sábado, 16 de julio de 2022

Arrebato

 


Arrebato (1979), del español Iván Zulueta, prefigura en cierta manera a la perturbadora Videodrome (1983), pero es como si lo hiciera desde el cine de Alejandro Jodorowsky, es decir, con mucha ridiculez, absurdo WTF sin ninguna posibilidad de argumentación decente, harta ñoñez, mucho vacío, insipidez e ineptitud. Lo de la insipidez puede ser porque en parte es cine underground y en realidad aunque se reviste de terror y misterio es sobre un homosexual y su movida en el mundo de la drogadicción, éste homosexual se llama Pedro (Will More), y es muy inseguro que debe tomar drogas para sentirse un tipo aventurero, pero también tiene una gran pasión por el cine aunque como alterego de Zulueta no tiene mucho talento y llora literalmente ante sus carencias artísticas, hasta que conoce a José (Eusebio Poncela) y éste lo inspira aparte de que tiene una relación homosexual con él. José tiene también una pareja femenina, interpretada por Cecilia Roth que hace de chica irreverente, liberal y superficial, objeto para encamarse sin más y ser rebelde, típico de sus actuaciones y de cierta esencia española, ser muy sexuales y libres teniendo siempre presente a la comunidad LGBT. El filme como terror tiene que la cámara dicen que es como si tuviera vida o una maldición, o que por ella llegan sin que los vean unos vampiros, representación velada de la drogadicción. El filme se mueve en lo undergound, intenta ser notoriamente cool con un aire bien español, liberal, desenfadado, pero no encandila, Roth llega a bailar como homenaje a las películas mudas o al baile clásico galo y lo hace bastante mal, repleta de ridiculez, aunque intenta ser simpática, graciosa y atractiva sexualmente. Poncela tiene algo de gracia como éste tipo mediocre haciendo películas de género y su vida de perdedor con personalidad, pero el filme no le da más vuelo que la apariencia de loser cool. Will More actúa bastante mal, pero como fetiche de Zulueta le da personalidad e identidad al producto. Aparece la hija del actor Fernando Fernán Gómez, Helena, que hace de mujer de la juerga, simplemente acompañante de vacilón y corrupción, tiene la curiosidad que la voz que tiene suena como la de un travesti y ésta voz le pertenece en realidad al director Pedro Almodóvar. La prima Marta (Marta Fernández Muro) luce terrible riéndose todo el tiempo, como si no pudiera contenerse o estuviera con efectos de la droga o fuera un poco lenta si bien pretende lo contrario, literalmente parece querer comerse la cámara. Lo de que la cámara de cine grabada en super8 pueda ocultar algo siniestro y esté consumiendo a Pedro luce un poco interesante, aun supurando Jodorowsky por las venas y no tanto lo que será la maravillosa e inquietante Videodrome. Hay un manejo de ello ciertamente un poco curioso, dándole vida a algo que parece tontería, como con el extraño color rojo de los fotogramas, o usando imágenes de viajes, ciudades y diario vivir que también es la búsqueda de aventura y mundo de Pedro quien tiene tendencia suicida. Es así que se  mezcla pasión por el cine, drogadicción y autodestrucción, pero desde lo que está medio suavizado, lo que está hecho para pasar por mucho más ligero de asimilar de lo que en realidad es. La cámara como las drogas le roban la vida, el alma, a Pedro, ocultando como el cine underground un cierto mundo perverso o de romper límites, que puede recordar un poco a lo que veremos en Cruising (1980). Es un llamado al submundo de la perdición, aunque bajo la ilustración Jodorowskiana.