martes, 1 de diciembre de 2020

Atlantis

 


El ucraniano Valentyn Vasyanovych hace un filme del tema que más le compete a la realidad de su país, así como en otros países suele ser la dictadura de Pinochet o la de Franco o la guerra civil española, el terrorismo en Perú o el narcotráfico en Colombia o las desapariciones en la frontera o los migrantes a EE.UU. en México, por mencionar algunos. A Ucrania le interesa en especial la guerra contra Rusia. El filme que muchos catalogan de ciencia ficción, y en lo personal yo no, se ubica en el 2025, todo para dar a entender que es el año del fin de la guerra con Rusia y poder plasmar cómo a quedado Ucrania frente a esto, desde un país hiper militarizado, medio apocalíptico, a muchas secuelas psicológicas en cantidad de sus habitantes. En la película vemos autopsias pormenorizadas, vemos cadáveres descompuestos, en más de una oportunidad. Sergiy (Andriy Rymaruk) por medio de Katya (Liudmyla Bileka) se dedicará a buscar cadáveres caídos durante la guerra para que se hagan las autopsias. Katya que es una mujer de acero tiene un sentir altruista en éste trabajo, quiere que los familiares encuentren la paz al ser sus descendientes enterrados como se debe y sabiendo la causa de su deceso incluso. Esto en realidad puede sonar macabro, pero los filmes al este de Europa suelen ser así, escabrosos, incómodos, violentos, fuertes de visualizar, fríos, lúgubres, muchas veces decadentes, su humor suele ser negro. Un hombre mal de la cabeza, con secuelas de la guerra, cansado, se lanza al vacío, sobre fuego candente. De eso va la película, de cómo las peores guerras tienden a destruir el alma de la gente, aun cuando puede no quedar alternativa. A pesar de todo el filme plantea un poco de aire, propone una historia de amor, un romance en medio de cadáveres. Lo trasmite a su estilo tradicional, de la manera más descarnada, aun cuando por lo general el mundo retratado al este europeo yace como abúlico; lo hace con una escena de sexo, con cambio de posturas. En ese acto que demora en la película unos 10 minutos se condensa un enorme desfogue, un halo de iluminación, primero de placer, luego de paz al final de la jornada, el mundo no existe en ese momento, no ese mundo cruel y doliente. Hay una escena símbolo del filme, una escena a recordar en particular, cuando Sergiy se baña a la intemperie, de manera original e identificadora de su realidad, por medio del mecanismo frontal de una máquina de construcción, con una pala excavadora, calentada con una fogata hecha a base de gasolina.