Abbas Kiarostami es muy respetado en el mundo con su cine de
rasgos mínimos que suele despertar análisis apasionados, argumentados con
solvencia y bajo cierta creatividad (que por supuesto no es solo para con él
sino uno puede verlo con respecto a distintos directores y películas, que es aceptable
desde la libertad y subjetividad del
mundo), siendo un autor al que no pongo en duda su genio ya que viendo su anterior
película, Copia Certificada (2010), uno se da cuenta de que en realidad puede
ser también vistosamente complejo cuando así lo quiere, sin embargo sí que la
mente de ciertos especialistas argumentan de una forma “distinta” de lo que en
realidad presenciamos y se debe a dos factores, uno que el espectador promedio
no suele ser tan audaz, no digamos desmerecedores que no tan inteligente ya que
el cine de autor por más arduo, abstracto o minimalista que anhele ser aunque necesariamente
coherente en sus reglas no está hecho tampoco para Sócrates ni Platón sino para
un cerebro educado pero normal, y dos
que no todos sentimos el mismo entusiasmo por la misma película, lo que decide
si habrá o no esa empatía que nos permite ver lo que otros no pueden o en su
lugar bajo el mismo enamoramiento asumirlo
mediante la apreciación ajena.
Se dice que te hace trabajar el intelecto con el implícito de
que tú debes desarrollar las ideas a través de su mirada cotidiana y sencilla. Porque
lo que va en pantalla, las imágenes que observan nuestros ojos siempre son algo
básico, que aunque vivencial y existencial ya que atañen a la esencia, lugar y dificultades del ser humano se resumen en pocas líneas. Y la presente sigue ese orden, se trata de un
hombre viejo instruido, un nipón clásico, que mediante el favor de un amigo, un
ex alumno de una cátedra de muchos años atrás, le proporciona una cita con una
joven y bella prostituta, que en medio de dos días de reunión, conversación y
diligencias amables del solitario anciano se topa con su novio, y de ahí surge
el conflicto, ante la elíptica revelación.
En el Festival de Cannes 2012 no fue recibida con aplausos
la presente obra, por el contrario no obtuvo respaldo, y es que la intención de
Kiarostami dista de la vieja usanza sin ser distinto tampoco en su estilo y expresión
embellecida siempre por una estética
preciosista en un discurrir calmado, sino la de colocar su ironía sobre lo que
anuncia el título, el amor, y en esa geografía mental vemos a un viejo creyéndose
sabio, vivo y comprensivo (en la madurez de la experiencia como recalca ante la
posible petición de matrimonio del mecánico, en una performance corporal pacífica
y encantadora de un acertado Tadashi Okuno, completo en ello y que solo rompen
algunos diálogos vanidosos/falsos o reacciones adversas con la buena vecina) tratando
fina y delicadamente a una prostituta como si se tratara de su verdadera nieta o
un amor platónico e ideal con la que solo quiere compartir un poco de vino, una
sopita de su ciudad natal, algún diálogo intrascendente, unas sonrisas educadas,
sanos e inocuos consejos que no hieran ninguna susceptibilidad, un poco de compañía
que rebata su soledad y su necesidad de interrelación femenina ante su vejez (en la devoción de la belleza), mientras paga
su tiempo (sexual en el papel que se quiere afectivo) con dinero, lugar que
nunca se menciona ni se ve pero que es obvio (al servicio del propósito), revestirse
de un aura de inocencia y de hipocresía, de dulzura, de cierta timidez y recato
salvo cuando la historia nos permite ver quien es ella realmente aunque de
forma sutil (cuando le pide al traductor,
escritor, catedrático y sociólogo que la caliente en la cama medio en juego y pidiéndolo
como en ruego amistoso o cuando teme que le haya contado de su oficio a su crédula
aunque tensa pareja). Y todo el filme es un canto de burla enmascarada hasta el
final apoteósico donde el sarcasmo es altisonante e ineludible, revelador,
dominante aun viendo que en lo que precede la historia se vive seriamente. Mandando
al demonio toda la mentira y no digo ante la desilusión porque el tono predominante
debe tenerse por “dolidamente” jocoso como el de la música de fondo (del mismo
nombre de la realización en un canción de Ella Fitzgerald) que choca contra la verdad de los hechos presenciados
haciendo de acertado contraste para lo que implica el desenmascaramiento del
leit motiv del filme. Ante una piedra en
la ventana (ese es el clímax que algunos no ven o que es atípico a nuestras
convenciones visuales, la secreta filosofía que suele eludirnos o no
sintonizamos en algunas oportunidades, como ese inmanente destino del poblador
iraní que bajo el yugo del absolutismo esta condenado a la derrota, individual,
ante el poder y el amor) en ese hombre que yace exaltado y enajenado como en la
imitación simbólica de un Jack Torrance (mención especial de un tercer puntal talentoso
en el actor Ryo Kase) que grita que le abran la puerta, que nada va a pasar, que no hay que temer y todo anuncia
violencia y dolor, que se esconden en el metraje, en esa sutilidad, en ese
recurso mínimo que hace del cine de Kiarostami su identidad y que no puede ser
más idóneo para revelar esas convenciones, esos eufemismos y ese romanticismo
tan pasado de moda en nuestra contemporaneidad desde la que parece solo una anécdota
o un retrato de la vida misma de tanto cariz universal donde como dictamina el
título aún obras como Tabú -sin ser todas malas sino como la de Miguel Gomes en
buena parte destacada- seducen a la crítica, que en lugar de reír con esta
propuesta se desconcierta o se niega a golpear un poco al ideal y a la
ensoñación, a aceptar un poco el ridículo en cierta interpretación amorosa, y
confieso que yo desde mi humildad –porque ha sido uno de esos días de afinidad-
lo he hecho como nunca más que con cualquier comedia superficial, efímera, alevosa e infame. Sino con un Kiarostami que puede ser corrosivo sin ser tan flagrante
(no hasta el desenlace), en su esencia, en sus límites siendo inteligente y
mostrando arte, lo que puede ser un pretexto para explayarse en una crítica
contra cierto romanticismo y vacuidad. Toda una película ralentizada enfocada
en un encuentro de dos días ambientada en Japón, con partes como el trayecto hacia
la estación donde aguarda la abuela, el instante melancólico, momentáneamente auto-reflexivo
y auténtico del conjunto que parece engañarnos (una escena larga, hermosa, con la
máxima expresión del rostro emotivo de la actriz Rin Takanashi), que nos
despista para llevarnos hacia el cadalso del ideario general. Donde caímos
rendidos (aplaudiendo).

Me ha parecido maravillosa, en sus encuadres, en su ritmo, en su aparente ligereza, en su calidez, en su ironía. Creo que descoloca a los críticos porque no pueden aludir a Irán, ni a la sociedad de allí, ni a la filosofía, ni al debate sobre el original y la copia como en "Copia certificada". Se ven faltos de una coartada intelectual que siempre han tenido con Kiarostami.
ResponderEliminarComparto eso, creo que en efecto se alude a ciertas ideas intelectuales cuando el filme no sea exacto en ellas, parecen más libres, pero es un juego crítico saludable a fin de cuentas. Lo malo sería imponerlas. Yo aludo a su gobierno pero es algo general, kiarostami muchas veces ha tenido que defender la libertad de expresión en su país. Un abrazo.
EliminarA mí no tanto, pero me parece buena.
ResponderEliminarTiene esa geometría de encuadres o el ritmo como dice Sergio, pero no me ha emocionado como sí lo hicieron las casi opuestas "Shirin" o "Copie conforme", no me importan gran cosa los personajes (con lo que no he vuelto a ella para que me acompañen y casi he mirado más a los fondos y los tamaños de plano que a ellos, como si no estuvieran) y me fastidia el final cerrado en falso.
Lo que te molesta le ha fastidiado a muchos, no ven consistencia en los personajes o no asumen el final pero son percepciones, yo creo que sirven a un propósito pero claro no a todos nos va a gustar ni lo veremos igual, mucho más si es Kiarostami que aunque inteligente, también muy especial y no existen obligaciones ni nada sino puro gusto y apreciación. Un abrazo.
EliminarNo soy un gran fan de Kiarostami, incluso le considero algo sobrevalorado, pero tengo muchísima curiosidad por ver esta historia con la mezcla japonesa.
ResponderEliminarHe leído muy por encima tu reseña y todavía más ganas.
Espero reconciliarme con él .
Un abrazo.
A mi me gusta pero también creo que el entusiasmo ha dado esa sobrevaloración que explicas. Se tiende a exagerar o se dan sentidos mayores, aunque es inteligente y es un cineasta con personalidad, que aporta al cine. Espero te reconcilies sino no pasa nada, será otro. Un abrazo.
EliminarHola Mario,
ResponderEliminarLa tengo lista para el visionado, he tenido un pequeño problema con los subtítulos. Leí una crítica muy interesante y ahora tú señalas que " muestra arte". Es justo lo que necesito, acabo de leer una novela que plantea este tema con toda profundidad. un abrazo :)
Aún con cierta intención, ineludiblemente posee arte, es muy fina su visualización siendo sencillo en su fondo. A mi me gusta la temática, suele ser un punto muy tocado en diferentes lugares, es universal y casi ubicuo. Espero te guste. Un abrazo.
EliminarNo la he visto pero la apunto porque lo que explicas me llama muchísimo la atención. Por otro lado el cine, como también la novela, japonés me suele gustar.
ResponderEliminarBuenas noches y buen lunes!!
Y esta hecho por un iraní pero ha sabido coger el tono japonés y además la universalidad en el tema. Te deseo a estas alturas un buen viernes. Un abrazo.
EliminarTenía muchas ganas de verla, su película anterior me pareció brillante. Lamentablemente la están dando acá en el BAFICI pero inmediatamente se agotaron las entradas y no conseguí :(
ResponderEliminarQue pena, más adelante será entonces. Y el Bafici es llamativo, por revistas o algo de internet suelo anotar algo de éste. Un saludo.
EliminarAmigo, Mario. Bien, solucionados pequeños problemas de logística y la mafia del Nasdaq. No he visto el último film del mejor director iraní de la historia del reino de Persia.(Dicho por la crítica especializada y que suscribo) Vi su primeros films y he de reconocer su exquisito gusto por el encuadre, sus aproximaciones intimistas, metáforas poéticas y determinados personajes envuelto a modo de acertijos. No es el perfil de cineasta que me produce un gran entusiasmo, si su compromiso con los valores de la libertad de expresión —inexistente— en esa dictadura religiosa y cerril que sufren en su país de origen. He leído atentamente tu reseña y me ha gustado. Ahora mismo, hay nueva savia en Irán con nuevos cineastas que me gustan más que el estilo de este veterano, por el que siento un gran respeto y equidistancia en su propuesta. Me alegro de pasar por tu morada. Un abrazo
ResponderEliminarEs uno de los mejores claro está, muy internacional, tiene esa mirada del ciudadano del mundo, es culto y tiene su sentido del humor. Muy buena tu descripción de sus atributos. Y también creo como tú que hay otros cineasta de Irán interesantes. Te agradezco como siempre la visita. Un abrazo.
EliminarLo cierto es que con esta película tengo sentimientos ambivalentes: la relación entre los dos protagonistas transmite inquietud y tiene momentos hermosos pero me pareció excesivamente morosa. No es que yo tenga nada contra las películas de ritmo lento (entre mis preferidas hay más de un "ladrillo") pero es que esta me pareció gratuitamente lenta, como si Kiarostami quisiera poner a prueba la paciencia del espectador.
ResponderEliminarAbrazos. Borgo.
El cine del iraní suele tener esa calma que mencionas y puesto en el mundo de un clásico anciano japonés creo que se justifica pero entiendo, no es tu película. Pasa que unas las sentimos más que otras, aun acostumbrados a la lentitud, esto de sintonizar es más de lo que uno cree. Un abrazo.
EliminarPues yo tengo muchas ganas de verla. Lo haré la próxima semana en el festival D'A. Incluso la he obviado en el festival de Filmin para poder disfrutarla en pantalla grande. Tus elogiosas palabras aún me hacen entrar más ganas de verla. Yo soy muy fan de Kiarostami, más del minimalista del inicio o de "El sabor de las cerezas" que del complejo intelectualmente de "Copia Certificada", que también me gusta. Ya te contaré pero por lo pronto, me alegra que te haya gustado y que hayas entrado en su universo, pese a tu inicial decepción justo con la que es mi película favorita suya. Además, esta historia en Japoón me interesa tanto...
ResponderEliminarUn abrazo.
No taché tampoco el sabor de las cerezas aunque sí le critiqué pero ha sido hasta después de ver más de él que le he cogido estimación, Copia Certificada me parece compleja y genial pero comparto tu gusto por el lado minimalista también, como el de ¿Dónde está la casa de mi amigo? entre otras. Seguro te gustará aunque me dices que no te emociona su última etapa, y esta va de novedosa pero a ver que te parece. Un abrazo.
EliminarEste hombre tiene muy buenas críticas!!
ResponderEliminarPero todavía no he visto nada suyo... ya va siendo hora.
Me llevo tu recomendación, que quizá no esté mal para empezar ;)
Besotes
Esta no tanto pero suele ser un autor que entusiasma a la crítica. Y yo siempre sufro tratando de recomendar estas películas, no se como introducirlas, siempre salgo por las coreanas que son intensas, pero es bueno vivir en ambos mundos, algo tan discreto como Kiarostami y esos thrillers salvajes coreanos. Sé de tus gustos, te agradezco el comentario y quien sabe eh. Un beso.
EliminarMe descubres de nuevo una película. Y tal y como la reseñas,hace que me entren muchas ganas de verla. A ver si la encuentro.
ResponderEliminarBesotes!!!
Que bueno, Margari, espero la veas. Aunque yo te recomiendo más ¿Dónde está la casa de mi amigo? del mismo autor, es una película muy noble y tierna. Un beso.
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