Ésta
película sigue la estela de Beau is afraid (2023), es una propuesta incomoda,
molesta, exagerada, extrema, delirante. La dirige Lynne Ramsay de quien muchos
gustaron en particular We Need to Talk About Kevin (2011), si bien con
distancia su mejor obra es Ratcatcher (1999), la que aunque es una película
escocesa dialoga con el free cinema, con el obrero, con la clase trabajadora,
de donde proviene Ramsay. We need to talk about Kevin, que le dio popularidad,
tiene algunas conexiones con la presente película. Ahora una mujer es la que
carga la locura en lugar de un adolescente. El filme adapta a la argentina
Ariana Harwicz. El guion es de la misma Ramsay junto a los dramaturgos Enda
Walsh y Alice Birch. El irlandés Enda Walsh tiene su mayor logro como guionista
por un relato que remite a su propio país y es una muy buena película, Hunger
(2008), del británico Steve McQueen con un gran Michael Fassbender -de madre
irlandesa y criado en Irlanda- en uno de los highlights de su carrera. La
británica Alice Birch tiene su mejor pergamino como guionista con la
interesante Lady Macbeth (2016) aunque ahí está para detrimento The Wonder
(2022), ambas con Florence Pugh (con Lady Macbeth como su highlight junto a
Midsommar, 2019). La trama propone a una mujer de fuego, como en la apertura y
en el cierre observamos abiertamente. Lo que veremos de ella no deja
ninguna duda, frente a su comportamiento desenfrenado. Jennifer Lawrence es la
absoluta protagonista de ésta película incendiara, algo polémica si bien actualmente
pocas cosas llegan a impresionar frente a esperar lo inesperable. La bella y
entregada Lawrence, con 35 años, de cuerpo hermoso, voluptuoso, abundante y
naturalmente estético y seductor, a la que veremos mucho desnuda en pantalla,
es Grace, ésta mujer que no quiere una vida familiar, una existencia
convencional, que a partir del nacimiento de su hijo empieza a enloquecer, a
perder los estribos (mención constante visual obvia de un caballo sin
ataduras). Primero bajo pequeños detalles, miradas como a la nada, que engañan,
que implican esperanza o salvación, que buscan contenernos; pequeños gestos,
corporales, faciales, sutiles, algunos bromeando en solitario, tratando de
soltar la pesadez, si bien cosas se van gestando, acumulando y en el fondo no es
que existan culpables externos o rígidos, somos nosotros. Comienza a molestarle
vivir en el campo, empieza a no soportar a su marido, Jackson (Robert
Pattinson, quizá demasiado común y corriente para el terremoto que es Grace),
por la vida matrimonial que no parece compaginar con su personalidad, a lo
Britney Spears, de lo que se dice irónicamente de Grace que en otra dimensión
debe ser una popular rockstar (también señal de verse autoreflejado en una
hipérbole), al poco de (fastidiarle) sentirse diminuta al ver hacia las
estrellas o el universo por el telescopio, en sentido peyorativo (particular,
atípico un poco) de insignificante. Grace, no quedan dudas, es una mujer
problemática, y de ello que valga mucho la autenticidad y honestidad que
propone la novela de Harwicz, el desentrañamiento absoluto. Ahí hay
originalidad que aplaudir aun a costa de llevarlo todo al extremo, a lo
insoportable, que con seguridad a muchos va a molestar, como a los que no
quieren críticas en contra o lo manejan con mayor astucia. Grace quiere sexo
todo el tiempo con Jackson, es una fémina intensa -erótica, se podría decir- en
toda magnitud, la que se aburre de las convenciones, aunque hay una parte de
ella que anhela ser una buena madre y una buena esposa y ser autosuficiente a ese
respecto, pero algo la supera. La podemos asociar con las jovencitas loquillas
sueltas, las que no pueden contraer compromisos con facilidad, no lo quieren en
realidad, o están detenidas en el tiempo, lo cual suena a un punto
políticamente incorrecto de decir/ver, donde se estila mucho más cinismo y no
se pretende juzgar a nadie negativamente, aun mirando dentro de la actual época
de liberalidad que parece enaltecerte. Harwicz lo lleva al límite de lo
aguantable, llegando literalmente a la locura, a la explosión emocional, a la
crisis de quien uno es. Puede que ni siquiera sepa que le gustaría poseer. Le
falta comprensión de sí misma. Se percibe aun como una anomalía. A esa vera a
Nick Nolte se le llega a confundir, haciendo inicialmente de anciano con deterioro
cognitivo producto de la edad. Se puede ver como feminista que la mujer no
quiere depender de ningún hombre en ningún sentido o se defina en su libertad
sexual. Percibe a los hombres por juguetes en sus manos, como con la fantasía
del motociclista (LaKeith Stanfield) que la persigue a Grace como en una
alucinación, y que después se descubre un simple mortal como todos. No obstante
lo que atraviesa Grace se ve como un problema, hasta mental. Se podría decir
que existe cierta autocrítica, porque la obra se propone no ser placentera, no
ser fácilmente empática. No puede criar a su hijo, tranquila, como muchas
mujeres. No puede sostener un matrimonio con alguien que parece querer, o eso
pensaba y vivir en pareja le ha quitado en buena parte esa ilusión, aun cuando
la suegra le ofrece ayudarle, al sentirla golpeada por la realidad de la
maternidad, mientras vive inicialmente en una casa medio tétrica. La suegra es
interpretada por la gran Sissy Spacek, como una sonámbula con escopeta en mano,
tras la muerte de su marido, cuando deambula por el campo abierto, cuando se
expone, como quien hace mención de una psicología, que está alerta a no dejar
entrar a nadie más en su vida, el opuesto entonces de Grace. No obstante al
final se harta un poco de ella, de su actitud, y viceversa, no desea oír. Grace
realmente no quiere aprender nada. La cuestión parece ser lo ingobernable (para
Grace la relación es una cárcel), como quien deja fuego por donde pisa y no es
algo romántico de decir, aunque tiene de narcisista, el canto de la mujer
realmente salvaje, como con la mímica de hacer de tigres en el pasto donde
Jackson "no sabe" en donde se está metiendo. Está, curiosamente,
demasiado enamorado (no obstante la engaña con aventuras pasajeras). No quiere
ver, ni ella tampoco. En lugar de exponer la trama poéticamente, bellamente,
como si fuera un comercial de publicidad donde todos se identifican
rápidamente, se observa el asunto de manera insoportable, de forma bruta, lo
que significa en realidad el comportamiento y las reacciones de Grace (daño).
Existen soluciones para salvar la unión, pero Grace no está hecha para ninguna
de ellas y ahí el relato es realmente duro. La escena cuando se lanza contra el
vidrio puede ser un poco irónica pero deja todo en claro. Lo mismo la escena
donde se queda en ropa interior y se arroja a la piscina en la reunión formal
donde ya la gente es grande. Que en ese momento Jackson se hiperventile pone en
pantalla humor negro. El comentario de que el bebé no respira tampoco es
gratuito y dice mucho más de lo que aparenta, como el propio título.
