miércoles, 21 de septiembre de 2022

La sangre y la lluvia


La sangre y la lluvia (2009), del colombiano Jorge Navas, es un neonoir que discurre lento y todo ocurre en una sola noche. Angela (Gloria Montoya) es una curiosa femme fatale, o así empieza, y termina como una especie de asistenta social, preocupada por cualquier ser humano en aprietos, y en ese lugar tenemos a un taxista, a Jorge (Quique Mendoza), que yace muy dolido e investigativo sobre la muerte de su hermano, que estaba en la misma compañía de taxis que ahora trabaja él y que es parte de una red criminal que está sujeta a un nightclub-discoteque (mostrando hermosas desnudistas, traseros provocativos) donde hay una especie de mafia. Todo lo tenemos ubicado en Bogotá, la Bogotá de los barrios peligrosos y pobres, humildes y por otra parte también criminales, que utiliza muy verazmente, Navas, mostrando gran realismo. Los lugares son perfectos para la historia que cuenta. Es una historia donde Jorge quiere vengar a su hermano, pero Jorge no es igual que como fue éste, de ese submundo de la noche, y parece más bien sufrir su decisión de querer vengarlo. En esa búsqueda salta un policía corrupto, el teniente González (Hernán Méndez) y sus 2 secuaces. Cuando el teniente mira por detrás desde su vehículo hacia el carro de Jorge quien se encuentra con Angela se siente que se avecina lo peor, gran escena, sencilla pero muy sugerente. Igualmente el secuestro es notable, concreta una gran atmósfera de tensión sobre una posible muerte extrajudicial. Luego hay algunos momentos como querer robar plata de un cajero que resta potencia e imagen al teniente, parece de poca monta hacer esto. El teniente González es drogadicto como Stansfield en la gran interpretación de Gary Olman en la genial y popular El profesional (1994), ahora al estilo colombiano, con su buena jerga, como cuando suelen repetir querer ir por (o necesitar de) un pase (droga). Navas pone mucha cotidianidad a su filme de cine criminal; cómo hace que Angela siga cerca de Jorge -habiendo varios momentos de tener que irse- tiene su curiosidad, manejado con un aire harto casual, como un enamoramiento simple. Es también éste filme una historia de amor, de almas golpeadas. Angela oculta también algo. La bella y sensual Gloria Montoya, con su cabello estilizado, tiene una escena sexual con explícita masturbación de una pareja. Ésta escena puede ser algo chocante, pero se concibe muy bien su participación a pesar de todo. Ésta apertura tiene de misteriosa. No obstante luego se diluye mucho dicha personalidad de ella. Parte como una vampiresa para enseguida ser una mujer sufrida en todo el filme, pegada a un hombre débil (o, mejor dicho, muy común). Es una película sencilla, bastante clara, frontal; a medio metraje está limpia de toda duda. Posee un interesante realismo criminal, con sus nexos mafiosos con taxistas y clubs nocturnos, que ostentan cierta originalidad. Su lentitud, demorarse en pequeñeces, le cobra cierta factura, porque no es un filme difícil. Pero en general tiene simpatía y su personalidad. Su criminalidad es bastante decente, aunque materializada de manera campechana y menor a lo que se dice, como el miedo que se percibe del policía corrupto cuando ve que ahora Jorge tiene un arma y conversa con un taxista ex guerrillero.