jueves, 11 de febrero de 2021

Maus


Maus está escrita por el americano Art Spiegelman, en 1991, es una novela gráfica, quizá la más destacada que se ha hecho en ésta expresión artística, ganó el premio Pulitzer. Spiegelman hace una novela gráfica contando sobre su familia; en ella su padre, Vladek, cuenta como fue prisionero del Holocausto, como judío polaco. En la novela los judíos son ratones y los nazis gatos -en la realidad los gatos son animales hermosos llenos de bondad y sentimiento, más allá de ésta falta de empatía, en el libro se entiende la elección con la crítica a Disney en la segunda parte-. Hay otros animales, menos vistosos en su elección. En sí las ilustraciones son sencillas, pero con identidad. No obstante lo más atractivo y trascendente es la historia que se cuenta. La historia, los horrores del holocausto, presenta casi todo lo que se conoce, es una historia muy didáctica sobre ésta barbarie y crueldad. Art es autobiográfico también, dentro de su novela él quiere hacer un cómic sobre el pasado de su padre y lo va entrevistando. La novela es muy franca, incluso Art se atreve a verse un poco mal como narrador, ya que Art critica a su padre con dureza; su padre presenta dos caras, la del superviviente inteligente y aguerrido, muy humano, y en la actualidad que cuenta su historia es un hombre tacaño, medio insoportable y hasta algo racista. Es una novela gráfica sencilla y va creciendo, va de menos a más, se le siente muy natural, no se percibe presión para narrar. Los horrores tienen de todo, desde lo más escalofriante, hasta lo más simple. Art como autor dentro de la novela revela inquietudes intelectuales, entiende que está haciendo algo atípico, lo dice sin ínfulas, como acercar distintos públicos, que hacen muy lógico que ganase el Pulitzer. Es una novela muy íntima, valiente a un punto. Es muy adictiva, se lee con facilidad, deja mucha sustancia. Spiegelman deja todo en la cancha. Es una novela muy poderosa en el retrato de un padre por un hijo, en esa imperfección que caracteriza a todos los seres humanos. Vladek puede ser insoportable, pero aun así no se le percibe como una mala persona. A Vladek, tremendo personaje, se le siente de carne y hueso. El libro es en realidad un retrato del padre. Éste padre en el pasado es como un superhéroe, mientras en el presente es más un retrato del hijo. A Vladek le es más fácil ser un superhéroe de joven, que padre de viejo. Lo extraordinario le es más fácil, o quizá ser padre puede resultar una de las formas más complejas del ser. Vladek sobrevive contra lo que parece imposible, tiene una fuerza inquebrantable. La madre no resiste el pasado. Quizá Vladek es así en el presente, tan auténtico en su imperfección, por su condición de sobreviviente del holocausto. Es una lectura apasionante. El presente, Vladek como padre, es tan interesante -para mí, al menos-, como el Holocausto mismo; éstas dos caras juntas hacen que el libro sea bastante complejo, es un retrato lleno de matices y aristas, de gran riqueza -aun bajo la "contradicción"-, todo narrado con sublime sencillez. La novela se siente muy humana, trasmite mucha sensibilidad, pero una que no busca lo fácil; está por encima de la narrativa de lo horrible y la empatía inmediata. Maus es un corazón abierto y no hay sentimentalismos. Art luce un poco frío, para bien y para mal. Vladek  por más imperfecto que sea en éste retrato tiene la salvedad de Dios, su viacrucis lo redime del presente, no fue nunca un criminal, amo siempre a su hijo, queda claro.