martes, 24 de febrero de 2026
Lo demás es ruido
La película del mexicano Nicolás Pereda es interesante por una parte porque te deja en claro muchas cosas. El filme se adscribe a lo experimental. Y, ¿qué es lo experimental?, yo diría en una acepción que es una realización que se pretende que no se interprete, que quede gaseoso, que se mueve en lo impreciso, es algo por lo general arbitrario, mínimo, sin significados. Tampoco es que una obra requiera de mucha imaginación para que nos agrade, pero son propuestas como sus mismos expositores declaran, para sentir (si bien no hay emociones en pantalla), para dejarse llevar, como una feria que trata de impresionarte simplemente, un lugar de artificios, de unos literales especies de fuegos artificiales pero atípicos al gusto primario, simplemente para gozar mirando, extasiados con el alarde puro y duro. Esto no está mal, y va al segundo punto concatenado. Cada quien debe preguntarse: ¿Somos su público objetivo? No. Porque yo no gusto de esto. ¿Todo el mundo debe verlo? Yo diría que no. ¿Soy menos inteligente porque no me entusiasma? No. Sobre todo porque no le está exigiendo nada a mi intelecto ni es entretenimiento puro y duro. Pero a veces tendemos a obligarnos o se le propone donde no hay ninguna afinidad. Entonces dejemos que cada quien halle su público objetivo. El filme se mueve alrededor de compositores musicales y en particular de músicos de chelo. A una compositora llamada Rosa le van a hacer una entrevista de un canal de tv cultural y le pide a su amiga Tere que le preste su apartamento para la entrevista. Única locación de la propuesta (más la mirada desde la ventana hacia la idiotez de un tráfico donde surgen 5 minutos cansinos). Es así que Tere y su hija terminan siendo parte de la entrevista. Una se quedará en pijama en toda la entrevista (alguno dirá que por feminista). Hay frases que uno puede creer que señalan el pensamiento del propio director. En un momento se dice que no te preocupes de la opinión del resto, que nada va a pasar. Y me suena bien, hablando de decencia. Esto remite a pensar sólo como creador (auténtico si se quiere). Pero no se puede obviar que si a ti no te importa que puede pensar otro de lo que haces, los demás también tienen derecho a celebrarte o ignorarte. Es justo entonces. En un momento Tere expresa que oía a las palomas hacer ruiditos (llegando al esperpento al mencionar primero a las ratas, humor para algunos) y ella lo entendía como que eran palabras. Ya lo dice el título. Una declaración personal de cómo miramos nuestro propio trabajo y cómo queremos que lo observen. Se puede desprender que se ironiza alrededor de quien intenta entender el trabajo fuera de estos principios y hasta puede que ironice un poco sobre el propio cine experimental. Ésta declaración lo menciona directamente otra conversación, la del camarógrafo de la entrevista que menciona querer convertirse en un director de un continuo remake de su arte. Yo creo que es valido, pero nuevamente pienso en el público objetivo. En un diálogo se escurre como que ser sólido en la narrativa más bien es un defecto. Puede que refiera a un caso específico. El final es como reírse de las interpretaciones, cuando uno hace ruiditos. No porque menciono a Jesús o a Hiroshima y Nagasaki hay alguna verdad implícita. Y es que Pereda parece decirnos: No lo comprenden, es cine experimental. Pereda parece dejar todo muy claro, porque redunda bastante. En otro momento dice Luisa, la hija de Tere: Cierren los ojos, porque solemos ser muy visuales, simplemente oigan. Toca el chelo y ¿que se oye?. Yo no oigo armonía, sino ruiditos. Una vez más Pereda parece estar hablando de cine experimental, como austeridad o dejarse llevar. También es una exhibición de practicidad (cuando efectivamente, la claridad es el don de la verdadera genialidad), sino que se hace complejo de empatizar porque es demasiado austero, pero también es culpa de tener un presupuesto pequeño. La conversación tipo fantasía entre madre e hija me parece lo mejor del filme, así como la actuación de Gabino Rodriguez de quien se nota que ha ganado experiencia y sorprende como un intelectual. Mi escrito es una lectura de metacine. Como escritor-lector-de-cine me veo como un creador. Yo no hago periodismo, que tiene su función, sino literatura. Yo también le estoy hablando a un posible público objetivo (muchas veces queremos universalizarlo todo) y a quien puede sentir afinidad por lo que yo particularmente escribo.
lunes, 23 de febrero de 2026
Il testimone
Éste es el debut como director de Pietro Germi y es una película que puede pasar por sencilla, pero muy bien hecha. Es un comienzo bastante maduro como director, cuando todo el mundo suele querer ingresar al ruedo de manera estridente. Es un noir con bastantes escenas caseras, familiares. Arranca con un pequeño pero definitorio juicio, a Pietro (Roldano Lupi), por robar una cuantiosa suma y matar a alguien en el trayecto. Pietro no habla en la sala, sólo mira. Su mirada yace entre temerosa, dubitativa, y como quien reta a las otras personas, como quien muestra su verdadera naturaleza. Un anciano, funcionario del estado, del registro público, se convierte por casualidad en el testigo principal. Asegura que vio a Pietro en el lugar a cierta precisa hora, amparándose en un costoso reloj suyo. El anciano, Giuseppe (Ernesto Almirante), es un tipo de personalidad humilde y muy honesto. Es un anciano solitario que vive de manera tranquila consigo mismo. Pietro en dicho juicio es condenado a muerte. Pero un truco ha entrado en acción, algo bastante curioso (hasta un poco irónico), como apelando a los que no captan los detalles o yacen distraídos, como si el abogado defensor hubiera mostrado habilidades de pickpocket, o de mago. Ese truco hace que el anciano Giuseppe dude de su versión y Pietro manifieste una epifanía, consiguiendo una segunda oportunidad de vida. Sale de prisión y conoce al amor de su vida, a Linda (Marina Berti), a quien en poco tiempo le pedirá matrimonio. Pietro en varios momentos genera suspenso, como cuando ve al jefe de Linda tratándola mal sin importarle quien éste cerca. Le lanza incluso tierra a los zapatos. En otro asoma el asesino en serie en la oscuridad, en el silencio. Pero ahí se prende un fósforo desmitificador. Esa es otra persona. Lo que juega a favor es que no se escenificará el robo y el consiguiente asesinato. La perversidad se escurre de la pantalla. Pero el señalamiento lo persigue a Pietro, en la figura recurrente del testigo, con quien se topa a cada rato, con lo que Pietro no puede ocultar su fastidio. En una escena duerme y Giuseppe lo observa detenidamente frente a la luz del sol que ilumina el rostro. Linda también yace mucho en silencio, parece pensar igual en la situación (cómo reaccionaría). Los detalles dejan de serlo, aun cuando Pietro a menudo muestra nobleza, si bien a ratos se enoja, pero termina siendo reflexivo. La trama parece decir que el mal no siempre es evidente, como la naturaleza de las mafias italianas, familia y negocios. Germi maneja muy bien aquello, al tiempo que entabla diálogo con Dostoievsky. Es un filme un poco contenido, y tiene como cierta desconexión en su narrativa lo que la hacen una película algo particular, más que atribuirle de defecto al haber muchos guionistas involucrados. Los actores no son tan populares pero rompen un poco el molde, de manera humilde, como éste Giuseppe que tiene un aire al de la futura comedia italiana o hasta a extra pasoliniano o al ver a Linda explotada y en desventaja como dentro de cine social de cara al héroe que viene a salvarla y que sigue el sueño del renacimiento.
martes, 17 de febrero de 2026
Hamnet
Ésta propuesta la dirige Chloé Zhao quien ganó el Oscar por mejor película y mejor dirección con Nomadland (2020). En ésta oportunidad vuelve a estar masivamente nominada a estos célebres premios. Es una película que te hace llorar, que es muy sentimental. Está basada en la novela de la irlandesa Maggie O'Farrell quien escribe el guion junto a Zhao. Es una película entre histórica y ficticia. Es interesante ver a un William Shakespeare de carne y hueso y no pensar en una alucinada historia de algún académico de la alta sociedad camuflado detrás de su figura. El magma de éste Shakespeare es su propio intelecto, sus vivencias, sus sensibilidades, sus propias percepciones, no los libros como única forma de sabiduría, como si esos libros origen no los haya inventado alguien bajo la misma modalidad que éste Shakespeare, su creatividad, nuestra esencia. Pero como pensar por uno mismo realmente no es fácil, es mejor ir a un lugar a encontrar lo que no estamos realmente capacitados para producir por nosotros mismos, volverlo accesible, un mecanismo o simplemente repetir. Refiriéndome a crear conocimiento. Es así que la película hace muchas conexiones entre la vida común y corriente con momentos capitales existenciales y la creación de una obra maestra e icónica como Hamlet. Shakespeare desde el inicio se muestra como un intelectual, desde enseñar simplemente latín a los granjeros. No le es fácil adaptarse digamos como obrero o campesino. Su padre se puede decir que tiene una empresa de guantes o manufactura como micro-emprendedor. Shakespeare es un vendedor y eso le permite afincarse con la gente del teatro, formar su compañía, escribir y exhibir obras de teatro públicas. Realiza una labor que tiene una consecuencia práctica. Shakespeare también es actor y en un momento remite a sentir lo que expresamos en una puesta en escena. El filme es muy fuerte emocionalmente. Hay escenas a ese respecto que producen mucha tensión. Agnes (una sustancial Jessie Buckley, una mujer realmente bella y sensual a sus 36 años, cuando se muestra natural, clásica, campechana, en lugar de querer pintar de visualmente rara) pasa por un trance muy violento. Lo llega a culpar a Shakespeare. Puede rozar hasta el histerismo y coquetear con ser insoportable o demasiado difícil. Es interesante hacer notar que aquí no se satanizan las videncias o experimentar con hierbas, sobre todo para la época, fines del siglo XVI, todo lo que fácilmente puede asociarse con ser una bruja que luce una mirada más actual. Tenemos momentos que se plantean dentro del suspenso, con el terror, con el misterio, con lo sobrenatural, lo esotérico y hasta lo oscuro con ese bosque que posee varias interpretaciones, tal cual sus ramificaciones, sus raíces, su longevidad. El avistamiento recurrente de un hueco negro puede verse como no tener respuesta ante semejante tragedia o no saber del todo los sucesos de la biografía del escritor. La propuesta tiene un claro lado místico. Es como si quisiéramos entender el cielo, la vida después de la muerte (¿a dónde van los que mueren?), y el silencio de Dios, sosteniéndose sobre lo terrenal y lo racional, queriendo hallar argumentos para sanar. El final en el célebre teatro de Shakespeare, The Globe Theatre, es muy emocionante, memorable, el cual sirve como una hermosa catarsis llena de análisis minucioso, con ese Hamlet especialmente inspirado interpretado por el británico Noah Jupe. La obra Hamlet se abre como un brote existencial, ya no simplemente un dotado artificio. Cada oración de la obra Hamlet está llena de vida en las últimas escenas de la película, como quien señala el sentimiento del espectador en una sala de cine donde invoca su participación. Indican una profundidad que se va comprendiendo. A través del hallazgo de Agnes rodeada/inmersa de gente. Atravesada por gloriosa emotividad. El final es cine en estado puro, arte con mayúsculas. Se da una fusión de lo práctico, lo vivencial, con lo intelectual. Muy bien Paul Mescal, finalmente me compro el hype, muestra que es un excelente actor.
domingo, 15 de febrero de 2026
L'uomo di paglia
Creo en el poder de las palabras, aunque montón de veces no retribuyen. No están necesariamente emparentadas con el éxito. Puede que sea falta de empatía, un defecto, o insignificantes, pero lo importante es que son auténticas, sin efectismos o irreflexivas. Escribo porque justamente pienso distinto, porque el resto no me satisface. Esto habla de ser fiel a uno mismo. El director de ésta película es el italiano Pietro Germi, quien es el protagonista además. Es tremendo director, de los mejores de la historia del cine italiano, quien llegó a ser muy popular en vida tanto con películas neorrealistas como por la comedia a la italiana. La presente propuesta tiene una trama que trata de que un tipo tiene una amante, cuando su matrimonio parece feliz. Andrea (el mismo Germi con 44 años) trabaja en una fábrica de mecánica como entrenador y parece un buen marido y un buen padre, pero un día queda prendado de la nada, como por casualidad, de una chica de 22 años que vive en su mismo edificio. Andrea la llama una chica rara porque ella se queda con la mirada perdida, pensativa. La joven es muy reflexiva, muy racional. La situación de ser la amante le mortifica, pero está enamorada de Andrea. Rita (Franca Bettoia, en la actuación de su vida) es una buena chica en general, que ha cometido un error al meterse con Andrea, a quien es difícil de definir. La muchacha es bastante educada y formal. Y se le ve muy bien con vestido y tacos altos. Así mismo cuando se suelta y mueve el cabello y pone una mirada de docilidad, de mujer enamorada. El filme hace elipsis de cualquier acto o idea sexual. Parece la obra algo romántico. También parece que Andrea fuera una buena persona pero es igual a todo el mundo. Muchos van a decir que el sexo nubla, y eso hay. El filme melodramáticamente hace ver que en realidad es un error meterse con alguien casado. Si Rita fuera una chica alegre, la cosa hubiera sido más simple, como hace ver el amigo de la fábrica, Beppe (Saro Urzi). Incluso la chica ayuda en su hogar, a sus padres y hermano. No quiere ni dinero. Lo de ella es amor puro. Le llega a dar a entender a él que podría darle un mejor lugar frente a la situación. En pocas palabras, que se separe de su esposa. Andrea no quiere, y no es honesto del todo con Rita. Intenta dejarla, pero su presencia -su halo de belleza- le hace retroceder, y ella hace lo mismo, sabe que está mal, pero insiste aun así. En las acciones -como suele suceder- la esposa luce como un ente menor, minimizado, si bien parece una santa en todo sentido, no es que su personalidad de ninguna forma justifique engañarla. Ésta es inteligente por una parte y llega a darse cuenta, y es sutil expresándolo. Antes ha sido confiada y algo descuidada, pero por buena madre. Andrea aparece además intachable como antecedente. Como lo sexual no yace en la gran pantalla todos parecen más buenos de lo que son. También lo generan las formas (en ello Beppe se deja ver más abierto, desestima a Rita llamándola una histérica; los núcleos sociales a su vez crean amoralidad). Esto cambia un poco poder ver la verdad del panorama. Es como si estuviéramos hablando de amor, pero en realidad estamos tratando con el deseo sexual. Rita tiene novio y se deja llevar por el mal a través del carisma, la suavidad, la seducción, de la caballerosidad. Uno podría decir qué se la juega. Es un filme que deja mal sabor, como menciona la psiquis de la esposa. Es difícil ser moralista puro y duro, pero Germi escoge un papel complejo, alguien que muchos van a odiar. En un momento se dice que pecar una sola vez hasta ayuda al matrimonio. Se dice como si fuera una superstición. Andrea se descubre como un mentiroso crónico. Surge una escena en la iglesia muy poderosa, muy tensa, capital, un reto que Germi opta por resolver. En adelante puedes amar o no el final de la película, pero Germi ha logrado concebir una obra con personalidad, atrapante, mil veces mejor que la ligereza formal de La piel suave (1964), obra que podría haberse inspirado del lapso en el bote con esa "extraña" (premonitoria) conversación sobre la escopeta. Muchas cosas harán sentir mal la situación, la vergüenza en el restaurante, el atropello (el daño o el caos en el aire), la emotividad del niño, quedarse en abandono en el café, etc.
miércoles, 11 de febrero de 2026
The Return of the Living Dead
El director de ésta película se llama Dan O'Bannon y sólo dirigió 2 largometrajes. Fue el guionista en solitario de Alien (1979), coguionista de Total Recall (1990) y trabajó como guionista junto a John Carpenter en su debut, y con Tobe Hooper. La presente película se autodenomina secuela directa de Night of the Living Dead (1968), aun cuando George A. Romero el mismo año hacia su tercera película del universo de los zombies que él convirtió en legendarios. Y era porque el filme seminal fue escrito por Romero y John Russo y después de finalizarlo habían tomado caminos por separado. Russo sería guionista de la presente película. Éste filme es de culto y a mi ver es la película más entretenida de las que existen de las de zombies, aun cuando la primera de Romero no sólo es justamente popular sino históricamente relevante. La película de O'Bannon es una gran película de terror con sólida comedia. Es una película de entretenimiento puro y duro, aquí no hay filosofía ni nada que pensar demasiado, pero es una película perfecta, que entusiasma, que te saca fácilmente una sonrisa tras otra, que es cool, tiene mucho de punk, hasta con sus protagonistas y en la banda sonora, que está llena de escenas gloriosas, así como posee grandes efectos especiales. Inclusive el final es redondo con su toque irónico. Se oye decir, parece que tenían un plan preparado para esto, y no es algo que le convenga al personaje que habla. Los actores, todo el reparto, son muy carismáticos. Te ganan inmediatamente. Están ilustrados con mucha naturalidad, campechanía y simpatía próxima, aun cuando como Suicide se puede ser muy quejumbroso existencialmente o como Chuck, rogón con las féminas a lo Brian Johnson de The Breakfast Club (1985). En un momento una chica punk, Trash (Linnea Quigley), de cabello rojo corto, delgadita, bastante estética, se excita mencionando la fantasía de querer morir tragada literalmente por muertos. Enseguida su banda de compinches de juerga ponen música y queda completamente desnuda bailando sobre un mausoleo. Tal cual lo que propone la propuesta. Más tarde parece salida de Fright Night (1985). Hay una escena memorable en particular, medio tierna entre cruel, cuando uno de los enfermos por el gas se da cuenta que no tiene salida su destino. El filme empieza con una historia simple y contundente, toda la trama se mueve a esa vera, el devenir errado de unos barriles con pruebas químicas del ejército. Frank (un grandioso James Karen) trata de contarle una gran historia a un nuevo empleado, a Freddy (Thom Mathews), joven punk bastante amable, y en la practicidad, cine puro a la vena, hace un movimiento de jactancia y despierta el apocalipsis zombie acompañado de la música de entrada. Ernie (Don Calfa), el embalsamador, también es otro magnifico personaje. Suelta caras graciosas con sus expresivos ojos. Clu Gulager con 57 años hace del héroe clásico, aunque algo avispado, como buen empresario. Un zombie pensando en la cena pide más paramédicos; otro, más policías. Los zombies de O'Bannon no son lentos en ningún sentido. Incluso llegan a explicar muy inteligentemente porque comen cerebros. Éste filme es un enorme disfrute del cine de entretenimiento, una de las mejores cartas de presentación. Nunca es anodino ni formulaico, sino audaz capturando el hedonismo y al espectador. Es un filme que reboza vida, valga la paradoja, intensidad. Hasta el rigor mortis muestra gracia, originalidad, con sus quejas. El zombie como bañado en petróleo igualmente es un alarde visual.
martes, 10 de febrero de 2026
Privilege
La cuestión con el cine para quien escribe es buscar películas realmente interesantes, valiosas, destacables, alimentar la autenticidad y seriedad de una pasión, que se distinguen sin ser gratuitas, efectistas, vacías, efímeras, sino que argumentan, sostienen pensamientos, sostienen variedad de miradas. Se mantienen en el tiempo otorgando valor a su procedencia. Se trata de obras que trascienden. El cine es arte en toda la palabra, como la literatura, como la pintura, etc., cuando, como en todo, hay talento, por encima de la idea común sobre éste. Aun cuando no se trata de forzar nada. Es ser lo que uno quiere, tienes cualidades sostenibles para, que realmente sea, más allá del papel. El cine es un lugar donde se puede intelectualizar todo. El cine no sólo es entretenimiento o artificio (un lugar de tecnicismos comunitarios). No sólo es colocarte en modo piloto automático. Tampoco es únicamente -y no está mal que lo sea, sino es parte de un conjunto, de ser muchas cosas- un acto social, masivo, colectivo, popular, simplemente placentero (hay muchas variaciones de esto). Bajo mi perspectiva, lo que busco, es un lugar para pensar el mundo. A través del poder de las imágenes y elucubrar creativamente cómo mostrarlas, qué exhibir. En esto encaja la presente película del británico Peter Watkins, que como su compatriota George Orwell, supo trabajar notablemente alrededor de la distopía y las realidades sociales y políticas. Lo que quiso debatir y donde se identificaba. En el presente filme tenemos un sci-fi discreto, bajo un futuro muy próximo -los 70s- a la fecha del filme (1967). Hay una figura de un cantante de pop -el número uno que yace en todas partes- que se ha vuelto un especie de profeta, un tipo que crea opinión masiva rápidamente (ahí yace la ironía de la publicidad de comer 5 manzanas al día y generar un consumo popular o una industria y los cruzados y el nacionalismo en pos de las guerras), que influencia bastante en las masas. Involucra el liderazgo, una figura destacada. Ser famoso pasa por lo mismo. La cuestión es que éste cantante de pop se auto-percibe como la nada absoluta, es una creación de la empresa que representa, que está detrás de él. El cantante Steven Shorter (Paul Jones, un cantante real) no es que sea una mala persona, incluso está cargado de dudas y miradas perdidas, sólo que es simplemente anodino por sí mismo, aun cuando es un buen cantante. Los genios son los que están detrás de él, que desfilan con sarcasmo por la trama (peinándose cuidadosamente o tocando la bateria), pero ven más que todo hacer dinero (hay un poster con Shorter celebrando un puñado de dinero en su mano, celebración de su riqueza). Como el estado y la iglesia están muy pendientes de la opinión pública compran la imagen del cantante. En muchas cosas es un filme obvio, pero se presta para el pensamiento. El guionista es el americano Norman Bogner, un escritor de bestsellers en la vida real. No es que toda figura pública tenga que ser la voz de la consciencia o meterse a hablar de cosas que quizá no le competen, lo político y lo social, pero Watkins se define de esa manera y quiso incluso que otra gente famosa piense igual. El mensaje puede variar dependiendo la celebridad. He ahí lo que señala el filme. En un momento se dice que no se quiere diversidad de opinión (debate) o incluso que no se quiere que la gente sea individualista y creativa en realidad. El filme se puede ver como quien anhela que las figuras famosas deberían ver por un mundo mejor, si bien Watkins lo usa para sus propias ideas, lo que él cree. La propuesta critica que en verdad esa felicidad no venga sola, que no sea honesta. La felicidad es pasajera, va y viene, que ver que algo te la proporcione como arte o entretenimiento me parece muy bueno. Yo diría más que suficiente. Pero no se debe pretender un fanatismo ciego, como vemos en muchas demostraciones de la película (histeria). La idea es no perder la consciencia desde ningún lado. Al final cuando Steven dice odiar al público por lo que se ha convertido, un dios vacío de personalidad, entra en el olvido. El enrostre de la banalidad. Muchos podemos pensar que reflexionar más de la cuenta también no siempre termina siendo saludable. Vivir también es practicidad, no exagerar, todo no es filosofía. Aceptar el proceso, aceptar las frustraciones. La música está para alegrar, para emocionar, como así miraba Truffaut el cine o ir a la sala de exhibición, un proceso comunitario, un proceso emocional, una experiencia social. Éste filme me hace pensar, y el pensamiento que me da es que entretenerse, ser feliz a esa vera, es también algo valioso. Cuando un artista te proponga algo, simplemente pensemos que nos ofrece. Puede ser sólo buena música y eso es mucho también. Puede ser muy fastidioso cuando un personaje se vuelve muy político. Porque eso no es lo que ha hecho que uno se acerque a esa persona. El problema es que Steven Shorter es un monigote. Es ahí que la modelo real Jean Shrimpton -muy bella eso sí; aunque no es una luminaria no actúa mal tampoco- entra a tallar. Curioso que una modelo -una de las primeras supermodelos-, siendo su máximo atributo o fundamento sólo la belleza física, sea una fuente de reflexión, sea la que desencante a Shorter de su universo (si bien alude al amor), hable de la falta de personalidad propia. Ésta es una película curiosa. Muchos de los hits musicales de Shorter son propios de la época y de la música de Paul Jones. La canción Libérame (con los policías como los malvados, la autoridad, pecando al querer ganarse al público a toda costa, otro mal endémico), es poder ser uno mismo, que bien enfrenta la distopía del filme. Muchas canciones suenan melancólicas y se oyen bastante bien. La sátira tiene su encanto, con su sequedad por ratos en el estilo, en otros tiene intensidad. Es un filme de culto. En mucho se puede ver cómo el poder destruye muchas veces a los profetas, como se intentó con Jesús. Otra crítica es que muchas entidades no quieren perder simplemente su lugar. Watkins hizo siempre el cine que quiso. El individualismo de la película remite a un capitalismo reflexivo, autocritico, capitalismo como evolución. El título habla de valorar el privilegio de ser importante. Si está en ti ser un verdadero líder, hay que hacer mejores a los demás.
jueves, 5 de febrero de 2026
Fearless
Ésta es una película interesante. Interesante porque escoge ser muy realista, justificar todo, cuando fácilmente pudo volar como un sci-fi o una película fantástica. El protagonista, Max Klein (Jeff Bridges en una de sus mejores actuaciones y mejores películas), parece que fuera un ángel (o medio que se descubre como uno), pero no lo es. Tuvo una epifanía con la muerte tras vivir un accidente de avión. En pleno vuelo que iba en picada sintió que era su hora de morir y en lugar de temer que pase perdió el miedo a la muerte. En pleno accidente empezó a ayudar a los pasajeros. Desde ahí se volvió un tipo raro, aunque lo miran como un buen samaritano. Se desprende de la existencia que llevaba -donde era feliz- y se pone a vivir hacia/para otros. La epifanía lo hizo sentirse un fantasma y querer buscar empatizar con otros fantasmas, como alguien que tenía/tiene que desaparecer. Esto empieza a quebrar la normalidad de su existencia, a destruir su matrimonio (con una guapa y sofisticada Isabella Rossellini con 41 años), a hacerlo fallar como padre. No obstante ayuda a todas las victimas del accidente. Es de ésta manera que forma un fuerte vínculo con una pasajera que perdió a su hijo de 2 años en el choque. Con Carla (Rosie Perez, en la actuación de su vida). El accidente de avión ha creado muchos traumas, incluso culpas y vergüenza. Max lleva también un trauma, aunque pasa por un ángel. El trauma que lleva se explica muy bien con los veteranos de Vietnam. Simple y al punto. Así es el filme y no deja de ser un filme filosófico, lleno de ideas y al mismo tiempo una obra atrapante y entretenida. El reparto no parece el más impresionante y todos dan la talla y mucho más. Es un filme que escoge ser austero y en ese trayecto es tremenda propuesta. El guionista es el americano Rafael Yglesias que adapta su novela. Es una película que versa sobre el goce de la vida, y enfrentar perdidas demasiado complejas, es un filme que versa sobre la muerte y la vida y sobre el amor. Curiosamente puede verse como una lectura de enamorarse de una mujer fuera del matrimonio, pero inteligentemente el relato logra ser algo más particular. Carla trasciende con éste hombre, siente mucho afecto hacia él, él hace que ella sane espiritual y emocionalmente, justamente cuando llega a manifestar una fuerte crisis. La trama opta en éste momento capital, bastante tenso, por una escena y resolución muy práctica, la cual es cine (puro) a la vena, magnífica, perfecta, y lo hace como con toda la obra, esquivando la grandilocuencia narrativa y sobre todo lo gratuito. Es una película que remite a la percepción, cómo vemos la vida, plasmando positivismo, humanismo. Pero lo curioso es que Max debe también poner los pies sobre la tierra, enfrentar lo convencional, normalizarse, un mensaje a contracorriente de querer siempre llamar la atención o creernos especiales más allá de que cada ser humano es un universo. Es como si dijéramos que la normalidad, desde el panorama de la clase media (habiendo muchos mensajes donde los abogados lucen muy hambrientos), amar y cuidar una familia es muy importante, como también nuestra conversación con Dios. Es recoger de varias partes, está bien ser bueno con el prójimo, es bueno pensar en otros, como humanidad, mientras el pilar deben ser nuestros seres más próximos, a los que nos debemos. Max experimenta el delirio de ir hacia el extremo sin ningún temor (con varias escenas potentes que bien sostienen el título), dentro de un yo hiperbolizado. Pero amar estar en la tierra también es mantener una vida tranquila, ecuánime. Temer es parte de vivir, cosa que hay que aceptar y es más cómo lo manejamos. Es no escoger desaparecer, no huir de las normas o convenciones, sino madurar. Max no obstante no quiere ser famoso. Es como si Max por un tiempo se hubiera transformado en un ángel, como un reverso/relectura de El cielo sobre Berlín (1987). Fácilmente así mismo pudo inspirar al Kiarostami de El sabor de las cerezas (1997). El australiano Peter Weir es un director muy querido con varias obras populares en su filmografía y uno de los máximos artífices de la nueva ola de su país.





