Éste filme es de los más populares y celebrados oficialmente del séptimo arte. Muchos lo consideran, antes más quizá, el filme número 1 de todo el cine. Hitchcock fue un director de muchas obras maestras, pero éste filme suelen destacarlo en particular, adaptación de una novela negra del francés Pierre Boileau. Es una propuesta que puede leerse como relato de terror, pero a media hora de terminar se define como cine negro por la puerta grande o con alevosía, una historia de crimen. Es un thriller psicológico, juega con la locura al tiempo que es una historia de fantasmas, de posesiones e inducción al suicidio. Finalmente todo queda como un plan perfecto, el asesinato perfecto. Es una historia de amor también, muchos la ven como de necrofilia o atraviesa esto sutilmente como perversa fantasía sexual. El protagonista, John Ferguson (el legendario James Stewart), se enamora con pasión, con furia, convencido de haber hallado a su otra mitad. A él no le importa meterse con una mujer casada, ni pareja de alguien de confianza, la necrofilia tampoco parece asustarle, lo suyo es obsesivo. Es un filme que puede leerse un poquitín machista, haciendo de una mujer semejante a otra (copiándola), ideal en la mente de John, pero también es su subconsciente que está buscando respuestas y curas, como a su fobia con la altura que va de la mano con la propia locura tras el sentido de culpa y debilidad de no poder haber salvado al objeto de amor absoluto, se trata entonces de una reconstrucción del alma. Es así que todo conduce a recrear el momento clave de la historia. Puede leerse que esto implica cierta perversidad, pero también es una investigación trunca que un detective por naturaleza -frustrado en ese ámbito también- está administrando cerrar. Todo pasa porque John, alias Scottie, halle la luz, su tranquilidad profesional y su sanación emocional. Aunque se plantea un accidente, y también un final rápido y de efecto a lo Hitch, se entiende tener cerca recurrentemente a una mala mujer, un asunto que va en varias sub-tramas, si bien alguna por meterse con criminales habiendo elipsis al respecto. Así mismo la mujer española parece haber sido infiel, denota otro juego de espejos. Tenemos entre manos una trama que hace uso del doble, del que no puede despegarse de la imagen preconcebida, quiere decir que hay un destino que no suelta a ésta mujer que interpreta Kim Novak, un objeto de adoración, pero también maldito, aun cuando hay belleza y un aura de sofisticación y actos de bondad y sensibilidad de su parte. No obstante no falta cierta vulgaridad, como deja ver el aspecto en cierta manera de Judy, mientras lo español puede que juegue con el cliché de lujuria. Así mismo Scottie es un tipo destinado a sufrir. El crimen parece pagar. Paradójicamente amar se siente como un error que deviene en fatalidad. Es el mal el que hace de las suyas, como buen cuento de terror, aunque no pueden o no suelen faltar las soluciones. La mujer perfecta en el relato es la amiga, Marjorie, pero es Madeleine y la española las escogidas y con ellas la tragedia. Es la eterna elección de las pasiones, por lo que uno cree aburrido o más convencional, también parte clásica del noir y de la novela en general, la atracción por el pecado. Pertenece a la obra romántica, de aire gótico, aunque se ubica en lo urbano, frente al imponente puente Golden Gate. Como crimen perfecto se oye algo fantástico, pero finalmente suena aceptable. Dicho desde una lectura sencilla, hacer películas se puede decir, tomando específicamente de parámetro ésta película, es meterle literalmente rollo, un poquito de poesía -mucha amabilidad- y otro de mítica -trabajar detalles como la forma de llevar el cabello-. Es así que Hitch propone el éxito con un estilo comercial-exagerado (a su manera), con ideas ligeras, cine de masas pues, aunque los académicos fieles al pensamiento de Truffaut lo tomaron más que en serio. Truffaut fue defensor del cine comercial por encima del cine intelectual, de donde se puede entender tanto respaldo por Vértigo (1958), a diferencia de Godard, que después de tocar el éxito éste dominaría su quehacer cinematográfico, sería el sentido de su cine. Godard, incluso, priorizaría la política por encima del cine (como arte) donde rompería con Truffaut y dejaría de hacer obras maestras como Alphaville (1965), donde justamente hace arte con mayúsculas, que contiene política, un logro mayor a todo lo demás suyo. Truffaut, en su visión, llamó a un cine, de qualité (o esnob), que no era tampoco radicalmente distinto al que apoyó, pero suena lógico lo que hizo, porque sus obras en general denotan cierta imperfección, si bien no llegan a casos graves. Lo denominó de qualité por hallarlo más cuadriculado, menos vitalista, quizá más formal, más cuidado, con más recursos. Dicho como un hecho, no le fue difícil imponerse. La reconstrucción física de la obsesión es rauda pero es parte del estilo del director de como cerraba muchas veces sus películas. Vértigo tiene una explicación llamémosle decente, aunque coquetea con lo ridículo, una explicación de esas impresionantes o espectaculares, cosa que ciertamente Hitchcock defendía de su cine, de manera abierta, de donde tuvo detractores inicialmente. Las caídas lucen realmente brutales, son terror del bueno, y curiosamente desde lo clásico, lo cuidado, lo delicado. Ésta propuesta es una buena historia de terror que se convierte en cine negro, psicología que gira hacia la practicidad, entretenimiento de nivel, popularidad a la vena, como era lo que hacia uno de los grandes directores del séptimo arte.