lunes, 21 de octubre de 2013

Vicio propio

El escritor americano Thomas Pynchon para muchos es uno de los mejores escritores del mundo, incluso dicen que es el mejor, comparado con el inexpugnable James Joyce ante una escritura compleja, que es difícil de seguir, y aunque no tiene muchos premios en su haber muchos claman con que debería merecer el Premio Nobel si este hiciera justicia en toda medida. Sumando que se dice tiene fobia social, y suele esconderse del escrutinio público, al estilo del mítico J. D. Salinger, y es que tiene su propia burbuja de misterio y leyenda, tanto que no hay casi fotos de él ni archivos biográficos y como parte de la cultura universal hasta se le ha parodiado en los Simpsons saliendo con una bolsa de papel de compras en la cabeza.

El misterioso Pynchon que tiene ya 76 años y solo 8 novelas y 1 libro de cuentos en su bibliografía nos entrega con esta obra, la séptima (la última se llama The Bleeding Edge y aun espera traducción y venta al español), una novela que muchos están de acuerdo en decir que es la más accesible de él, lineal y sin tantos personajes ni digresiones pero honestamente la que encuentro en parte laberíntica aunque en efecto se deja leer y entender, porque estamos ante una novela negra con tintes de humor y hasta de parodia, que no quiere tomarse tan demasiado en serio pero que cumple a cabalidad con ser lo que quiere ser aunque a su modo, una especie de homenaje a las grandes del género, ya que Pynchon es un fanático de éste.

Si uno hace uso de una libreta de apuntes será mejor para llevar acabo su lectura y poder entender el mosaico entero de ese rompecabezas rocambolesco que es Inherent Vice, en el título original, porque parece haber muchas búsquedas y problemáticas de lo que no me queda tan claro si están perfectamente unidas o tienen algo de vida independiente como me parece que arguye el estilo del autor que suele dispersarse y echar a volar la imaginación en cavilaciones o en informarnos algo superfluo pero cautivante cuando lo desea sin ningún problema. Como el barco el colmillo dorado y sus negocios sucios que es algo que investiga el particular abogado de asuntos marinos de nuestro antihéroe, Sauncho Smilax, policías corruptos tras un asesinato para ocultar sus desequilibrios ilegales que abarcan como tentáculos casi toda vida humana (noción de la ideología de Pynchon de que el poder corrompe y se mueve en toda capa de la sociedad con una vigilancia constante), la desaparición del multimillonario Mickey Wolfmann que abre la novela y es el sentido principal de ella, que se da alrededor de él, la muerte de un guardaespaldas de tendencia nazi (otro rasgo, “contradecirse” como lo de un personaje central que es judío con tendencias a la esvástica alemana en medio de una especie de guerrilla de motoristas o divagar entre la lascivia más obscena o el arrepentimiento reivindicador de resarcir todo mal dinero habido; se crea algo de ambigüedad si bien se suelen resolver los conflictos en la medida de contener un tipo de conclusión aunque no sea siempre completa) o las correrías del policía del LAPD, Bigfoot Bjornsen que aparece mucho, y es una de las grandes creaciones de la obra con su bascula entre la trampa y la camaradería si bien es un tipo duro con algo de consciencia.

El investigador privado de la historia es uno muy curioso, se llama Larry "Doc" Sportello y es un típico perdedor, un empedernido aficionado a las drogas y en especial a la marihuana, que fuma todo el tiempo y que Pynchon hace pasar por diferentes productos nombrándolos con pelos y señales, una característica suya, la precisión de cierta información. Quien es hippy, lleva el cabello afro siendo blanco, y se mueve mucho en base al sexo (de lo que tiene suerte a menudo aun bajo las traiciones e infidelidades que se le presentan con sus “parejas”, entre comillas porque hay mucha aventura y coito libre sin prejuicios, no existen), al surf, a los tronchos o canutos de María y se encarga de investigaciones algo paupérrimas que no le ayudan a sostenerse demasiado económicamente pero que lo tienen en lo que le nace o le es más apropiado –ya que ostenta de policía frustrado por el tipo de vida que sostiene aunque a gusto- y es notoriamente feliz así, y es que es un tipo rudo a fin de cuentas si bien no es tan proclive a la violencia y hace gala de varios ratos de temor (y en el que no brilla en ningún rincón la melancolía ni en la obra ya que el tono general es pícaro, audaz y aventurero), como maridos celosos y viejos tras novias jóvenes activas sexualmente que están viviendo la vida loca o cosas por el estilo, pero que cuando su exnovia  Shasta Fay Hepworth, una loba prácticamente, de escultural figura, capaz de cumplir cualquier deseo sexual si es necesario para llevar una relación intensa, más que femme fatale que tiene de ello, le induce a generar todo el “desconcierto” que se nos viene en sus persecuciones casi Ad honorem, por su naturaleza curiosa y gustar de moverse en el bajo mundo de drogadictos, maleantes extravagantes y toda clase de freakys, porque el retrato no escatima en figuras rimbombantes como los mismos nombres implican y que hacen la delicia de meternos en una atmosfera de espectáculo y locura, en algo cool para el lector, en una novela atrapante, que se rige a una época pero que resulta muy asumible contemporáneamente, y que le vendrá muy bien en pantalla grande en la próxima adaptación de Paul Thomas Anderson .

Pynchon recurre mucho al rock and roll hablándonos de grupos undergrounds que sabe Dios si existieron realmente y que incluso coloca letras de canciones de ellos, al cine del que hace muchas menciones de películas de todo tipo, hasta de cine B tanto como clásicos, en donde no faltan las cintas de Godzilla o de zombies, incluso Sportello parece tener una fijación con el actor John Garfield, aparte de las drogas y el movimiento de fines de los 60s y comienzos de los 70s como contexto de la trama en donde Richard Nixon gobierna y eso amplifica la paranoia (que lleva de la persecución anticomunista en el séptimo arte y se tensiona en el caso de trasfondo de los homicidios de Charlie Manson y sus atractivas groupies), otro motor de Pynchon aparte de la entropía, en que el gobierno nos vigila, y para ello introduce un primitivo esbozo de lo que más tarde sería internet. Por debajo va dicha capa de ideas conspiradoras sin poder resolverse como una niebla que algo oculta nos dice el autor, y que es parte de la personalidad de Doc quien cree además bastante en el Karma.

El escenario de la historia es Los Ángeles, y si lo vemos más de cerca, Gordita Beach, lugar lleno de adictos a la droga que se la pasan bien experimentado sin preocupación (hay un tono que no juzga sino se entretiene de la época, parece gozar y saber de esa idiosincrasia), surfers, corrupción por doquier que incluye el FBI que tampoco se salva, magnates criminales (se dice que son parte de una naturaleza humana, del poder ineludible de unos pocos abusadores y que no temen la revolución de las masas oprimidas), abundantes mujeres bellas muy sexuales en ropas sensuales que incluye el lugar menos esperado, es decir en todas partes, negocios sucios o de bohemia y algunos raros como el de un casino con apuestas sobre desapariciones coyunturales, mientras paseamos por restaurantes baratos ya que Sportello es de condición humilde y se divierte como un ciudadano ordinario, oímos músicos excéntricos, pobres y aficionados a la droga en pequeños antros de juerga (quienes también entran en la trama y en las búsquedas) y nos dejamos atrapar por la vorágine del submundo californiano, con un aire nostálgico y conocedor en la pluma de Pynchon, donde no abundan los disparos pero se esconden miles de intrigas y casos que hilan una urdiembre intrincada, feroz y apasionante, aparte de lógicamente sumamente entretenida.

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