero que tenia sus curiosidades como no puede faltarle a alguien que fue aventurero y emprendedor. Fue un hombre de éxito además. Emprendió varios negocios, algunos donde no le pagaron cuantiosas sumas y se apunta a otras razones para interrogarse con su muerte, también porque uno puede meterse con la gente equivocada. A la historia no le falta el gángster mexicano. Oscar sabía de acupuntura -parece que como pasa a cierta edad la salud se hace demasiado presente- que Lourdes recrea consigo misma en un póster muy vendedor. No podemos dudar del poder de la publicidad. Estéticamente, el material que se muestra, sus elementos, parecen propios de un documental artesanal, aunque tampoco se nota para nada barato, sencillo sí, pero profesional, si bien Lourdes hace reflejar mediante un efecto de postproducción algunas entrevistas dentro de unos lentes de sol. El título también es muy sugerente, aun cuando como en el ensayo visionario de Haxan (1922) muchos ya no ven ahí lo extraordinario o sobrenatural, en sus miles de maravillosas representaciones del demonio sarcástico y envenenador y sus recreaciones supersticiosas de brujas malvadas y crueles inquisiciones, sino algo más material, el mal per se, dificultades comunes, pedestres, como la lucha por el amor y la felicidad en general.