sábado, 9 de mayo de 2015

Miss Lonelyhearts

Escrita por Nathanael West que se le asocia con la Generación Perdida, y en especial con la literatura de Francis Scott Fitzgerald, que además fue su amigo, al punto que yendo a su entierro, en el apuro y con lo mal conductor que era, sufrió un accidente automovilístico y murió junto con su esposa, cuando contaba con tan solo 37 años de edad.

Sus novelas más aclamadas, sobre todo póstumamente, son Miss Lonelyhearts (1933) y The Day of the Locust (El día de la langosta, 1939). La que nos compete en esta oportunidad es una obra bastante dura, como es el estilo de West, tanto como enérgica, intensa y en buena parte rocambolesca. Trata sobre un periodista que responde cartas de gente que se queja de sus conflictos, penas y problemas diarios, que envían a un periódico al sobrenombre de Miss Lonelyhearts,  el único nombre con el que lo conoceremos, por lo que odia su trabajo, y suele estar deprimido o apunto de renunciar, más cuando su jefe Willie Shrike que es su amigo suele burlarse de él y de su disgusto.

En medio del fastidio y lo deprimente que le es leer sobre la vida miserable de la gente, como si pudiera sanarlos con algunas palabras de aliento o misticismo verbal (cuando es contaminado), busca formas de escape, sentido y relajación, pero por más que lo intenta no puede conectarse con Dios, para sí y sus lectores como salida, por lo que lo más fácil y efectivo le resulta irse de juerga y ser mujeriego, incluso acostándose con una mujer que está casada con un viejo tullido y enamorado que ella repele, la que le ha comentado sus desgracias por una carta, y no es tan agraciada; o con la esposa de Shrike a la que manosea pero no logra llevar a la cama. Todo lo que resulta un viaje o búsqueda por la paz mental (ayudado ocasionalmente por su prometida), en medio de su comportamiento impredecible. Para lo que Nathanael West no se cohíbe de nada, y suele ser frenético, tanto como descarado, y potente en su escritura, que no guarda ningún miramiento a la hora de contar algo violento o esperpéntico, habiendo en su literatura siempre de aquello. Ya decía el escritor John Dos Passos que West escribía novelas como puños. Y es que hay que recalcar que puede ser algo chocante, en su realismo, como narrador.

Miss Lonelyhearts es un libro breve, escueto, pero no esquemático, con cerca de una centena de páginas, sin embargo está cargado de expresividad, en una muy buena redacción, que parece haber sido escrita como si uno hablara, en el buen sentido, el de una estética competente, en forma natural, cautivante y elocuente aunque impactando. Y aun siendo tan fluido y no demasiado grueso, alberga su cuota de densidad narrativa y profundidad, tanto como de emotividad, ya que uno puede sentir el trabajo del protagonista, uno que lo absorbe y lo define en la época de la depresión americana de los 30s, en el brillo del agobio, habiendo una lucha por salir indemne, hacia adelante, no verse afectado, en lo que todo se centra en explotar este lugar, con un sentido del humor ácido, con intelecto, un aire culto pero tranquilo, sin ningún tipo de esnobismo (West entre amigos se jactaba de sus lecturas, leyendo desde muy chico las extensas bibliografías de grandes autores), y una voluntad clara de llegar al lector con furia, donde siempre habrá una sorpresa a la vuelta de la esquina.

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