domingo, 14 de abril de 2013

Like someone in love


Abbas Kiarostami es muy respetado en el mundo con su cine de rasgos mínimos que suele despertar análisis apasionados, argumentados con solvencia y bajo cierta creatividad (que por supuesto no es solo para con él sino uno puede verlo con respecto a distintos directores y películas, que es aceptable desde la libertad  y subjetividad del mundo), siendo un autor al que no pongo en duda su genio ya que viendo su anterior película, Copia Certificada (2010), uno se da cuenta de que en realidad puede ser también vistosamente complejo cuando así lo quiere, sin embargo sí que la mente de ciertos especialistas argumentan de una forma “distinta” de lo que en realidad presenciamos y se debe a dos factores, uno que el espectador promedio no suele ser tan audaz, no digamos desmerecedores que no tan inteligente ya que el cine de autor por más arduo, abstracto o minimalista que anhele ser aunque necesariamente coherente en sus reglas no está hecho tampoco para Sócrates ni Platón sino para un cerebro educado pero normal,  y dos que no todos sentimos el mismo entusiasmo por la misma película, lo que decide si habrá o no esa empatía que nos permite ver lo que otros no pueden o en su lugar bajo el mismo enamoramiento  asumirlo mediante la apreciación ajena.

Se dice que te hace trabajar el intelecto con el implícito de que tú debes desarrollar las ideas a través de su mirada cotidiana y sencilla. Porque lo que va en pantalla, las imágenes que observan nuestros ojos siempre son algo básico, que aunque vivencial y existencial ya que atañen a la esencia, lugar y  dificultades del ser humano  se resumen en pocas líneas.  Y la presente sigue ese orden, se trata de un hombre viejo instruido, un nipón clásico, que mediante el favor de un amigo, un ex alumno de una cátedra de muchos años atrás, le proporciona una cita con una joven y bella prostituta, que en medio de dos días de reunión, conversación y diligencias amables del solitario anciano se topa con su novio, y de ahí surge el conflicto, ante la elíptica revelación.  

En el Festival de Cannes 2012 no fue recibida con aplausos la presente obra, por el contrario no obtuvo respaldo, y es que la intención de Kiarostami dista de la vieja usanza sin ser distinto tampoco en su estilo y expresión embellecida siempre por una  estética preciosista en un discurrir calmado, sino la de colocar su ironía sobre lo que anuncia el título, el amor, y en esa geografía mental vemos a un viejo creyéndose sabio, vivo y comprensivo (en la madurez de la experiencia como recalca ante la posible petición de matrimonio del mecánico, en una performance corporal pacífica y encantadora de un acertado Tadashi Okuno, completo en ello y que solo rompen algunos diálogos vanidosos/falsos o reacciones adversas con la buena vecina) tratando fina y delicadamente a una prostituta como si se tratara de su verdadera nieta o un amor platónico e ideal con la que solo quiere compartir un poco de vino, una sopita de su ciudad natal, algún diálogo intrascendente, unas sonrisas educadas, sanos e inocuos consejos que no hieran ninguna susceptibilidad, un poco de compañía que rebata su soledad y su necesidad de interrelación femenina ante su vejez  (en la devoción de la belleza), mientras paga su tiempo (sexual en el papel que se quiere afectivo) con dinero, lugar que nunca se menciona ni se ve pero que es obvio (al servicio del propósito), revestirse de un aura de inocencia y de hipocresía, de dulzura, de cierta timidez y recato salvo cuando la historia nos permite ver quien es ella realmente aunque de forma  sutil (cuando le pide al traductor, escritor, catedrático y sociólogo que la caliente en la cama medio en juego y pidiéndolo como en ruego amistoso o cuando teme que le haya contado de su oficio a su crédula aunque tensa pareja). Y todo el filme es un canto de burla enmascarada hasta el final apoteósico donde el sarcasmo es altisonante e ineludible, revelador, dominante aun viendo que en lo que precede la historia se vive seriamente. Mandando al demonio toda la mentira y no digo ante la desilusión porque el tono predominante debe tenerse por “dolidamente” jocoso como el de la música de fondo (del mismo nombre de la realización en un canción de Ella Fitzgerald) que  choca contra la verdad de los hechos presenciados haciendo de acertado contraste para lo que implica el desenmascaramiento del leit motiv del filme.  Ante una piedra en la ventana (ese es el clímax que algunos no ven o que es atípico a nuestras convenciones visuales, la secreta filosofía que suele eludirnos o no sintonizamos en algunas oportunidades, como ese inmanente destino del poblador iraní que bajo el yugo del absolutismo esta condenado a la derrota, individual, ante el poder y el amor) en ese hombre que yace exaltado y enajenado como en la imitación simbólica de un Jack Torrance (mención especial de un tercer puntal talentoso en el actor Ryo Kase) que grita que le abran la puerta, que nada va  a pasar, que no hay que temer y todo anuncia violencia y dolor, que se esconden en el metraje, en esa sutilidad, en ese recurso mínimo que hace del cine de Kiarostami su identidad y que no puede ser más idóneo para revelar esas convenciones, esos eufemismos y ese romanticismo tan pasado de moda en nuestra contemporaneidad desde la que parece solo una anécdota o un retrato de la vida misma de tanto cariz universal donde como dictamina el título aún obras como Tabú -sin ser todas malas sino como la de Miguel Gomes en buena parte destacada- seducen a la crítica, que en lugar de reír con esta propuesta se desconcierta o se niega a golpear un poco al ideal y a la ensoñación, a aceptar un poco el ridículo en cierta interpretación amorosa, y confieso que yo desde mi humildad –porque ha sido uno de esos días de afinidad- lo he hecho como nunca más que con cualquier comedia superficial, efímera, alevosa  e infame. Sino con un Kiarostami  que puede ser corrosivo sin ser tan flagrante (no hasta el desenlace), en su esencia, en sus límites siendo inteligente y mostrando arte, lo que puede ser un pretexto para explayarse en una crítica contra cierto romanticismo y vacuidad. Toda una película ralentizada enfocada en un encuentro de dos días ambientada en Japón, con partes como el trayecto hacia la estación donde aguarda la abuela, el instante melancólico, momentáneamente auto-reflexivo y auténtico del conjunto que parece engañarnos (una escena larga, hermosa, con la máxima expresión del rostro emotivo de la actriz Rin Takanashi), que nos despista para llevarnos hacia el cadalso del ideario general. Donde caímos rendidos (aplaudiendo). 

7 comentarios:

  1. Me ha parecido maravillosa, en sus encuadres, en su ritmo, en su aparente ligereza, en su calidez, en su ironía. Creo que descoloca a los críticos porque no pueden aludir a Irán, ni a la sociedad de allí, ni a la filosofía, ni al debate sobre el original y la copia como en "Copia certificada". Se ven faltos de una coartada intelectual que siempre han tenido con Kiarostami.

    ResponderEliminar
  2. A mí no tanto, pero me parece buena.
    Tiene esa geometría de encuadres o el ritmo como dice Sergio, pero no me ha emocionado como sí lo hicieron las casi opuestas "Shirin" o "Copie conforme", no me importan gran cosa los personajes (con lo que no he vuelto a ella para que me acompañen y casi he mirado más a los fondos y los tamaños de plano que a ellos, como si no estuvieran) y me fastidia el final cerrado en falso.

    ResponderEliminar
  3. Hola Mario,
    La tengo lista para el visionado, he tenido un pequeño problema con los subtítulos. Leí una crítica muy interesante y ahora tú señalas que " muestra arte". Es justo lo que necesito, acabo de leer una novela que plantea este tema con toda profundidad. un abrazo :)

    ResponderEliminar
  4. Tenía muchas ganas de verla, su película anterior me pareció brillante. Lamentablemente la están dando acá en el BAFICI pero inmediatamente se agotaron las entradas y no conseguí :(

    ResponderEliminar
  5. Lo cierto es que con esta película tengo sentimientos ambivalentes: la relación entre los dos protagonistas transmite inquietud y tiene momentos hermosos pero me pareció excesivamente morosa. No es que yo tenga nada contra las películas de ritmo lento (entre mis preferidas hay más de un "ladrillo") pero es que esta me pareció gratuitamente lenta, como si Kiarostami quisiera poner a prueba la paciencia del espectador.
    Abrazos. Borgo.

    ResponderEliminar
  6. Este hombre tiene muy buenas críticas!!
    Pero todavía no he visto nada suyo... ya va siendo hora.
    Me llevo tu recomendación, que quizá no esté mal para empezar ;)

    Besotes

    ResponderEliminar
  7. Me descubres de nuevo una película. Y tal y como la reseñas,hace que me entren muchas ganas de verla. A ver si la encuentro.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar

Deja tu comentario con educación. No coloques enlaces a otros espacios. Evita dar spoilers si bien todo aporte argumental puede expresarse con sutileza. De lo contrario no se publicará.