viernes, 13 de marzo de 2026

Training Day


Día de entrenamiento (2001), de Antoine Fuqua, con guion de David Ayer, se puede decir que es un clásico moderno, una película que pertenece a muchas cinefilias, además es una película que fue un hit comercial, y le dio un Oscar a Denzel Washington por actor protagonista, antes lo había ganado por actor secundario. Es una película cool. Es cierto que todos quieren serlo, pero la cuestión es conseguirlo. Es una película de entretenimiento, pero vaya que tiene mucha habilidad retratando la calle. Mucha gente se siente que es como la vemos en ésta película. El retrato es de los barrios bravos/peligrosos de Los Angeles. En el relato vemos que un policía corrupto, un verdadero demonio, Alonzo Harris (Denzel con 46 años) inicia en la policía anti-narcoticos, en su quehacer práctico, al novato Jake Hoyt (Ethan Hawke, con 31 años, y su primera nominación al Oscar como actor). Alonzo habla bastante, es bastante manipulador con la palabra. Es astuto, falso, perverso. En varias oportunidades se lo gana al novato, pero la recurrente corrupción que genera y el otro demora en procesar, hace que Hoyt llegue a un momento capital donde está apunto de ser asesinado por 3 pandilleros méxico-americanos, donde se luce muy bien Cliff Curtis, como el líder. Incluso uno de sus secuaces (Raymond Cruz) se muestra muy intenso y primitivo y es de tremendo realismo. Esa escena capital contiene mucho suspenso. Tiene que ser una de las grandes escenas del séptimo arte. Ahí lo vemos a Hoyt/Hawke metido en una bañera, doblado, esposado y con una escopeta en la mejilla, rodeado de malas palabras y sus ruegos, violencia/potencia en toda esencia y sin embargo cuidada, dentro de una puesta en escena muy verídica. Éste filme tiene momentos notorios de exageración pero es cine comercial, cine popular, busca despertar emociones. Llega de manera frontal, primaria, lo cual se perdona cuando no todo es perfecto porque es un filme de verdad entretenido, de esos que te sacan sonrisas auténticas y fáciles, que entusiasman, que te dan hedonismo puro y duro, claro. Alonzo es un protagonista que todo el tiempo está hablando y haciendo maldades, es complicado mantener el estándar de perfección, pero en mayoría lo consigue. Él se impone en un barrio bravo, a él lo detestan. Tiene una personalidad avasalladora, que no le importa más que hacer lo que le da la gana, algo imposible de sostener, una personalidad kamikaze, es como se dice en el hip hop, a real dog. Su carro es cool y la cámara ayuda abiertamente a hacerlo notar en varias oportunidades. Así mismo cuando entra a su barrio y sueltan palomas en aviso de que llega. Toda la parafernalia de las miradas de tensión y amenaza que los rodean es sustancial como retrato artístico dentro del entretenimiento, cuando ingresan a esos barrios donde hay mucha droga, repletos de pandillas, y sin embargo entre ellos tenemos familias y niños jugando. Todo el movimiento por esos espacios es notable y se dejará en claro al final que no todos son iguales. Se oye preciso -nunca mejor- de fondo Cypress Hill como banda sonora, así como se luce Snoop Dogg de invalido vendedor de crack y encima le dan una escena donde se ve toda la calle y perversidad de Alonzo. La cara cuando a Hoyt le dicen que acabe con el amigo ex dealer (Scott Glenn) es impagable, y en esa misma línea se percibe toda su recurrente perplejidad. Cada explicación del momento de su sentencia de muerte, cómo pierde su arma, cómo se halla solo, es un despertar argumental muy astuto. Lo mismo toda la preparación con la mafia rusa y tener que juntar mucho dinero. Alonzo dice tener todo planeado y así se va mostrando toda su perversidad, que busca sostener su terrible corrupción. Toda la historia del lobo entrenado para deshacerse de los otros lobos y proteger a las ovejas es de un cinismo mágico como cine. Eso empieza a engordarse desde el arranque. Ver a Eva Mendes desnuda, con 27 años, también es un plus. La cara de Hoyt lo dice todo, no puede creer a ratos qué está sucediendo. Alonzo es sin duda todo un personaje, todo un logro. La escena del policía arreglando la llanta funciona para embaucar, porque en el fondo Hoyt quiere ser un héroe, una estrella del departamento de narcóticos, aunque tiene material para serlo. Es interesante verlo desde la perspectiva de Hoyt, un buen complemento, un novato que resuelve, que se enfrenta a cosas complejas donde anida el miedo, un temor lógico porque remite a sobrevivencia, real, práctica. Cuando Hoyt dice estar incomodo por recibir dinero corrupto, y habla en serio de llevarlo al cuartel, tras lo que está en curso, una intervención policial, donde antes ironizan que está lejos de Starbucks, es de antología. Toda la sorna que se imprime. No queda ahí, le piden ya lo inaudito. Imaginemos ponernos en su lugar. Después está escrito, como dice el policía que hace Dr. Dre. Hay que matarlo. Hoyt sin embargo es el novato idealista, medio inocentón, pero con recursos físicos. Se deja llevar de cierta manera, como cuando queda drogado. Como que no se convence de lo que sucede, si bien todo pasa en corto tiempo y eso hay que tomar en cuenta. Igualmente la perversidad y el cinismo de Alonzo es de no creerse. También es un tipo lleno de abundante atrevimiento. Como se oirá, un oficial muy conocedor, con muchos años de servicio. Por su parte, Hoyt muestra excepcional valentía. Llegará a responder, prefiero ciertamente ir a poner multas a los estacionamientos.  

martes, 10 de marzo de 2026

My Armenian Phantoms


Éste documental de la armenia Tamara Stepanyan estuvo en la sección forum de la Berlinale 2025 y fue la seleccionada por su país para representarlo en los premios Oscars 2026 pero no consiguió ser nominada. Es una película que trabaja con material de archivo, principalmente con películas armenias -que dirige la voz en off de la directora-; junto a archivos de eventos históricos de Armenia (como la caída en 1991 de la URSS con la destrucción de un monumento de Lenin o la ceremonia fúnebre pública de Parajanov en 1990), completado con material de video casero de la directora sobre su familia. Stepanyan llama fantasmas a cosas del pasado que la representan, con las que se siente muy vinculada sentimentalmente, como la historia del cine de su país y su propio padre, Vigen, que fue un actor de cine y de teatro, no muy conocido fuera de su país, un pequeño actor, pero sentimentalmente la película lo retrata como la persona especial que fue para su hija quien parece dedicarle el filme. Tamara le pasa revista a varias películas trascendentales de la historia del cine de Armenia, revisando en el trayecto la vida histórica de su país y con ello lo familiar o nuclear. Lo que muestra parece en realidad elemental, pero para quien no conoce de éste cine resulta novedoso. Es un país con una historia cultural cinematográfica interesante aunque no de muchos títulos. Armenia fue anexada a la URSS desde 1922 hasta 1991 por lo que el cine de Armenia fue dictado/manejado por los soviéticos (con Armenfilm como la primera productora de Armenia, fundada en 1923, bajo las ordenes del Goskino, el comité rector del cine de la URSS; Armenfilm sigue funcionando en la actualidad como entidad estatal), con la habitual impronta socialista y propagandística, pero se deja ver que los directores armenios se las ingeniaron para plasmar su identidad, su folclore, sus tradiciones. Hasta sus ironías, como con We are our mountains (1969), de Henrik Malyan. Trataron de romper un poquito el molde, en lo posible, fuera de lo ideológico o ser simplemente vistos como un anexo de la URSS, cosa difícil habiendo censura. De esta manera uno de los directores más destacados, Sergei Parajanov, georgiano de ascendientes armenios, fue censurado y apresado múltiples veces. Vemos material de archivo donde el mismo Parajanov se queja de ésta persecución, de un arte libre. Podemos observar retazos de su más célebre película, experimental y única armenia que hizo, The color of Pomegranates (1969), con la caída masiva de manzanas de unos árboles, frutas que terminan flotando en una playa o un hombre desmayado sobre un piso de madera rodeado de gallinas agitadas en estado caótico. Escenas llenas de poder visual, vanguardista y estético. Las películas que Tamara presenta aquí son de una buena curaduría, llenas de su sensibilidad, como ella misma señala, y de su gente. Menciona a la primera película armenia, que era de cine mudo y en blanco y negro, Namus (1925). Nombra directamente a su director, Hamo Bek-Nazarian, como un defensor de la mujer, y un feminista no del todo al tanto de ello, digamos que de manera natural, asunto a tomar particularmente en cuenta ya que durante mucho tiempo no han habido directoras de cine armenias e incluso escaseaban los protagonismos femeninos. Bek-Nazarian criticaba la tradiciones brutas, primitivas y abusivas, de poder, de los hombres frente a las mujeres. El propio padre de Tamara da a entender medio entre broma que ella será un problema similar frente al abuso o al poder mal llevado. Le advierte también que la profesión que está escogiendo es ardua para las féminas. Otro señalamiento importante de la propuesta, de la historia del país, es sobre el genocidio armenio en manos del imperio otomano, ocurrido durante 1915 hasta 1922. Lo cual se solía escenificar indirectamente, como con la visión de una gigantesca e imponente montaña o por terremotos, pero que finalmente los soviéticos permitieron hacer una película sobre estos hechos, 60 años después. Ésta película sería Nahapet (1977), de Henrik Malyan. Tamara anexa su vida familiar a su propuesta, su familia estaba siempre alrededor del arte, con la universidad, el mismo cine y la música. El filme muestra bastante a Vigen, al que se le ve a menudo como una persona alegre y de buen humor. Hasta hizo una película como un italiano, ironizando un poco el conocimiento que tenía de éste idioma. El documental pasa de la propaganda soviética inmersa en el cine armenio a la denuncia de los crímenes de Stalin y la URSS en la película Nostalgia (1986). Otro punto de inflexión en el cine armenio, aparte de los 90s que abrían la puerta de la independencia en todo sentido, fue en los 60s con la influencia de las nuevas olas cinematográficas, lográndose que por primera vez una película armenia participe del festival de Cannes, Hello, That´s me! (1966), de Frunze Dovlatyan. Ahí debutaba la rusa Margarita Terekhova, mostrando toda su belleza a los 24 años de edad. Ella se haría famosa más tarde por El espejo (1975) de Tarkovsky, donde haría de la madre del cineasta. De Tarkovsky también se hace mención que fue asesor creativo/artístico de una película armenia, Terpkiy vinograd (1974), de Bagrat Oganesyan, donde Tamara hace un símil entre la película y su vida, una de varias en todo el documental, con el niño que espera a su padre en la estación de tren, que vuelva de la guerra mientras ella habla de retornar a su país (primero de Líbano, después de París), a las raíces de uno, ese lugar importante que representa Armenia para ella por su asociación con su propio padre y sus vínculos con el séptimo arte nacional, que nace de la práctica habitual familiar de su infancia de sentarse los jueves por las tardes a ver una película armenia. Tamara muestra su amor por su padre, por su familia, por su país, por el arte, por el cine específicamente. Es un viaje por la cinefilia nacional, que ella vincula a contener la esencia de su nación, a través del tiempo y donde quiere insertarse, mirando cada huella (cada película o cada actor en ésta) como un fantasma que va a habitar el mundo eternamente y al que vas a volver con emotividad, tocado por sus tramas y afinidades en común. Tamara se ve identificada con la belleza y modernidad de Margarita Terekhova, en su caminar coqueto por la calle en tacos altos y vestido, recogiendo siempre fragmentos de existencia extraídos de la gran pantalla, sobrevolando cierto feminismo a su paso, frente al intelectual que fuma perdido en sus pensamientos. Un acto de seducción, como que también escriba el guion de éste documental junto a su esposo, Jean-Christophe Ferrari. Su fusión arte-vida es tan grande que ve parecido físico y, a esa vera, expresivo en Vigen con Frunze Dovlatyan quien normalmente protagonizaba las películas que dirigía. Se percibe que tenía como él bastante sentido del humor. La sugerente foto del poster de presentación de la película, con una niña pidiendo silencio con el dedo, es de otra película armenia, de lo que presenciamos un extracto en pantalla y me hace pensar en una Elephant (2003) de cierto vuelo fantástico, aun cuando el cine armenio estaba instalado en el realismo y, con los soviéticos, en el realismo socialista, película en la que Tamara participó de niña (ella actualmente tiene 44 años). Esto enuncia que ella siempre ha amado el cine. Lo mismo se siente de la libia Jihan K en su documental bastante político My father and Qaddafi (2025) que comparte videos caseros y escenas familiares hasta de actualidad, habiendo recuerdos grabados donde muestra su cinefilia, con imágenes de archivo históricos y biográficos -íntimos y otros públicos- sobre su padre el diplomático libio Mansur Rashid Kikhia, desaparecido en 1993 en una conferencia en Egipto y del que no se sabe que le pasó (su cuerpo fue hallado casi 20 años después en Libia), pero el documental tiene la hipótesis de que el mismo Muammar Gaddafi al terminar en una amistad desquebrajada con él lo mandó a matar porque lo veía como rival/detractor de su mandato -donde gobernó durante como 40 años- o un futuro traidor que le quitaría el poder. Lo concreto es que Mansur, por lo que señala el filme tenía miras más pequeñas y así lo ve la realidad histórica. Se explica que criticaba pero le guardaba lealtad a Gaddafi y a su régimen político, aunque era activista de derechos humanos. Jihan K como Tamara muestra mucho afecto por su padre, le dedica un documental entero, aunque Jihan sólo compartió con Mansur hasta los 6 años de edad, pero las historias y memorias familiares le hablaban de un hombre intachable, incluyéndolo muy amante de su familia. Jihan por su parte así mismo se ve ligada con su ascendencia, libia, aunque más convulsa, viviéndola a la distancia. 

jueves, 5 de marzo de 2026

Moscas


La intro y la lectura general de Moscas (2026), del director mexicano Fernando Eimbcke es lo que señala el título. La molestia directa que son tener moscas en un ambiente, su revoloteo pegajoso. En eso comparte algo de similitud con Lo demás es ruido (2016). Ambas películas mexicanas estuvieron en la Berlinale 2016. Esto nos lleva a asistir a cómo afrontamos las malas situaciones, las etapas de dolor. A esa vera presenciaremos como una ruda Olga (Teresita Sánchez) será tocada sentimentalmente, al yacer adyacente al fuerte padecer de un padre (Hugo Ramírez) y su hijo, lo que la transformarán, la volverán más agradecida. Curiosamente, menos resentida con la vida y una cierta soledad. Al final del visionado notaremos que mirará con más amabilidad/tranquilidad el mundo. Hay una escena naif, sensible, con comer galletas en grupo en un platito, como forma de diferentes despedidas. El escenario es Ciudad de México, en blanco y negro. Moscas maneja bastante el uso de un juego/mueble de arcade clásico, el de matar invasores. Lo hará con sencillez intelectual, sencillez narrativa y mucha practicidad. Es una película en la onda de Yasujiro Ozu. Inclusive veremos como broma básica recurrente que el niño orina en un árbol y echa a correr cuando viene el guardia. La propuesta tiene su toque cursi, pero su sensibilidad funciona en general. Es mucho ver ser a un niño, de 8 años, a Cristian (Bastian Escobar). Vestir de dinosaurio bailando chachachá, o cambiar caramelos de menta por stickers a un vendedor ambulante. Igualmente, como doblega con su naturalidad y simpatía inocente el mal humor de la casera cuando su padre debe ver por su esposa enferma, hospitalizada muy cerca. Desde el apartamento de Olga ven el hospital e interactúan con la vista, como cuando el pequeño empaña la ventana y escribe mamá. Cristian quiere llevarle unas pantuflas y así surge un periplo por entrar a su cuarto cuando la clínica no permite la visita de niños. Aunque en la vida real es peligroso que un niño confíe fácilmente en extraños, la mirada del relato es que se tope con gente humilde y amable. Los empleados del hospital comparten momentos con el pequeño, hasta el juego de arcade, de donde observamos en primera toma las expresiones y emociones de varios personajes. La máquina toma mucha presencia, mucha visualidad, llegando a lo onírico. Llegamos a ver que el niño se libera frente a la máquina.

Everything Else Is Noise


Como escritor-lector-de-cine, especializado en cine desde hace 16 años, me considero un creador. ¿Porqué un creador?, porque no copio de nadie ni de nada, no sigo ninguna influencia ajena, de ninguna época o persona, ninguna tendencia, sino trabajo con mi autenticidad, con mi ser, con mi esencia. Mis impresiones son tal cual mi mirada de lo que veo. Yo lo llamo crear porque nace todo de mi, viendo cada película. También es creación porque para mi la película no me lo dice todo, sino uno con su intelectualidad extrae y complementa, completa, fusiona una escritura, una muy particular, muy propia. No llamo periodismo a lo que hago, porque éste es más cuadriculado, está más parametrado en ciertas formas. Sí soy formal, pero muy libre, y ahí encaja la literatura, en el uso de la libertad absoluta y creativa de la palabra. La literatura hace que mi escritura lleve cierta poética, sin exagerar la nota. Mi escritura no sólo es info, datos, que de esa manera el periodismo cumple una función. Me considero ecléctico, impredecible y con mucha apertura ante el séptimo arte. No me parametro en nada, en ideas preconcebidas, no me limito para ver películas. Una película puede ser excelente y venir de cualquier parte. No tengo reglas para visionar un filme, si realmente vale la pena. Cualquier tipo de filme me puede sorprender. Pero no gusto tanto del cine experimental en su concepción de simple impacto, de alarde puro y duro, de llano efectismo, de producción mínima arbitraria, del cine que no tiene significados, sino a mi me satisface interpretar/intelectualizar el cine. El cine experimental puede ser creativo, valioso, y también sorprender aun en condiciones de puro impacto, de únicamente ser un artificio visual, un juego creativo literal, pero no soy muy afín a dejarme simplemente llevar, a no interpretar, salvo sea cine de entretenimiento puro y duro, cuando el hedonismo es grande. En esto entra a tallar la película del mexicano Nicolas Pereda, Lo demás es ruido (2026), de quien hay que decir que con lo mínimo es muy creativo. Llega a ser intelectual y al mismo tiempo concibe una comedia, ironizar, con respecto al mundo de los compositores y músicos de chelo, sobre la música en general, sobre el arte en general, desde como se erigen entrevistas, sea culturales o comerciales, con un Gabino Rodriguez que muestra experiencia y hace bien de un intelectual. Éste filme es interesante porque Pereda hace metacine. Se lo toma muy relax, llega a ironizar con el propio cine experimental, como para que uno no lo magnifique, lo consuma con relajo, que la gente no le huya. Dice el camarógrafo del relato, que versa sobre una entrevista para un canal de tv cultural a una compositora llamada Rosa que le pide prestado el apartamento a su amiga Tere (Teresita Sánchez), que quiere ser un director de cine siguiendo una declaración política, hacer un constante remake de su obra. Sabemos a quien se refiere y ciertamente es valido. En otro momento se dice que no hay que tomar la opinión ajena con demasiada rigurosidad o atención, que finalmente no importa frente a la nuestra o a lo que hacemos. Esto remite a nuestra autenticidad, si bien el público puede reaccionar de la misma manera. Hacer lo que uno de verdad quiere o de verdad piensa puede marcar una distancia con la empatía más fácil, con la popularidad, con tener mayor público, reducirnos a un nicho. En un dialogo del filme, Tere dice que cuando oía a las palomas hacer ruiditos, ella lo interpretaba como palabras. Primero dice que eran ratas las que le hablaban como mascotas y luego se desdice, como quien señala que la imaginación o las historias extravagantes venden más. De ésta manera busca impresionar con la idea de que su apertura musical proviene del olfato. Suena absurdo, cómico, pero además también está hablando de lo que es el cine experimental, nos manifiesta como debería verse por otros, sin interpretaciones, aludiendo a cualquier receptor, pensando en que se dejen llevar por su austeridad. Es igualmente una declaración política. Se entiende que ruiditos son el cine experimental en cierta concepción, y como menciona el título, Lo demás es ruido, en otra mirada, el resto a lo experimental representa la nada. En dicha dirección se ironizan las lecturas. Así mismo señalan molestia, como la apertura con el tráfico caótico, torpe y ridículo o no poder ensayar, algo artístico, música, ni en la mañana ni en la tarde, o sea nunca, para contentar a los vecinos que lo consideran simple ruido. En ello Pereda juega a ponerse en distintos lugares. Tenemos un momento irónico con oír el chelo de Luisa, que se declara posiblemente feminista al quedarse en pijama, en que se insta a no ser visual, sino dejarse llevar por el oído y en ese momento no aflora armonía. Otra clara alusión además al cine experimental y las consabidas interpretaciones. Lo mismo pasa con las risas del final cuando la sola mención de Jesús o Hiroshima y Nagasaki no necesariamente indican algo muy particular/trascendental en una exhibición experimental, donde en la escena las mujeres se ríen de los egos inflados de los hombres. Previo momento notable tipo sci-fi/fantasía donde madre e hija suponen situaciones. Como en Minotauro (2015) que se menciona directamente en el filme. Unos pasan por típicamente jóvenes –como Luisa- y otros se encuentran cegados por su propio narcisismo –como el padre y seguramente muchos cineastas experimentales, o interpretadores-. Pereda maneja muchas acepciones, como que se vaya la electricidad o ladre un perro en plena grabación de la entrevista, ruidos como fastidio, dentro de su lado más amable, de humor, de auscultación de una zona cultural.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Marty Supreme


Es una película que se basa libremente en la biografía del jugador de tenis de mesa de origen judío americano Marty Reisman. La dirige Josh Safdie en solitario, sin su hermano Benny, pero lleva toda la impronta del cine que han hecho juntos, y se debe a que Josh trabaja el guion junto a su habitual colaborador Ronald Bronstein, quien además se encarga del montaje. Se podría decir que Josh se repite, pero al mismo tiempo es un filme muy entretenido, dentro del cine comercial americano o más popular, hiperbólico y puro y duro. Es una película que como cine de entretenimiento recurre a mucha ficción más que ser una obra biográfica. Tenemos de protagonista a Marty Mauser, interpretado por un talentoso Timothée Chalamet a quien se le explota bastante hasta producir exageración o mucho histrionismo. Chalamat está nominado al Oscar por éste papel dentro de una abundante cantidad de nominaciones que tiene el filme. Marty llega a ser humillado con un bautizo tipo fraternidad para pagar tanta insolencia suya, tanto ego inflado, como señala el sobrenombre o título que lleva la propuesta. El castigo se lo proporciona su némesis, el millonario vendedor de lapiceros y también judío Milton Rockwell (con un estupendo Kevin O'Leary), quien odia (con justificación) a Marty, pero tiene negocios pensados en conjunto. Marty es un poco insoportable, políticamente incorrecto, tiene de recriminable, es en parte inmaduro, es un joven irreverente, pero a la vez se exhibe muy ambicioso, por encima de su vida promedio de vendedor de zapatos. Marty tiene talento para el ping pong; de paso, por su personalidad farandulera, o su personalidad de showman, para convertirse en alguien popular. Es un buscavidas, un tipo que salta entre clases sociales, aunque es de clase humilde. El filme ansia impresionarte, como buen producto hedonista, como cuando se cae el techo, y en buena cantidad lo consigue, aun cuando hay momentos en que se nota su fijación con ser cool y cae en lo contrario, lo anodino. Tiene al director de cine, Abel Ferrara haciendo de gángster, y éste logra una performance notable, con 74 años de edad. Igualmente hay un reparto muy bueno, como con Fran Drescher, con 68 años muy bien llevados y en rol distinto a su habitual comicidad y popularidad, mostrándose dramática, como la madre de pocas pulgas de Marty. La bella Gwyneth Paltrow con 53 años, como la esposa de Rockwell, también se luce muy bien como una actriz y socialité con quien Marty tiene un affaire, tras una intrépida conquista que es parte del alarde de la personalidad que se quiere proponer de Marty. Menciono en particular a Pico Iyer como el jefe de la asociación de tenis de mesa en la que participa Marty. Se le presenta de manera muy natural, muy normal, muy realista en sus diálogos y así curiosamente destaca. En sí el filme lleva la clásica velocidad, las infaltables carreras a pie y la palabra hablada con intensidad, propia de los Safdie/Bronstein. New York también es protagonista –bastante conocida por la pantalla grande- como ciudad cinematográfica. Extravagante y llena de criminalidad variopinta. Pero como estamos en los 50s así mismo le cae a pelo el sur folk americano y la aventura de recuperar un perro para obtener una recompensa. El filme tiene un sólido aire vintage más que propio de un retrato fiel de los 50s. El viaje de Marty es una muestra de las altas y bajas de toda vida y en ese trayecto la habitual lección de humildad, igualmente para todo ser humano. Cómo es existir. Por ratos la trama parece decir que el talento no es suficiente muchas veces (se necesita inversión ajena se podría decir), si bien el retorno en el avión militar conlleva felicidad, la que es además un reencuentro con lo cotidiano, pero hermoso, o un descubrimiento o un momento de valoración. Trascendencia a su modo. El deporte es secundario en realidad, más parece espectáculo, aun cuando el rival nipón se ve noble, formal y hasta un ejemplo, pero a la vez muy básico, funcional, aun cuando Japón parece algo exótico y encaja con el personaje que es Marty Supreme, que es bastante afín al entretiempo del básquet que ejecuta, pero justamente el origen compartido y la extravagancia del protagonista real es lo que entusiasmó a Safdie y a Bronstein. Es una película en la onda de El lobo de Wall Street (2013), que no es para tomar demasiado en serio, no como para profundizar, sino para divertirse, como comedia dramática, lo que también es valioso.

martes, 3 de marzo de 2026

Después de las ciudades


El rumano Radu Jude hacia un largo de 61 minutos llamado Sleep #2 (2024). Editaba muchas horas de grabación de la earthcam que se había posicionado sobre la tumba de Andy Warhol. Veíamos gente que lo visitaba al cementerio y en realidad era todo muy rustico y simple que no llegaba a entusiasmar, pero era una idea interesante en el papel, editar la cotidianidad, como se comportaba la gente frente a ésta celebridad "dormida". Había juego, tontería, incluso intervenía la naturaleza y Jude le ponía su habitual ironía. El rumano dijo que éste era un desktop film, un simple divertimento del entretiempo. El filme del gallego Xacio Baño, su segundo largometraje y su primer documental, retoma ligeramente ésta idea, usando google maps o la cámara sobre el planeta yendo a enfocarse en la ciudad de Santiago de Compostela, famosa por su peregrinaje y su devoción católica-cristiana, donde como se dice hay muchas iglesias. Por ratos se difuminan los contornos -cosa que en realidad no parece muy importante- como si estuviéramos metidos en esa computadora que abre el filme, dentro de una simple habitación tras un viaje turístico, donde un padre se cartea via whatsapp con su hija, la que le habla de su nueva afición por las palabras muertas o desaparecidas. Otra curiosidad es que las imágenes están complementadas bajo la lupa de postales (70 postales por 30 euros), viendo las palabras pegadas sobre las imágenes del viajar en general, una mirada comunitaria y variopinta, casual y que es darle algo de distinción al trabajo, como lo haría la habitual voz en off sobre metraje encontrado o verbalidad con imágenes de soporte. Por gente que supuestamente ha dejado sus impresiones del lugar. Es una película sobre la célebre ciudad pero también sobre la subjetividad y personalidad (que queda como memoria) de la gente que la ha visitado y que incluye el turismo en la actualidad. Pero trata de hacerlo, si se quiere, de cierta manera novedosa, mediante el guion del mismo Xacio Baño y Tamara Canosa, asesorados por el también gallego Lois Patiño. Otra curiosidad es que se trata de hacer lectura psicológica de la escritura de cartas, sacar un perfil por cómo escribes. Hay bailes, canciones, fiesta, bebidas, gastronomía, hasta participan monjas de claustro, donaciones, se celebra navidad, varias cositas sencillas y amables de oír, como quien hace un viaje virtual o induce a animarse a visitar algún día Santiago de Compostela. Se habla de un pasaje particularmente estrecho. Es un filme simpático para los que gustan de viajar, conocer nuevos lugares y que mejor que un lugar que tiene todo para que sea una visita memorable. Es una película bastante cuidada y nunca desanima nuestra atención, aun siendo básica, como todo documental sobre conocer una ciudad. Se vive un ambiente tradicional-familiar que resuena agradable, sobre todo en épocas de extravagancia y querer llamar la atención a toda costa. El ingenio no busca excederse. Si quieres llamarlo experimental todo es muy llevadero y entendible. Es agarrar la computadora y usarla de guía. Es como si dijéramos que ni los avances tecnológicos ni el exceso de modernidad nunca nos va a arrebatar nuestra humanidad, nuestra sensibilidad, nuestros afectos, lo clásico y eterno. Se exhiben composiciones, puestas de escena, como con las luces vistas desde arriba prendiendo poco a poco, gente común y corriente posando para la cámara, lecturas en cabinas de radio. Es una película que mezcla un poquito literatura con cine. Es una propuesta sencilla, pero cálida, esa es la mejor lectura.