jueves, 8 de diciembre de 2022

Alexandre le bienheureux

 
                                                                                                                               
Ésta comedia de 1968 la dirige el francés Yves Roberts. Tenemos a un granjero llamado Alexandre (Philippe Noiret) que su esposa lo tiene pisado, lo hace trabajar todo el día en sus extensas hectáreas de tierra. Alexandre para cansado y en cuanto puede ser duerme. Su esposa apodada La Alta (Francoise Brion) chasquea los dedos a cada rato llamándole a obedecerle. Es una buena comedia sobre el matrimonio, con una mujer todopoderosa sobre su marido, en donde incluso es ella quien le ordena cuando tendrán sexo. No obstante éste dominio no es través de ningún tipo de agresividad. Alexandre es como un gigante bueno, aunque finalmente no tan tonto. Lo que descubrirá es que es en realidad un terrateniente y decidirá a la muerte de su esposa pegarse un descanso, en medio de la ironía de no hacer nada e incitar de manera espontánea al pueblo a rebelarse frente al trabajo y tirarse a ociosear que se traduce en vivir la vida relajado, disfrutarla. El disfrute aquí es mal visto por el mejor amigo de Alexandre, Sanguin (Paul Le Person), un hombre que tiene montón de hijos y como que es un líder popular. Sanguin hará todo lo posible porque su amigo regrese a su monotonía laboral, lo verá como un mal ejemplo, a esa especie de enfermedad contagiosa que es estar ocioso. La ironía es notoria cuando Alexandre dispone su cama como un lugar multiusos para no levantarse de ésta. Se desprende del tránsito de Alexandre que el trabajo y las responsabilidades como que tienen oprimida a la gente -y que uno vive agotado y perdiéndose de poder existir en realidad-; Alexandre y su parábola práctica de ociosidad y vivir la vida relax y feliz lo convertirá un poco en un tipo de héroe, así llega una mujer como pretendiente de él, Agathe (Marlene Jobert), entusiasmada por su manera de vivir, pero más tarde se verá contagiada por el materialismo si se quiere y a repetir patrones, como la vida misma. Alexandre es muy unido a su perro, por quien curiosamente realiza su primer acto de rebeldía o de justicia para uno mismo. Es una comedia sencilla, pero bastante interesante. Le pasa revista a la vida común, a la vida de todos, con un estilo no tan típico, pero sumamente amable; tiene un buen tono y un humor de muy buen nivel. El campo como lugar de rebeldía se ve curioso en el filme, desde la vida de granjero de la Europa más rica, pero de ese ser humano de a pie que la mayoría somos.