jueves, 5 de marzo de 2026
Moscas
La intro y la lectura general de Moscas (2026), del director mexicano Fernando Eimbcke es lo que señala el título. La molestia directa que son tener moscas en un ambiente, su revoloteo pegajoso. En eso comparte algo de similitud con Lo demás es ruido (2016). Ambas películas mexicanas estuvieron en la Berlinale 2016. Esto nos lleva a asistir a cómo afrontamos las malas situaciones, las etapas de dolor. A esa vera presenciaremos como una ruda Olga (Teresita Sánchez) será tocada sentimentalmente, al yacer adyacente al fuerte padecer de un padre (Hugo Ramírez) y su hijo, lo que la transformarán, la volverán más agradecida. Curiosamente, menos resentida con la vida y una cierta soledad. Al final del visionado notaremos que mirará con más amabilidad/tranquilidad el mundo. Hay una escena naif, sensible, con comer galletas en grupo en un platito, como forma de diferentes despedidas. El escenario es Ciudad de México, en blanco y negro. Moscas maneja bastante el uso de un juego/mueble de arcade clásico, el de matar invasores. Lo hará con sencillez intelectual, sencillez narrativa y mucha practicidad. Es una película en la onda de Yasujiro Ozu. Inclusive veremos como broma básica recurrente que el niño orina en un árbol y echa a correr cuando viene el guardia. La propuesta tiene su toque cursi, pero su sensibilidad funciona en general. Es mucho ver ser a un niño, de 8 años, a Cristian (Bastian Escobar). Vestir de dinosaurio bailando chachachá, o cambiar caramelos de menta por stickers a un vendedor ambulante. Igualmente, como doblega con su naturalidad y simpatía inocente el mal humor de la casera cuando su padre debe ver por su esposa enferma, hospitalizada muy cerca. Desde el apartamento de Olga ven el hospital e interactúan con la vista, como cuando el pequeño empaña la ventana y escribe mamá. Cristian quiere llevarle unas pantuflas y así surge un periplo por entrar a su cuarto cuando la clínica no permite la visita de niños. Aunque en la vida real es peligroso que un niño confíe fácilmente en extraños, la mirada del relato es que se tope con gente humilde y amable. Los empleados del hospital comparten momentos con el pequeño, hasta el juego de arcade, de donde observamos en primera toma las expresiones y emociones de varios personajes. La máquina toma mucha presencia, mucha visualidad, llegando a lo onírico. Llegamos a ver que el niño se libera frente a la máquina.
