miércoles, 3 de abril de 2013

Sueños de un seductor

El Teatro Larco presenta esta obra teatral de Woody Allen, en la dirección de David Carrillo. Cuenta con 6 actores, dos del taller que dirige Carrillo, Plan 9. Una, Emily Yacarini, en su debut sobre las tablas como la esposa del protagonista, de Allan, y la otra Vania Accinelli, en su segunda incursión teatral como las muchas mujeres que se quieren conquistar. Sumando en el elenco, Manuel Gold, Alina Ferrand, Joaquín de Orbegozo y Pietro Sibille.

Como comedia de Woody Allen no se explaya con facilismos efectistas pero no rehúye la broma clara y directa pero en general inteligente, que gira en derredor al que puede ser un alterego del mismo autor, un tipo neurótico que tiene dificultad para relacionarse con el sexo femenino y que tiene de perdedor redimido. De superhéroe del tipo nerd que se burla de su esencia culta y que solo quiere adaptarse al mundo. Allan Felix (Manuel Gold) es nuestro tipo, que al ser abandonado por su esposa, se ampara en dos de sus amigos, un matrimonio, Dick (Joaquín de Orbegoso) y Linda (Alina Ferrand), para tratar de rehacer su vida sentimental, sin embargo en el trayecto Allan descubre muchos parentescos con Linda, la cree su alma gemela, con la que se entiende, se relaja y es tal cual pudiendo mostrar sus cualidades, y aunque con reticencias propio de su temor al rechazo y viendo la situación especial, más por casada que por el vínculo de amistad con su marido, decide revelarle su atracción hacia ella, con la particularidad de que quien le da consejos de hombría, seducción y lo anima es el famoso actor Humphrey Bogart (Pietro Sibille).

Estamos ante una obra que tiene buena comedia pero de forma tranquila, puede parecer incluso que carece de chispa que no es así, salvo de esa común que todo lo ve intensidad y hasta vulgaridad, pero que tiene buen ritmo, fuerza aun sin explayarse con vehemencia. Aunque Manuel Gold en especial le pone mucha consistencia y para ello requiere explotarse a sí mismo, casi agotarse, y poner entusiasmo si bien los personajes de Allen padecen de una falsa apariencia de desánimo ya que en su interior ocultan mucha energía y a la postre hacen mil piruetas y actividades de las que se creían dispuestos.

El gancho es Bogart y es más eso. Imitarle aunque le funciona a Sibille con esa voz engolada de autosuficiencia con la palabra hembra como en un noir a tiro de gatillo (constante) y su facilidad a abofetear a las damas embrutecidas por la pasión amorosa que él destila, no es lo espectacular que podría uno pensar.Es un añadido intrínsecamente resaltante pero visualmente siempre tiende a fallar, entre comillas, siendo más simple de lo que uno se cree, pero es algo natural, ya que en el filme de Herbert Ross sobre la adaptación de esta obra también pasaba lo mismo, dándole a la oscuridad de las facciones el realismo y símbolo que evocaba el icónico actor de Casablanca.  Llegando un momento en que pasa a ser algo muy secundario y es lo que se intuye se quiere ya que fluye la historia sin él en muchos casos, mostrando más la personalidad del principal que es la verdadera sustancia o aporte del conjunto. Se trata de un Allen usando a Bogart para brillar, para que se pongan en acción sus cualidades intelectuales, a través de la broma ligera del cuerpo desgarbado, con lentes y contrario a lo atlético, algo tangible, que pasa y se ve literalmente, pero que también es una idea que subyace por debajo. Donde en su historia predomina el sueño romántico de vivir la experiencia de Casablanca, de convertirse en ese seductor que nace de un tipo realmente poco agraciado físicamente como era Bogart, el que relucía en la personalidad y seguridad de sus heroicos y audaces papeles. Es imitar el ente de reflejo y matar al padre en una nueva creación, el anhelo global del arte que cambia de representantes o que los diversifica. Y en ello hay redondez, perfección en colocar lo indispensable recurriendo a la repetición o derivación de la esencia del personaje, en moverse en sus cuadrantes con firmeza. Una nota en que Allen demuestra estar muy consciente de sí mismo y que exhibe un ingenio gigante cuando se bromea con los lugares comunes de un neurótico dando el conocimiento de un mundo nuevo para el espectador pero que se prevé se mueve en aguas conocidas en el relajarse con su propia idiosincrasia. Pero se hace de una manera sutil y sin carga de ningún tipo, como quien no se lo cree y es seguramente una desnudez discreta. Y de lo observado que muchos quieran ser de esa forma, sentirte una especie de extraño héroe dentro de la sociedad contemporánea, un antihéroe urbano sin más drama que tus propios dilemas e interrelación humana, y eso que si vemos con atención Allen muestra dificultades que son como para desanimarse (cuando en una cita destruye todo alrededor), sin embargo todo ese llegar a un fondo es como un trampolín hacia el cielo, porque tras la caída, lo que viene siempre es ganar y a qué medida.

El escenario es el de un apartamento, el de Allan. Después los sueños o hipótesis del protagonista aportan solvencia. En especial algunos efectos muy ingeniosos, como el de Nancy la esposa con un “nazi”. También un aporte es que hay mucha belleza en poco espacio, seductoras figuras femeninas en estado natural y otras más cómicas, en donde se lucen bonitas piernas. Alina Ferrand en especial aun interpretando un solo papel – que claro también lo hace bien Vania Accinelli en una soltura multifacética elogiable- que tiene pocas obras en su haber pero demuestra entrega, simpatía, atractivo y una decente actuación.  Como Orbegoso que no solo tiene buen aspecto físico sino que tiene su toque de talento y hasta resulta gracioso, notorio en un momento cuando hace un berrinche.  Mientras lo del dedo en señal de positivo se hizo constante como marca de identidad o tic de comedia fácil pero no funcionó en absoluto, una reiteración bastante boba. Sibille tenía un papel complicado, asumir a Bogart, pero se manejó bastante bien en lo posible siendo a vista de todos y sin caer en la caricatura. Gold sobrellevó toda la obra, no será una luminaria como actor pero su naturalidad para la comedia es indiscutible, no teme ser tonto y lo hace bien. Para la presente tiene un cierto nivel. Ostenta además imán para hacerse estimar, sobre todo cuando no quiere pretender ser atrevido o lo es de forma inocente. Le sirve cuando roza pero no traspasa el límite, cuando se contiene y en esta obra sencilla, calmada acierta bastante; va con el fondo y no le queda grande la obra, la sostiene aun siendo Allen un tipo relajado que en su estilo no es pretencioso.  Yacarini cumple, lo ha hecho muy bien pero sus intervenciones son menores, todavía pasan un poco desapercibidas en general aunque el papel tampoco es que sea jugoso en realidad sino algo funcional en lo visual, más pegado a lo abstracto o a lo que significa donde es el objeto mental a superar y rebatir, el que incita a pensar en la derrota y en la proclividad a ella.

Ha sido una obra entretenida, de eterna juventud, que dura hora y media sin interrupciones en un tiempo que uno lo pasa felizmente, muy bien, y que resulta altamente refrescante, lo cual de vez en cuando se agradece bastante.

5 comentarios:

  1. Como una película, Sueños de un Seductor es buena, y me gustaría verla en el teatro. Woody Allen es un gran director, y poner el cine clasico en sus películas lo hace aún mejor.
    Abrazos.

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  2. En España estuvo girando hace dos años y tuvimos la oportunidad de verla, y la verdad es que echamos un rato muy divertido. El protagonista lo interpretó estupendamente Luis Merlo, y casi lograba hacer olvidar a Allen.
    Saludos

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  3. La película la conozco bien. Allen, Keaton, esas apariciones de Bogart, esa medalla de campeón olímpico comprada en Chinatown jajajaj. Una película de la primera época además de las que más me gustaron. la obra de teatro no la he visto. un abrazo Mario :)

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  4. vi el titulo y si, era la de Woody Allen... que bueno que se hagan puestas teatrales de su obra, soy fan de él...

    y además decís que es buena, mejor todavía... salu2

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