viernes, 31 de agosto de 2012

Cielo oscuro

A nuestro cine parece que no puede faltarle el criollismo ya que de no ser así no nos reconocemos en éste -se cree y es razonable-, esa se puede anotar como una regla de la cinematografía peruana y ya saben lo que se dice de las reglas en el arte (hay que romperlas), se trata de la contextualización de la picardía de la propia cultura de la calle de la que todos nos vemos influenciados, en general desde cualquier capa social, junto con la aclimatación al entorno de la jerga nacional, el lenguaje coloquial y la cotidianidad con que solemos resolvernos (los lugares comunes del imaginario patrio); además predomina el demostrar que somos despiertos, sencillos, “espontáneos”, dentro de la ciudad más moderna y sobre poblada del país, la que lo absorbe todo alrededor, la capital claro.

Éste filme sigue todas esas coordenadas pero lo hace con solidez abordando una trama bien puntual, los celos infundados de un hombre. Puede ser un relato insípido a ratos, muy poco por resolver, sin embargo enfocado saca provecho de una temática universal, articula vaivenes, inflige conflicto, los casos que prevén la inminente separación o una previsible tragedia -más no sabemos cuál- resultan en papel muy importantes y en el ecran aunque son fáciles de identificar no llegan a ser forzosos, son creíbles y hasta algunos un poco cómicos. Toño (Lucho Cáceres) en medio de una postura sexual que hace ver a la actriz Sofia Humala muy deseable, flaquita casi sin curvas, grita de pronto ¿en quién estás pensando? Y nos saca de cuadro a los espectadores con una carcajada. Y no es todo, justifica, si no vas  a llegar al orgasmo para que ponernos en esa pose, ¿a qué se debe? Y así, es implacable en tener desconfianza de la nada, a razón de una reciente ex pareja de su actual compañera y que está en su grupo teatral, con el atenuante que éste tenía novia cuando estuvo con ella. La idea está clara, el tipo tiene un problema pero la historia no hace hincapié más que en lo superficial, no obstante funciona, es solo la idiosincrasia de una persona torpemente celosa nos dice el filme, no hay pretensiones y aunque la estructura hace posible una realización correcta, bien planificada y simpática, queda en lo que quiere, algo menor y seguro, lo cual para una ópera prima puede ser entendible e igual esperamos que el director Joel Calero siga creciendo.

Junto con esto solo queda mostrarnos a los personajes y su realidad, lo hace siempre con economía, con el justo necesario y tampoco falla, queriendo moverse por un lugar controlado, concentrándose en la interacción de sus actores, desarrollar eso que tan rápido se logra en nuestro cine, vernos ahí en pantalla, y si bien busca lo de siempre, en una película entretenida, asimilable, conforme aunque no demasiado sobresaliente, no obstante denota un dominio que explota el background cinematográfico nacional pero sin excesos, sin volverlo burdo, siendo simple pero no barato, estamos sin discusión ante una construcción artística, sabiendo lo que quiere y se conoce pero aun así en sus propios términos, retocando lo pasado,  bailando una pieza conocida a un tono limpio y prominente en querer producir ante todo varios momentos pequeños –encuentros- que brinden naturalidad al desarrollo, que el tiempo y la evolución de la relación central tenga camino (en corto lapso debe crear la relación y luego agredirla in crescendo), y que las figuras humanas tengan materia (se enfoca en lo primario  y está bien sin aspavientos), los dos principales sí, una con su reencuentro con su padre –inocuo aunque entendible como propulsor del acercamiento hacia Toño- (Roberto Moll, que habla raro y se ve descuidado dando la sensación de que podría haber sido un papel más desarrollado) y su vinculo con su grupo de teatro, el otro con su familia rota y nexos afectivos, la critica ex esposa (Norka Ramírez, convincente pero de poca aparición), su pequeño hijo, su madre, su mejor amigo Arturo (Paul Gastello como el ineludible compañero medio tonto y gracioso) y sus compañeros de trabajo en el Centro Comercial de Gamarra, cuna textil popular contemporánea peruana. Mención de la vedette Mariella Zanetti de prominentes tetas que hace de una trabajadora del puesto del protagónico y que sorprende, pudo dársele mayor espacio, y no solo es una –para muchos- obvia petición de acrecentar la injerencia sexual. 

Otro punto del filme era que tenía un toque erótico, mesurado a fin de cuentas y que se acoplaba al conjunto, el que nunca falta en nuestro cine, y que hizo correr de la sala a algunos ancianos, se fueron cuatro, puede ser eternamente incomodo pero así somos y en realidad la mayoría de cinematografías (Hollywood tampoco nos niega algunas anatomías, quizás con tomas más cuidadosas), el comienzo nomás pareció vulgar con la masajista y su estimulación manual, no sé cuan necesario resultaba aunque no se vio directamente en pantalla.

Lucho Cáceres actuó bastante bien para su primera vez en el cine, estuvo solo demasiado calmado, con ello evitó caer en la sobreactuación ya que tenía escenas violentas, de enojo y discusión con Natalia (Sofía Humala), sin embargo se denotó algo antinatural, sus celos enfermizos no equivalían mucho a su expresividad corporal, que hay gente así se comprende pero de esa forma se evitaba la intensidad y con ello había menos emociones para el público,  un riesgo que se optó por esquivar aunque con lo hecho quedo más que decente, mucho si vemos que el peso estaba sobre él y el filme no es reprobable. Sofia Humala, que viene de las tablas y que también estaba dentro de su primera interpretación en la gran pantalla, era más ávida en la manera de actuar, a ratos se hacía atropellada pero podías verla en el papel, una artista joven de teatro, fresca, y a su vez indefensa ante ciertas circunstancias; no resultaba un estereotipo, se pudo pensar en hacerla bohemia y medio loca, no obstante se optó por algo más maduro, y se veía que tenía de dependiente emocional hasta económicamente, que hacía del personaje proclive a caer en las manos de Toño, se podía notar eso en su construcción y no quitaba idoneidad e inteligencia a su práctica, como toda la obra que demuestra mucho oficio, ahora Calero debe buscar atrevimiento y otro nivel de ingenio para que logre concebir ese cine que todos queremos, más internacional y complejo. 

Desayuno en Tiffany´s



 “Nos encontramos un día junto al río, y ya está. Los dos somos independientes. Nunca nos habíamos prometido nada.”

Truman Capote era una figura llena de irreverencia y que gustaba del glamour, por lo que esta novela corta muy famosa lleva toda esa esencia, Holly Golightly es una dama que vive de la generosidad de hombres pudientes, tiene 19 años y gusta de los caballeros maduros, no siente que tiene un lugar en el mundo y por ende no le ha puesto nombre a su gato, para muchos es una loca que ha rehusado ser famosa, una farsante que es verdad, para otros un imán para el amor.

La historia gira en torno a su relación con el narrador, a quien se le llama Fred, como el hermano de Holly, él es un escritor en ciernes que vive en el piso de arriba de esa belleza delgada elegante de amplios lentes de diseño oscuros a la que un día conoce y no puede despegársele, así sea fresca, descuidada y superficial; ella sueña con hallar un lugar como Tiffany´s al que decirle hogar a pesar de que siente que los diamantes se ven solo bien en las mujeres mayores, su lealtad le acarrea problemas, y  a pesar de lo que parece es una fémina solitaria sin verdaderos amigos, a su vera solo hay tipos interesados en su físico.

El tema sustancial que va debajo es la imposibilidad de encontrar el amor, no sentirse que perteneces a ninguna parte, ella misma se cataloga como una viajera, y a pesar de que ha tenido la oportunidad se siente un ser salvaje, indomesticable, y eso irradia en quienes tampoco ven por ella, es demasiado “independiente”, Holly es un ser que sufre por su forma de ver y manejarse en la vida, esa suntuosidad y banalidad le cobran la factura, y es que lo fácil que llega también igual se va, recogemos lo que sembramos. Si bien Capote no quiere ser moral, y es abogado del diablo con su personaje, a la que la trata con sutilidad a pesar de que ella no tiene pelos en la lengua, nos despierta de esa majestuosidad y encanto de su femenina creación para mostrarnos un ser humano sin realmente nada en su poder como ella misma se atribuye y que va hasta lo anímico y espiritual, incluso el que parece su realización afectiva escapa cuando debe de defenderla y mostrar resolución, ella es un objeto que le rinde cuentas al destino, no queda más que seguir huyendo, lo que viene haciendo desde los 14 años de edad; la naturaleza se empeña en lastimarnos, en salir a flote, hay una cierta falta de autoestima en sentir que lo de alrededor no es nuestro, que no pertenecemos a donde nos movemos y eso hace que destruya todo, como cuando deja ir al gato y luego se da cuenta que lo quiere y que es suyo, a simple vista parece todo diversión pero Capote deja ver una cierta melancolía, se simula mucho en el mundo nos dice, las relaciones son vacías, Holly es una arribista que quiere lo que nos venden por fantástico pero a costa de su salud mental y cuando cree estar a punto de ser feliz, el autor la castiga, su falta de reflexión le trae desgracia, su vacío y errores se apoderan de ella, la juzgan y le hacen sentir lo que trasmite, por eso el diplomático brasileño abre los ojos y ve la ignominia. No obstante hay misericordia con ella, no es un ser despreciable sino todo lo contrario, alguien que está sufriendo y que está pidiendo a gritos por ayuda debajo de esa caparazón de autosuficiencia, aunque sea lo suficientemente torpe como para estropear su existencia.

La lectura es entretenida, ligera, se lee en poco tiempo, se vuelve bastante directa y el sentimentalismo es muy discreto, hay un tono tranquilo, disimulado, elegante, audaz, impropio pero al final convencional y romántico, Capote parece hacer uso del mejor periodismo, el que revela ideas a flor de piel sobre la sustancia que envuelve y a la vez lo suficientemente literario y creativo para hacer una historia simpática, artística. El texto tiene momentos muy cinematográficos, ella bajándose de la limosina corriendo detrás del gato perdido, la canción que sigue a Fred y se asocia con el esposo abandonado, la historia lejana del paradero africano de Holly, además fácilmente se puede uno imaginar las descripciones precisas de sus acompañantes, el sensual latino algo tímido o el barman Joe Bell con sus exabruptos y pastillas.

Capote en la obra hace alusión al cine en múltiples ocasiones aunque su figura de las actrices no es del todo elogiable, las llama narcisistas y a su vez les achaca complejo de inferioridad, podía ser bastante corrosivo en varios sentidos y hace gala de ello con todos sus protagonistas (ni Holly -como cuando recibe una cachetada de la casera- o el narrador se salvan -su sobrenombre proviene de un hermano al que ella considera un estúpido-), parafraseando a un Fred que parece un claro alter ego del autor, puede ser antipático, a consciencia, semejante a Holly cuando habla mal de la amiga, sin embargo lo más importante es como decía Kafka: “Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”, y a su estilo debajo de la fiesta y la frescura, de la atracción de una lectura adictiva, suave y veloz, de su libertad para escribir, de su voluntad de no amarrarse con nadie y asumir personalidades ambivalentes, sin pontificar a diestra y siniestra hay un mensaje emotivo.

“Era la fealdad derrotada, que suele ser mucho más cautivadora que la verdadera belleza, aunque solo sea por la paradoja que lleva consigo. …el éxito era consecuencia de la exageración de los defectos. Mag había logrado transformarlos en adornos por el procedimiento de exagerarlos con la mayor osadía. Unos tacones que realzaban su estatura, tan altos que le temblaban los tobillos; un corpiño ajustado y plano que indicaba que hubiera podido ir a la playa vestida solo con pantalón de baño; el cabello peinado muy tirante hacia atrás, para acentuar los rasgos enjutos y magros de su cara de modelo. Incluso el tartamudeo, autentico, sin duda, pero también un poco forzado, había sido transformado en virtud.”

viernes, 24 de agosto de 2012

Al faro



 “Y se sintió sola de nuevo en presencia de su viejo antagonista: la vida”

Hacía ya bastante tiempo que no me topaba con una lectura de esas verdaderamente grandes, de las que nos impresionan, nos subyugan por completo y nos hacen pasar momentos gratos inigualables, había escuchado de Virginia Woolf pero tenía una impresión muy distinta  a lo que he encontrado, me ha resultado no únicamente muy inteligente como esperaba sino muy sensible y poética aunque con un cariz solido, la de una mujer consciente de su entorno, toda la obra está bañada por una estética sublime, culta y provista de reflexión, sorpresivamente para mí conjuga una mirada romántica del mundo, en sentido de que se da el trabajo de subsistir en la introspección de los pequeños gestos que abren paso a conocimientos mayores, con la intelectualidad de un libro que brilla con ritmo, con soltura, bajo un quehacer natural.

Los personajes son auscultados por todas partes desentrañando esa multiplicidad de la personalidad que ostentamos los seres humanos (es una obra que predomina  en sus criaturas), esa complejidad que nos hace inclasificables alejados de rótulos cortos y precisos ociosos, el feminismo de Woolf se permite escuchar otras posturas o tener paciencia para con estas, enseña lo bueno y lo malo de cada actor de su cosmovisión, el señor y la señora Ramsay pueden ser dignos de admiración como objeto de la crítica más implacable, ella por su seguridad, dominio de su alrededor y belleza, él por su posición paternal, su autoridad, no obstante a su vez ella puede ser débil y conformista, él soberbio, autocomplaciente, necesitado de afectos y demostraciones de servilismo, sus virtudes y defectos oscilan a un lado y  a otro, pueden estar en la misma categoría, incluso la heroína del relato, Lily Briscoe es una tímida solterona dubitativa de su propio arte, su lucha y su entrega personal, la que debe vencer las barreras del orden masculino.

La estructura de la obra es otra genialidad (véase nomás el interludio sobre el pasado, se hace gala de mucha belleza y sentimientos, no hay frialdad a pesar del artificio), haciendo honor a lo que representa el arte de la literatura, no solo sustancia sino forma puesta al orden de la imaginación, Woolf nos cuenta apenas dos días de la vida de una familia, Los Ramsay, padres de 8 hijos, junto con sus amigos, la pintora Lily Briscoe, el poeta huraño Carmichael, el prometedor pero molestoso Charles Tansley y el viudo refinado William Bankes, con la gracia de separar las 48 horas por la mitad en 10 años de diferencia. El culmen es el viaje en barca al ansiado faro de la infancia de los vástagos Ramsay mientras veranean en su habitual casa de campo en una isla.  Woolf dilata hábilmente esos momentos mientras los personajes se debaten en pensamientos, conocemos su deseos, miedos e inquietudes, nos adentramos en sus mundos íntimos y con ellos indirectamente analizamos la sociedad de su época, la prosa expande ese torrente a la par que nos describe la parsimonia y costumbre en que se mueven, es como si viéramos una puesta de escena teatral y estuviéramos dentro de cada persona, no solo su interacción externa sino su composición mental, apreciamos sus conflictos en ambas capas, es un deleite que nos humaniza las imágenes, nos hace demiurgos momentáneos capaces de conocerlo absolutamente todo, así queremos más a los involucrados, los entendemos y en esa riqueza verbal que desviste verdades la redacción elegante e instruida acoge su espíritu, no es a pesar de la expansión de lo que podría resumirse escuetamente algo cansino ni desprovisto de emoción. Hay un interés por comprender el rol de cada persona, fuera de las apariencias, no siempre agradable, los Ramsay son los modelos hegemónicos e ideales de su era, Briscoe es la que rompe las ataduras, la que contrasta, la que está en crecimiento emocional y artístico, buscándose, madurando, siendo yo, en medio de la adversidad, de las pequeñas grandes batallas que construyen la personalidad y ejercen cambios, no es la única ya que aun el menos pensado está arrinconado y situado, solo que sus circunstancias le otorgan la posibilidad de decisión, así sea en un acto casi invisible pero simbólico.

No es difícil apreciar a los personajes, hay mucha emotividad “soterrada”, la escritura no es pura superficie aun siendo remilgada, elaborada y muy autosuficiente, sino está al servicio del fondo, hay una amalgama perfecta que consuma sus metas, no solo es juego, no cae en esnobismo ni banalidad aun siendo intrascendente a fin de cuentas, siempre en una atmósfera cálida y próxima por sobre y -sin contradicción- gracias a su tono y estética, algo audaz porque no necesita facilismos sino lo hace en sus propios parámetros, y eso se debe a que sus figuras se vuelven pormenorizadas siendo en realidad una constante cavilación familiar, como suelen decir en los filmes de Frankestein, el monstruo está vivo, las personas parecen existir y en su respetuosa pugna, en su interacción afectiva hay un universo en movimiento, un microcosmos ficticio que devela taras y superaciones, como aquel cuadro que hay que culminar, ese recuerdo que hay que procesar, esa aventura paternal inconclusa a vistas de una mayor edad de desarrollo y juicio, en seducción, reproche y filtro resolutivo, el libro nos guía hacia adelante, una de las grandes cualidades de los optimistas, de los visionarios/analíticos que yacen también como con Virginia Woolf en la literatura universal.

“¿Era para satisfacer su amor propio, por lo que deseaba tan insistentemente socorrer? ¿Daba para que la gente pudiese decir de ella “¡Oh mistress Ramsay! ¡Querida mistress Ramsay…! ¡Naturalmente, mistress Ramsay!” y que tuviera necesidad de ella, la buscasen, la admirasen?”

“Disimulado bajo la expresión de “cuatro tonterías”, porque, en verdad, no había hecho aquello que hubiera debido hacerse. Era sólo un disimulo, el refugio de un hombre asustado de sus propios pensamientos y con miedo a decir: esto es lo que me gusta, esto es lo que soy; y más bien despreciable y antipático…”

“…y extendió sobre ese pequeño mundo la sombra de grandes nubes, al interponer su mano frente al sol, trayendo así desolación y tinieblas, como un dios lo hiciera, a sinnúmero de criaturas ignaras e inocentes. De súbito quito la mano y dejó que el sol fluyera…”

domingo, 19 de agosto de 2012

Le Havre

Si alguien nos contara de que va esta película seguramente no la veríamos, si estamos cansados de escuchar historias lacrimógenas de pobreza y superación, vasta repetir la sinopsis solamente para desencantarse y repeler esta propuesta, sin embargo la fábula de Aki Kaurismaki dista mucho de caer en melodramas insustanciales, sabiendo que su particular estilo lacónico y seco contrasta perfectamente con el aire combativo de supervivencia de los seres humanos, el resultado denota algo muy suave de digerir dentro del cine de autor sin que consienta efectismos emocionales tan fáciles de utilizar para llegar a un público menos exigente que no más sensible sino más momentáneamente sugestionable y menos maduro y poco perspicaz, no obstante hay material tópico en ello  y se maneja con el estilo del finlandés que lo hace ver todo breve, natural, calmado y desprovisto de patetismo, lo que entrega el deber de cada uno asumir lo que se nos enseña.

Podemos identificarnos y sufrir en cierto grado no tan crispado con ese niño inmigrante africano que no quiere ser deportado  y que tiene la suerte de encontrarse con Marcel Marx (André Wilms), un viejo lustrabotas que tiene a su esposa sufriendo una enfermedad de pocas probabilidades de recuperación y que al considerarlo un niño grande no quiere revelarle la verdad; bajo esa “frialdad” propia del cine de Kaurismaki que deja que cada quien procese la información que ve (lo que no quiere decir indolencia sino es un tratamiento mucho más expositivo, más digno quizás y menos subjetivo, una aparente levedad disfrazada por una estética artística que sugiere bajo otra capa distinta que no genera un ataque visual), evitando que los actores sobredimensionen o expresen descarnadamente sus padecimientos, y aunque en toda la película vemos la precariedad de la situación económica de la pareja principal, o la dificultad para conseguir clientes a los cuales limpiarle los zapatos y hasta el no poder pagar comestibles básicos en una bodega, hurtar algún pan baguete para llenarse el estómago y pedir una copa gratis de vino a una amiga para paliar la dura jornada, se sobrelleva sin aspavientos como quien sitúa un contexto realista donde no hay espectadores a los cuales tocar en el corazón ni convencer de que el mundo es y será una desgracia, o peor aún, una porquería, por lo que la invisibilidad y la indiferencia de la gente, al lado del orgullo y la entereza individual hacen del filme una verdadera demostración de verosimilitud, pero sin obviar que Kaurismaki impregna sus filmes de una aura de personalidad propia, con las miradas perdidas de sus personajes, aquí más convencionales y menos raros, teatralidad (menos obvia), música que acompaña como imitando pases de tango (marcados cambios), comedia simplona, dolorosa e imprevista, una ambientación de pocos objetos emulando una puesta de teatro, un minimalismo representativo, caracteres definidos pero vivos, una tragedia griega parca que logra torcerse en el último suspiro revelando un optimismo que vence toda imposibilidad y reticencia a la felicidad por más injusta y compleja que se nos pueda imaginar, dejando volar la mente, de hacerla trabajar pero sin preocupación, de sentir a través de lo que se suelta por debajo de ese pequeño momento de dispersión visual.

La sensibilidad se palpa en hechos, como el “sorpresivo” acto del inspector, el ahínco de ayuda de Marcel, la confabulación de los vecinos aun habiendo punto discordante o algún enemigo, tampoco falta crítica, culpan a la sociedad pero subvirtiéndolo con sus actos para bien del prójimo (el niño que es como ellos o lo ha sido, solo frente a la adversidad en un espacio “nuevo”, como si no hubiera lugar seguro más que en el afecto de los demás, como la proclama socialista ya en desuso), se recrimina la idiosincrasia de la pobreza, la dureza con la que se trata a los inmigrantes cuando en el microcosmos de un bar yacen personas de varias partes del mundo, en la idea del oriental que no es chino pero se le adjunta a esa nacionalidad, el que sobrevive en otro país pidiendo poco, a costa de perder su identidad.

Kaurismaki ubica su película en Francia, en el puerto que inmortalizó Claude Monet y al que vemos en la fotografía rebozar en sosiego como detrás de la turbulencia, empero es como si aun estuviéramos en su tierra natal, la pequeña casita de Marcel, sus dos mudas de ropa en el armario o el preciado cotidiano vestido amarillo de Arletty (Kati Outinen, musa en el tiempo del finlandés) son ubicuos, des-territorializados, unánimes, y ese es el sentimentalismo más elogiable, no necesariamente el incandescente, como lo ha demostrado el autor con esta nueva obra que termina con unas plantas en flor, arguyendo un final de “cambio”, y no lo ha sido en realidad, las características esenciales de Kaurismaki están ahí aunque en partes contenida, el fondo de la trama se debe a sus constantes en ésta (la bondad y el amor), como con la infaltable irreverencia en la presencia de Little Bob (¿o no lo es?), un viejo rockero de la ciudad que nos hace recordar la vena musical que impartió con los Leningrado Cowboys, cantante que sino amista con su pareja no canta (reiteración contundente).Y cuando creemos que ya no hay solidaridad, no hay humanidad, la soñamos en la gran pantalla con un tipo llamado Marcel, notando que si uno disfruta viendo éste filme es porque aun cree en ello, a sabiendas que ya no nos pueden engañar, salvo si estamos ante un maestro como Kaurismaki.

viernes, 10 de agosto de 2012

Olor a ti


Escrito por Mario Salazar

En seductora posición echada en mi cama con los cabellos oscuros extendidos emanando vapor de copulación entregada desplazados por el lecho empezando por las suaves almohadas y las piernas ardientes colocadas en ángulo perfecto como los brazos sueltos tendidos simulando el vuelo en el viento que terminaban llevando los dedos abiertos delicados radiantes de sol dormía desnuda en inmóvil sosiego de vivir protegida sin defenderse de mi pleno amor descansando en sueño encantado y sereno sin sábana que la cubriera ante mi mirada atónita rodeada de placer visual que deslizaba sobre su composición de musa de mis poemas más puros, escritos y por escribir, reflejados en toda ella, solamente en ella.  Hacia tan solo un rato habíamos hecho el amor en medio de gemidos y sudor libre de ataduras y del mundo que nos rodeaba, había olido su estómago poco después de pasar mi lengua por sus senos redondos y sus pezones de aguja carnosa de color rosa deliciosos bajando despacio hasta oler su pubis celestial,  sumergirme en este, besarlo y lamerlo en medio de su vellosidad de rosas, sus labios suaves y su hondo interior perfumado con el aliento de su naturaleza de diosa, regresar a donde me gustaba que era su vientre, seguir lamiéndolo y olisqueando lo que me llenaba de embelesamiento, ese olor a mujer deliciosa, natural, del gusto nacido no solo de la belleza y la atracción de su cuerpo curvilíneo y voluptuoso sino de mi mente que se dejaba dominar por su tersura y su fino olor que me recordaba el sabor de lo dulce, el agradable olor que amaba de su persona y que al día de hoy me trae innumerables recuerdos de goce completo. De satisfacción interminable e irrepetible. Era lo que pensaba por entonces porque nunca me imaginé que eso terminaría, detenido ahí en el tiempo como si este no existiera y su cuerpo y el mío fueran esa imagen eterna que cargo como metido en un cofre de reliquias inigualables.

Me levanté y vi el marco donde alguna vez estuvo su fotografía, en ese sombrero de lana que tejió su abuela en color violeta con una flor a su izquierda el cual nunca se quitaba, su rostro canela, sus ojos color caramelo, sus dientes organizados para dar esa sonrisa que derretía mi espíritu y me volvía loco en su ternura,  su vestido caía no sin pasar por sus líneas de volumen que la hacían un deleite para mi mirada obsesiva y admirada de tener  a una mujer tan guapa y de tan hermoso cuerpo, no por ser la más bella de todas sino porque ante mis ojos aunque la realidad también era cómplice de mi delirio era la mujer que hubiera esculpido Miguel Ángel buscando la perfección. La miraba en ese cuadro vacío con los ojos de la memoria.

Esa tarde fui a la Universidad a realizar unos cursos como me era habitual en mis estudios para obtener una carrera en una materia de letras, me senté y abrí el cuaderno, escuché la clase que versaba sobre un tema libre con respecto al amor en la literatura, escuchaba a las muchachas expresarse con pasión defendiendo poemas y novelas de romance, a los jóvenes les era un tema distante y refutaban lo que ellas decían aduciendo que eran cursilerías y simplezas, ellas no se quedaban atrás y decían que el amor era lo más preciado que tenía el ser humano y no había arte donde no hubiera por lo menos una gota de amor. Había una polémica como de costumbre, la clase buscaba que los alumnos tuvieran esa libertad y no manifestarse en una cátedra cerrada a la discusión y al pensamiento personal,  se tenía que pensar y no solo repetir o memorizar, situación que me agradaba a pesar de no lanzarme a discutir con ahínco ni con prolijidad, mis intervenciones eran cortas y muy raras,  sin embargo el tema del día me interesó y trate de ponerle el máximo de atención.

Al final no pude seguir el tema, ella aparecía con cada expresión de las muchachas de la clase que despertaban el corazón con sus bien fundadas defensas, aún estando solo y habiendo sido abandonado por el amor. La vi por primera vez un día del que ya he olvidado su fecha exacta. Había llegado solo como a las once y media de la noche a una discoteca que había abierto un amigo mío en cooperación con otros dos, él muy amablemente me invitó a la apertura del lugar diciéndome que iba a ser estupendo, algo que recordar por mucho tiempo y eso me animó siendo poco de salir los fines de semana, también estaba el hecho de que no iba a estar solo y que tendría a alguien con quien manejar mi timidez y pasar un buen momento porque mi amigo era extrovertido y generoso por virtud.  Se oía mucho ruido cuando entré el que me afectó el oído acostumbrado como natural solitario al silencio y tampoco pude encontrar  a mi buen compañero para mi mala suerte,  lo que me dejaba en vilo. Me puse a deambular por sus contornos esperando toparme con él o ver que podía hacer durante esa noche, no era proclive a bailar ni conversaba mucho por eso me sentí algo abrumado por mis pasos en los pasillos y con el tumulto de los movimientos y saltos de los danzarines jóvenes, el espacio estaba copado de gente, habían hecho una buena publicidad y llegaron de todas partes a la discoteca, la música rotaba no era que solo se escuchara un único estilo, podían saltar de la salsa hasta el pop. Lo más lógico me dije era que me acercara a la barra para no parecer fuera de tono, me pedí un trago exótico, de aquellos que le echan colores primarios al trago, no era en Lima muy varonil tomar uno de esos aperitivos pero nada de ello a mí me importaba, las personas jóvenes como yo preferían el ron o la cerveza, además los tragos exóticos eran más costosos.  Como no tenía en que gastar durante la semana digamos que me sobraba el dinero que provenía de mis padres que me lo daban para mis necesidades superfluas. Los billetes se iban más en libros que en otros asuntos pero sobraba una buena cantidad, tampoco abordaba la literatura con desenfreno sino como una actividad mesurada siendo ya suficiente con mi carrera que era de letras.

Una vez en la barra me puse a beber del sorbete mirando lo que sucedía alrededor haber si encontraba una ocasión para ser parte de ella y al terminarlo rápido me pedí un trago más igual al primero,  estos son engañosos, parecen bebidas de mujeres como le dicen pero son muy trepadores y te alcanzan con desmesurada velocidad la cabeza y te marean. A mi lado llego una chica con un sombrerito ridículo para el lugar en que estaba me dije en cuanto la escuché pedir una cerveza con su voz atronadora, seguro que por el ruido que no permitía hablar con normalidad y que me hizo voltear a verla, ésta se sonrió y miró mi colorido trago aguantando una pequeña carcajada quedando el intento en una hermosa exposición de sus dientes alineados perfectamente, parecía modelo de comercial de pasta de dientes fue lo segundo que me dije cuando la miré por segunda vez detenidamente.

- Hola, ¿qué tal la estás pasando?
Me dijo arrojadiza descuadrando mi seguridad y mi mirada inquisitiva en ella, a lo que le respondí que bien.

- ¡Es una fiesta grandiosa!, este va a ser mi punto, de hecho, de ahora en adelante. Va  a ser muy conocido este lugar estoy segura y atraerá a chicos muy guapos también.
Esbozo una sonrisa y se bebió un trago largo de su cerveza nacional propia de la capital de los Incas, la miré como que era una chica avispada por su comentario banal de los chicos, pero eran tiempos de igualdad entre hombre y mujer, y porque no una chica va a mencionar a los hombres como carne si nosotros o la mayoría de nosotros lo hacíamos igual.

- Sí,  es una buena discoteca dije sin argumentos y con la voz apagada, a mí realmente me parecía nada fuera de lo común, un encierro de chiquillos sin futuro para ser sincero.
Nos miramos sin  hablar, a ella le brillaban los ojos y su sonrisa parecía una característica inamovible de su personalidad,  se veía que la estaba pasando bien en comparación al aburrimiento que yo sentía hacía ya buen rato,  también tenía bonitos ojos color miel debajo de ese sombrero que me recordaba una mala imitación de los gorros de la época de los treinta de las películas de Chicago. Al pasar un tiempo en silencio donde hice gala de mi incapacidad comunicativa con las mujeres extrovertidas y lindas, ella me agarró de la mano y me jaló a la pista antes que dijera que bailaba pésimo pero no hubo que decirle nada ya que ella empezó a reírse de solo verme pero no le molestaba mi falta de coordinación porque se daba vueltas, saltaba y seguía bailando.

En medio de diferentes bailes y ritmos que eran mi tortura empecé a preguntarle sobre su vida, cómo se llamaba, qué estudiaba, dónde vivía y un sinfín de preguntas que buscaban no aburrirla teniendo dos pies izquierdos para el baile lo que podría terminar espantándola porque todo lo malo cansa al final. Ella contestaba pero a veces se pasaba de largo algunas preguntas para ensimismarse en bailar que le encantaba por lo que  se veía, se movía al compás de la música y se deducía con facilidad que le salía natural a parte de bonitos los movimientos libres que hacía. Bailamos y tomamos cerveza durante la madrugada y no nos dejamos por ningún instante salvo un par de idas al baño de ella y una mía, cambié mis tragos raros por cerveza para acompañarla, bebimos mucho y bailamos más, perdí la vergüenza y lucí todo mi esperpento en la danza,  hice honor a que la práctica hace al maestro y yo no había practicado absolutamente nada, era un elefante dando pisadas asustadas ante una hormiga, así de horrible se me veía pero a ella eso le importaba un bledo, como era, una personalidad cimentada y segura de sí misma.

La empecé a observar con atención mientras bailábamos o tomábamos, especialmente cuando nos jugamos un par de  mesas de billar que había en la discoteca donde demostré nuevamente que me faltaba calle como dicen los que han vivido muchas aventuras, era linda, tenía un cuerpo fenomenal, sus piernas eran una alusión a lo apetitoso aún descontando los tacos oscuros que llevaba puestos,  esas pantorrillas y esos muslos eran un regalo divino y un sueño ya en mi consciencia, desató mi deseo por ella y su personalidad me alegraba, me atraía más hasta ella. También me hizo preguntas que respondí religiosamente aunque hubieron una que otra mentira buena que había que usar para no caer en que no tenía nada de mundo y que me la había pasado en la oscuridad del ostracismo del buen muchacho, hice gala de mi mejor don, mi cultura que contaba de mucha televisión de donde cubría mis carencias en la experiencia de la vida, las series y las películas me daban pautas para contarle algo divertido y parecer entretenido, la hacía reír y eso me hacía feliz. Me saque la camisa de dentro del pantalón y abrí un par de botones superiores, me relajé y puse mis pies en la tierra, me aclimate a su espontaneidad, su alegría por la vida y su optimismo.

Me enseñó a agarrar el taco correctamente haciendo la figura de un conejo en las sombras, no sabía si era por tomarme el pelo pero le seguía el juego, increíblemente esa chica me había conquistado, estaba enamorado con un par de horas de olerla, de sentirla, de vivirla, ella era la vida que se me había ocultado tanto tiempo. Al regresar a la pista de baile, una canción romántica nos hizo pegarnos el uno al otro, de pronto ella clavo su mirada en la mía, sufrí un poco al ver sus ojos caramelo indagar en mí y me decidí, tenía que hacerlo o morir en la desolación, la besé y nos besamos, abrimos nuestras bocas y nos devoramos, la abracé y cerré los ojos viendo el paraíso en mi imaginación figurado en ella, sentí el amor y ese fue el inicio de nuestra relación.

Sonó la campana de fin de clases, el profesor dio por terminada la cátedra y los alumnos se pusieron de pie para retirarse, me paré y me fui con mi mochila al hombro,  saqué un café de una de las máquinas instantáneas y me senté en una banca a esperar la siguiente clase sorbiendo despacio que estaba caliente viéndola en los rincones del pasado como lo venía haciendo desde que se fue.  El dolor seguía ahí en cada esquina a pesar del tiempo,  ella estaba metida en mi cabeza continuamente, no obstante se ha ido me dije con severa resignación, vive en otro país, decidió irse, debes de aceptarlo, la vida sigue. Todas esas reflexiones no me calmaban aunque seguía haciendo mi rutina diaria, la veía en cada objeto que compartimos,  en cada aventura nueva y  en las vivencias que pasamos juntos, esa primera noche el aroma de su cabello se me impregnó y nunca me abandonó, estaba empapado del mágico olor de su cuerpo, de su personalidad que había calado hondo en mi corazón. ¿Qué podía hacer? Me dije una vez más de una infinidad de veces que me lo he repetido, se fue para siempre y con ella la mitad de mi vida.

FIN

miércoles, 8 de agosto de 2012

La Pivellina


La italiana Tizza Covi y el austriaco Rainer Frimmel compiten en el Festival de Cine de Locarno 2012 con el filme Der glanz des tages, que traducido sería “El brillo del día” o “El glamour de la jornada”, revisando dentro de sus filmografías nos topamos con éste su único largometraje de ficción en que comparten autoría (Frimmel tienen uno más), además de dos documentales. La Pivellina fue propuesta por Austria como posible nominada al Oscar 2011 aunque no lo consiguió y ha tenido amplia difusión en festivales y salas de cine del mundo.

Con un estilo próximo al naturalismo nos retrata el día a día de una pareja de artistas de circo, de Patti y Walter, quienes llevan sus propios nombres y están realmente involucrados con ese espectáculo; junto a un vecino  de unos 14 años de edad que es parte de la caravana circense a la que remite su unión y base de fondo del relato, el que se aboca al hallazgo de Patti de una niña de 3 años abandonada en un parque, la pivellina, que quiere decir la pequeñita.

No se puede evitar notar la relación del filme con el neorrealismo italiano, se muestra tal cual es la existencia de la gente que nos pone en pantalla, de una economía bastante rudimentaria pero que no les impide exhibir felicidad, tranquilidad y buenos sentimientos, se trata de esas personas que luchan por sobrevivir sin pedir ayuda a nadie y que no se quejan de lo que tienen que hacer, todo lo contrario entienden que la temporada del circo es corta y difícil, cuatro meses al año nomás;  sienten afecto por ello; su espectáculo con cuchillos, los platos girando en el malabarismo, las ovejas funámbulas, los leones entrando a la carpa o el payaso practicando gags de comedia bastan para incorporarnos a una cosmovisión con apenas unos pocos minutos.

Se puede ver que son ellos mismos interpretándose, solo que con una naturalidad y realismo que se parece a la de cualquier actor experimentado, algo notable ya que están dentro de una película y se rigen a un guión, a una elaboración creativa, y es que también son artistas. Sin embargo no se puede evitar la sorpresa que engendra la niña Asia, la que titula el filme, ya que demuestra una fabulosa disposición a convencernos de su papel, aunque claro se dedica únicamente a ser ella, llora por un chupón, se ríe radiante y simpática pisando el agua de la lluvia, come ávida su leche con galletas de vainilla, se concentra con la amplitud de una deliciosa pizza, desconfía de su nueva familia y tiene la entereza para no extrañar a su madre como se articula en algún diálogo.

Todo el filme es exhibirnos la cotidianidad de su mundo, el entorno, sus juegos, sus tareas, su compartir diario, y aun así no cansa ni se vuelve tan simple como para descalificarse en la ausencia de una historia, es la curiosidad de la intrascendencia bajo un nuevo elemento importante en función, el cuidar de la chiquita y asumir el rol familiar pero que refleja una composición artística,  dentro de un contexto especial como el circo junto con el vinculo en que se ve a la periferia de Roma en sus población más popular. La sencillez es notoria e incluso el trato escénico es consciente del tiempo, los momentos están dosificados y distribuidos de forma que generan atención y entretienen, hay mucha dulzura; un pero sería que por el desenlace anticipan acciones, se vuelve el filme menos espontaneo, empero se agradecen las explicaciones base -algunas visuales- sobre los personajes, los amigos, su quehacer laboral o sobre su vivienda.

Nos hace pensar y compararlo con el séptimo arte que hacen los hermanos Dardenne, exponentes de un cine social multi- premiado en festivales como con la impresionante suma de dos palmas de oro en Cannes, se puede intuir su influencia en alguna cámara temblorosa o coincidir en el reflejo desfavorecido de una parte menos conocida y poco tratada de la sociedad actual europea, empero son muy distintos, aquí no hay un “indispensable” pesimismo ni un gran conflicto, el trato con la niña siempre es positivo y plagado de amor, de paciencia, de un deseo gigante de adoptarla, las personas son bondadosas salvo en algún pequeño maltrato a un perro; tampoco sabemos del abandono de la madre de la niña ni si volverá, no deja de ser solo una circunstancia que no se aborda directamente como estado de reflexión, quizás esto desalentara un poco en cuanto al compromiso del arte o a la sustancia pero queda un estado de poca intromisión que también se puede valorar, trataremos de imaginar, disfrutaremos simplemente del relato, siendo algo muy fácil de digerir y aunque puede ser visto como menor no deja de ser una buena opción.

Odete

Estamos en la última semana del Festival de Cine de Locarno (Suiza), exactamente hasta éste sábado 11 de agosto, por lo que revisaremos algunos directores que postulan al leopardo de oro, la más alta presea que corona la pugna del encuentro, éste año son 19 los participantes; viviendo un poco a la distancia dicha fiesta cinematográfica. El evento que nos convoca se da como un escaparate para el cine de autor e independiente, se presentan pequeños cineastas de distintas partes del mundo incluyendo -y mucho- al cine indie norteamericano o algunos directores con trayecto pero poco conocidos fuera de un círculo, aunque no estamos hablando de Cannes, máximo cine de autor con nombres consolidados, ni del Oscar, la gala de premiación del mejor cine masivo de entretenimiento, sin embargo imita al primero y a la vez hace la diferencia por apostar por autores más rebuscados –generalizando son los de segunda plana- o también recién iniciados. Locarno tiene la particularidad de no distinguir entre documental y largometraje de ficción en su galardón oficial del pardo d´oro y de atreverse a un séptimo arte raro y audaz como el que tenemos enfrente que visto bien es más extraño que otra denominación.

El realizador portugués Joao Pedro Rodrigues, reunido por primera vez en un largometraje con Joao Rui Guerra de Mata compite con La última Vez que vi a Macau. Viendo dentro de su filmografía me tope con Odete (2005), la segunda dentro de 4 largos de ficción, que con 2 documentales y 6 cortos completan su hoja de vida cinematográfica. Nos remite al encuentro de la chica del título, una mujer con problemas psiquiátricos que quiere tener un bebé, y Rui, un homosexual que acaba de perder al amor de su vida, Pedro, al que ve transpolado a la obsesiva Odete, la que intempestivamente en el funeral de él confiesa haber sido su pareja secreta y llevar su hijo en el vientre, para luego volver su excesiva motivación hacia Rui, el que sufre la pérdida de forma devastadora. Ese será el panorama general del filme que depende de un tratamiento lleno de elipsis -la relación entre Pedro y Odete, su vecina, no se esclarece en ningún momento aunque observando llegamos a algunas ideas- y un discurrir lento escurridizo en las explicaciones que llegan tras bastante metraje.

El filme tiene la habilidad de lucir misterioso y parece un drama serio pero termina siendo harto inusual, difícil de digerir en cuanto a la sustancia de fondo y en gran parte decepcionante si vamos por la ruta antes dispuesta de “sobriedad”, sin embargo si caemos en la cuenta de que es una historia nueva para uno nos convencerá mucho más, entre comillas porque tampoco ya hoy en día es del todo original viéndolo bien, con respecto a los cambios de sexo y la aparente bisexualidad, además de tener recurrentes escenas sexuales fuertemente sugerentes de índole homosexual que pueden incomodar a quienes no lo ven erótico, algo gratuitas por más que se comprenda como parte de la depresión de Rui, y hasta alguna peculiar al uso, un poco irónica a mi ver, que resulta extrañamente cursi además, de mal gusto (todavía en el desenlace), perdonable si notamos que Pedro Almodóvar también es proclive a estos ataques de genialidad y ya siendo condescendientes por muchos cineastas que quieren rematar su película con un supuesto cierre creativo, si bien lo que hace Rodrigues lleva la esencia de un cine extravagante que se luce articulado en darlo por natural o entendible en lo real, otra característica del manchego.

Una propuesta que en su trama se queda en lo superficial pero que como relato resulta curioso, Odete es una de esas personas que han enriquecido con un matiz más el ecran con su particularidad, un nombre digno de esos personajes distintos que provoca escuchar y del que se reviste el mundo en su variedad, de alguien cualquiera pero especial a su misma vez, que no ha hecho nada importante pero que lleva una vida extraordinaria, sin fingir sino porque lo es y en eso ha valido la pena la película.

viernes, 3 de agosto de 2012

The dark knight rises

Recuerdo con mucho cariño la primera película de la que tengo memoria haber disfrutado en el cine, yo contaba con 9 o 10 años de edad, se trataba de Batman (1989), de Tim Burton, y fue algo impresionante para el tiempo, para muchos ostentaba esa oscuridad que hoy en día se le atribuye a Christopher Nolan. Sentado en una butaca de un viejo cine de Sullana pude ver a un superhéroe en carne y hueso con la majestuosidad que el séptimo arte reviste al personaje (el de la tv., el Batman de Adam West, estaba muy cerca de la comedia, voluntaria e involuntaria, de ambas, aunque era entretenido, pero no para tomarlo muy en serio). La escena en el callejón con un joven Joker sonriente preguntando: ¿alguna vez has bailado con el diablo bajo la pálida luz de la luna? me tenía embobado. Más tarde la burla y la fantochada de Jack Nicholson invadirían la pantalla, para luego llegar el esperado protagonista enfrentándose al guasón que quería gasear la ciudad y dar muerte con una sonrisa a la población de Ciudad Gótica.

El mes de julio nos ha deparado la última película de Batman de la trilogía de Christopher Nolan, finalmente ha llegado y ha sido algo épico como se esperaba, casi tres horas de acción. Nuevamente el sentimiento de la primera vez ha regresado para dar rienda a poder concretar la imagen global que la obra de Nolan ha plasmado desde hace 8 años, la experiencia ha sido distinta pero la magia perdura en otro tipo de producto, Batman sigue imponiendo su magnetismo en aquellos que aun guardamos estima por el superhéroe de nuestra infancia.

Esta vez tras su retiro el hombre murciélago descansa en el recuerdo como el asesino de Harvey Dent, a los ojos de la gente fue el probo fiscal de distrito que representaba la esperanza de la justicia en la ciudad caótica y siempre proclive a la anarquía de Gotham city, sin embargo la verdad es que en la oscuridad se corrompió como Dos Caras, gracias al plan macabro del Joker quien aplica la idea de que nada es impoluto de acuerdo a ciertas condiciones, por ello la imagen de Dent debe ser salvada para crear esos ideales que mueven a los seres humanos, algo muy claro en el contexto americano donde sin bases no hay unidad ni destino en común.

Surge un nuevo enemigo para Gótica, que puede ser visto como un sobrenombre para New York o alguna ciudad cosmopolita de Estados Unidos, ya que Nolan aplica a su obra abundante realismo que le da verosimilitud y sustancia a esta ficción que proviene de la –en general- superficialidad de un cómic, incluso se hace alguna broma sobre el disfraz de Batman que luego se justifica con que es una forma de crear miedo y misterio, a lo que el superhéroe desprovisto de máscara revela que se trata de encubrir su relación con sus seres queridos y crear la sensación de que cualquiera puede ser el protector de la libertad y la tranquilidad de la sociedad, para el caso vencer la criminalidad que gobierna alrededor y hace peligrar esa condición.

El nuevo componente que hace retornar la propia fe en ser un vigilante nocturno, repudiado en un inicio por la policía salvo por el comisionado James Gordon (Gary Oldman) que conoce del esfuerzo de ese entregado salvador, de ese envejecido, desilusionado, oculto y renco Bruce Wayne (Christian Bale), se llama Bane, un mercenario que sigue el camino que fue impartido por la locura y maldad del Joker (inconmensurable Heath Ledger en el papel que dio el fruto de un merecido Oscar póstumo por actor secundario). Se trata de imponer la anarquía, esta vez de toda la población inducida a la rebelión al aprovechar la debilidad de los agentes de ley ante una bomba de grandes dimensiones, sin embargo Batman desliga de las mayorías la teoría de esa aproximación natural humana a la supuesta libertad absoluta engendrada en la utópica anarquía diciendo que la responsabilidad y el deber son inamovibles del compromiso con la sociedad (ante el reino del caos la ausencia de figuras también depara silencio, espera e inmovilidad de las masas), esto último algo aceptado que demuestra una necesidad que hay que adoptar sin fantasías, para ello en este caso la paradoja resulta en que el motor de ello es la intromisión de un superhéroe imaginario, ajustado a un especial contexto pero que puesto a cumplir con el realismo del que se adhiere constantemente se defiende arguyendo que el orden es intrínseco a nuestra evolución y convivencia, una segunda piel que nos realiza, por ende la lucha es de todos, para lo que se sostiene no solo de sí mismo sino de un colectivo (Batman es uno más aún no siéndolo definitivamente, al igual que Bane, sin embargo son solo líderes y símbolos de algo más grande y masivo, la perenne lucha entre el bien y el mal ajustado a la estructura de la sociedad, lo prodigo y lo destructivo), por lo que ahí vemos a los agentes policiales chocando frontalmente contra los terroristas o al joven oficial John Blake (Joseph Gordon-Levitt), Robin, que lleva una audaz argumentación sobre su persona, en un magma que surge de la relación de admiración que le produce la figura de Batman, el que se convierte en propulsor de heroísmo, de identificación, Wayne representa además un huérfano inspirador, su sufrimiento ampara su lucha y su lugar tiene solidez en clave de epifanía, un llamado para el compañero que ve en el mentor y superhéroe su camino, esa voluntad de paz contundente que quiere prodigar (Gordon sigue siendo indispensable para no salirnos de cánones normales, de no perder la fe en el orden público que es complementario, recordemos que es la historia de Batman pero que Nolan quiere veracidad, por lo que Batman desaparece y se entiende en ese final pausado, no sobre-exaltado aunque valiente y sobre todo afín).

El querido mayordomo Alfred (Michael Caine) temiendo por la vida de su señor al que ha criado desea un devenir ordinario para él y sueña con encontrarlo con la mirada sentado en un café en Florencia con una pareja (Wayne en su condición de soltero y solitario no posee el afecto estable de ninguna mujer, encima vive con el recuerdo de la que perdió, pero nunca le faltan parejas, en el filme tiene dos relaciones), no obstante en la historia tiene una participación bastante menor (muy parecida a la de Lucius Fox, Morgan Freeman, aunque son básicos en el relato), yace en una sub-trama poco engordada pero que da algo de matiz a la carencia de mundo del personaje de Wayne, poco desarrollado realmente. Caine da realce a un personaje muy pequeño aunque reconocible, en contraste a otro secundario que más bien no funciona tan bien, se trata de Marion Cotillard como la magnate filántropa Miranda Tate, y a pesar de que toma importancia y resulta coherente parece algo muy hollywoodense, que hay que anotar que es muy parte del universo Nolan que mezcla el aparato comercial con ese cariz profundo que emerge de su imaginación y la de su hermano Jonathan Nolan que participa en el guión de este definido como entretenimiento inteligente.

Un detalle a recalcar son las vueltas y resonancias que toma aquel niño que logra escapar de una prisión inexpugnable a la que hay que salir por arriba escalando sin arneses, se hace alusión de que la desesperanza llama a la fe, y para ello huir parece posible si bien la muerte siempre se manifiesta ante la tentativa. Una atractiva incorporación, parte del entretenimiento y que reporta un reto para el hombre detrás de la máscara, el que tendrá la oportunidad de intentarlo poco después de la derrota tras un combate a puño limpio muy bien articulado, espectacular, que despliega una simpática coreografía de artes marciales.

Se unen cabos –no solo dentro de ésta realización sino con las anteriores, las tres representan un tríptico, una continuación que puede ser visto independientemente pero que son más que un rótulo de unidad- y resurge la presencia de Ra´s Al Ghul (Liam Neeson) y la liga de las sombras, Bane hace hincapié en que es su sucesor, aunque hijo "ilegitimo", una vez que se descubre mucho más que un peón de causas ajenas al servicio de un inescrupuloso empresario John Daggett (Ben Meldensohn, el recordado Pope de Animal Kingdom) y que termina teniendo una causa afectiva -que tiene mucho de literal- a la cual seguir, el reverso/reflejo de Batman, la oscuridad que ha mantenido toda su existencia lo ha construido, lo ha vuelto cruel y lleno de venganza, algo superficial que recalca su fortaleza y su característica de rival difícil de vencer, y es que la historia requiere un poco de resonancia y simple vitalidad.

Se puede ver a Jonathan Crane (Cillian Murphy), el espantapájaros, como juez de los ciudadanos a los que se quiere despachar, muerte o exilio clama y obliga a cruzar el hielo quebradizo. Toda la obra y creatividad de Nolan retorna, se asimila como una cosmovisión que predomina como una singular propuesta de un nuevo Batman, único y a la vez verificable en la esencia de su padre Bob Kane que estaría orgulloso de la transformación a la que al día de hoy asistimos. Distinta a lo que hizo Tim Burton, pero que vivirán paralelas como dos opciones destacables. Una más pegada al carnaval, a la extravagancia, a lo puramente fantástico y a lo freak y gótico -valga la redundancia- del estilo burtoniano; y otra a una resolución mucho más verificable, que admite menos la inocencia y la dramatización de corte infantil, una más adulta, pero ambas divertidas a su modo. El comienzo no tiene nada que envidiar a una cinta del género de acción, en cualquier circunstancia impresionante y trepidante donde la precisión, los adelantos científicos, la CIA y terroristas se dan espacio, y eso gobierna la película, combinando la fantasía y lo que hay en el mundo actual, mercenarios escondidos en lo desagües o un táctico robo armado a la bolsa de valores.  

Otro protagónico junto al de Bane, un musculoso y calvo Tom Hardy escondido detrás de lo que parece un bozal y con la voz distorsionada, magnifico en lo que será un escalón más al estrellato en Hollywood, es el de Catwoman, Selina Kyle (Anne Hathaway). Se veía complicado que superara la actuación de Michell Pfeiffer y no lo ha hecho, sin embargo ha dejado una buena sensación, mucho pensando que ella se suele presentar algo cómica e intrascendente y requería de sensualidad y algo de oscuridad; en el filme de Nolan levanta las piernas en incontables situaciones misma danzarina de ballet o animadora en un partido de básquetbol, usa ropa apretada, se reviste de seducción, lo que aunado a su rostro hermoso puesto a la seriedad toma razonable contundencia. Se ha hecho loable su interpretación como una ladrona de guante blanco, su disfraz parecía innecesario ya que se podía deducir quien era por lo que más ha sido lucirla lo más apetitosa posible como asumir el personaje, poco ha sido el esfuerzo de no dar a conocer su identidad, pero el guión justifica esa elección, ella busca limpiarse de un historial delictivo y esa es su motivación principal, y ya que se sabe que es una delincuente menor conocida dentro de los archivos policiales poco implica saber o no quien es a vista de los demás. Otro punto es su ambigüedad en cuanto a sus acciones, termina jugando en ambos bandos pero algo reparable es que Wayne desde siempre le brinda el beneficio de la duda al extremo de caer en desgracia, interesante ya que de arranque ella muestra su verdadera inclinación robándole un collar familiar, comprensible solo porque Wayne descubre que ella quiere algo más, tiene alguna secreta intención que la mueve a tratar con criminales, agregando la atracción que ella despierta y como se sabe el amor perdona hasta lo imposible. Nunca antes Hathaway ha estado más hermosa y eso se aprecia porque asume un papel menos cotidiano a su frescura y ligereza, un acierto de un “osado” Nolan que ha confiado en la que parecía su carta más ardua de superar en cuanto a elegancia y complejidad; con esta actriz se da otra de su marcas de autor, articular componentes de lo minoritario con figuras populares (la trama tiene cierta dosis de intrincamiento y veracidad, pero visto bien tampoco es demasiado, nunca pierde de vista al público).

Sobre el mismo Batman hay que aplaudir que no cae en lo ridículo esperando de él una versión madura, asunto peliagudo sabiendo de que va el cómic, usar el calzoncillo encima de una malla es algo que puede ser muy risible si aspiramos a la credibilidad o estamos acostumbrados a los dramas relevantes, pero el hombre murciélago revestido de su aura todo el tiempo es rudo, parco, activo y oscuro, se moviliza bajo el uso de la alta tecnología –motos modernas que sirven para posturas sensuales (como las fantasías –pero respaldadas por el público- de Joel Schumacher, si me permiten la ironía), un aparato de vuelo impresionante y un vehículo de guerra que parece un tanque, prototipos que se ven bajo la lupa de la ingeniería militar de avanzada- y tiene una actividad que lo adscribe a estos elementos, puesto en el traje la voz cambiada de Bale y su semblante se imponen haciendo que esta película vibre en la pantalla, se sienta consistente y no nos hace creer en algo kitsch. Estamos ante un filme mayor salido de un cómic y que no deja de serlo, teniendo una perspectiva elogiable que alimenta nuestro lado más efímero con algo mejor y aun así seguirá siendo solo una opción a escoger, notando que no es la banalización de la complejidad sino la complicación de lo menor sin que tampoco lo sobredimensionemos y salga de su lugar de entretenimiento, además de fabricar sustancia en arquetipos con aire de outsiders y con ello estamos ante una gran parte de lo que significa hacer cine, un buen séptimo arte masivo.