jueves, 5 de marzo de 2026

Everything Else Is Noise


Como escritor-lector-de-cine, especializado en cine desde hace 16 años, me considero un creador. ¿Porqué un creador?, porque no copio de nadie ni de nada, no sigo ninguna influencia ajena, de ninguna época o persona, ninguna tendencia, sino trabajo con mi autenticidad, con mi ser, con mi esencia. Mis impresiones son tal cual mi mirada de lo que veo. Yo lo llamo crear porque nace todo de mi, viendo cada película. También es creación porque para mi la película no me lo dice todo, sino uno con su intelectualidad extrae y complementa, completa, fusiona una escritura, una muy particular, muy propia. No llamo periodismo a lo que hago, porque éste es más cuadriculado, está más parametrado en ciertas formas. Sí soy formal, pero muy libre, y ahí encaja la literatura, en el uso de la libertad absoluta y creativa de la palabra. La literatura hace que mi escritura lleve cierta poética, sin exagerar la nota. Mi escritura no sólo es info, datos, que de esa manera el periodismo cumple una función. Me considero ecléctico, impredecible y con mucha apertura ante el séptimo arte. No me parametro en nada, en ideas preconcebidas, no me limito para ver películas. Una película puede ser excelente y venir de cualquier parte. No tengo reglas para visionar un filme, si realmente vale la pena. Cualquier tipo de filme me puede sorprender. Pero no gusto tanto del cine experimental en su concepción de simple impacto, de alarde puro y duro, de llano efectismo, de producción mínima arbitraria, del cine que no tiene significados, sino a mi me satisface interpretar/intelectualizar el cine. El cine experimental puede ser creativo, valioso, y también sorprender aun en condiciones de puro impacto, de únicamente ser un artificio visual, un juego creativo literal, pero no soy muy afín a dejarme simplemente llevar, a no interpretar, salvo sea cine de entretenimiento puro y duro, cuando el hedonismo es grande. En esto entra a tallar la película del mexicano Nicolas Pereda, Lo demás es ruido (2026), de quien hay que decir que con lo mínimo es muy creativo. Llega a ser intelectual y al mismo tiempo concibe una comedia, ironizar, con respecto al mundo de los compositores y músicos de chelo, sobre la música en general, sobre el arte en general, desde como se erigen entrevistas, sea culturales o comerciales, con un Gabino Rodriguez que muestra experiencia y hace bien de un intelectual. Éste filme es interesante porque Pereda hace metacine. Se lo toma muy relax, llega a ironizar con el propio cine experimental, como para que uno no lo magnifique, lo consuma con relajo, que la gente no le huya. Dice el camarógrafo del relato, que versa sobre una entrevista para un canal de tv cultural a una compositora llamada Rosa que le pide prestado el apartamento a su amiga Tere (Teresita Sánchez), que quiere ser un director de cine siguiendo una declaración política, hacer un constante remake de su obra. Sabemos a quien se refiere y ciertamente es valido. En otro momento se dice que no hay que tomar la opinión ajena con demasiada rigurosidad o atención, que finalmente no importa frente a la nuestra o a lo que hacemos. Esto remite a nuestra autenticidad, si bien el público puede reaccionar de la misma manera. Hacer lo que uno de verdad quiere o de verdad piensa puede marcar una distancia con la empatía más fácil, con la popularidad, con tener mayor público, reducirnos a un nicho. En un dialogo del filme, Tere dice que cuando oía a las palomas hacer ruiditos, ella lo interpretaba como palabras. Primero dice que eran ratas las que le hablaban como mascotas y luego se desdice, como quien señala que la imaginación o las historias extravagantes venden más. De ésta manera busca impresionar con la idea de que su apertura musical proviene del olfato. Suena absurdo, cómico, pero además también está hablando de lo que es el cine experimental, nos manifiesta como debería verse por otros, sin interpretaciones, aludiendo a cualquier receptor, pensando en que se dejen llevar por su austeridad. Es igualmente una declaración política. Se entiende que ruiditos son el cine experimental en cierta concepción, y como menciona el título, Lo demás es ruido, en otra mirada, el resto a lo experimental representa la nada. En dicha dirección se ironizan las lecturas. Así mismo señalan molestia, como la apertura con el tráfico caótico, torpe y ridículo o no poder ensayar, algo artístico, música, ni en la mañana ni en la tarde, o sea nunca, para contentar a los vecinos que lo consideran simple ruido. En ello Pereda juega a ponerse en distintos lugares. Tenemos un momento irónico con oír el chelo de Luisa, que se declara posiblemente feminista al quedarse en pijama, en que se insta a no ser visual, sino dejarse llevar por el oído y en ese momento no aflora armonía. Otra clara alusión además al cine experimental y las consabidas interpretaciones. Lo mismo pasa con las risas del final cuando la sola mención de Jesús o Hiroshima y Nagasaki no necesariamente indican algo muy particular/trascendental en una exhibición experimental, donde en la escena las mujeres se ríen de los egos inflados de los hombres. Previo momento notable tipo sci-fi/fantasía donde madre e hija suponen situaciones. Como en Minotauro (2015) que se menciona directamente en el filme. Unos pasan por típicamente jóvenes –como Luisa- y otros se encuentran cegados por su propio narcisismo –como el padre y seguramente muchos cineastas experimentales, o interpretadores-. Pereda maneja muchas acepciones, como que se vaya la electricidad o ladre un perro en plena grabación de la entrevista, ruidos como fastidio, dentro de su lado más amable, de humor, de auscultación de una zona cultural.