lunes, 10 de diciembre de 2012

Tombuctú

He podido leer esta obra en tan solo un día, y es que si algo hay que resaltar inmediatamente en el autor, en el americano Paul Auster es su prosa ágil, tan  entretenida, con un buen nivel de calidad que la hace ser en parte sustancial y estética en dosis respetables. La historia es vista desde la existencia de un perro, Mister Bones, y juega a poner en los lugares comunes el razonamiento de un animal que va cambiando de dueño (pasa por cuatro), pero en quien resalta el amor por el segundo, el vagabundo poeta Willy G. Christmas, quien le habla de Tombuctú, el cielo, en donde se aceptan a algunos canes entre los humanos. En su discurrir Bones se enfrenta a creer en las personas y en salir adelante, mientras pasa aventuras en que se convierte en un perro de la calle hasta llegar a un hogar cálido y burgués.

Auster hace una pequeña crítica a Thomas Mann, lo llama aburrido aunque importante, y está en su derecho, más sabiendo que es la propia defensa de su arte, muy ecuánime porque lo suyo es poner entre manos algo sencillo, amable y en su medida valioso dentro de lo que deberíamos tener por entretenimiento y algo ligero, una literatura que no trata más que de la felicidad, la amistad y los cotidianos pero no menos fáciles contratiempos de la vida sin reflexiones grandilocuentes sino muy directas pero notables. Aunque Bones es un ente caviloso en cierta medida, como un ser promedio figurado en un animal, pero que finalmente se rinde a su condición de compañero de los seres humanos, y de mascota. Auster da la impresión de un hombre culto procesando información para hacerla muy llevadera, muy aceptable, pero sin perder un aura de individualidad aun en lo general.

En la trama hay un lado surrealista, Bones vive a través de sueños, que toman el lugar de la realidad, en estos se anticipa al futuro y puede hablar. Lo mejor del libro es la escena en que se describe la separación de Christmas. También Auster posee mucha ternura y gracia, hay varios momentos en que tranquilamente te saca una sonrisa, también te ubica en el lugar dándole coherencia al desenvolvimiento del animal. Sabe explotar el lugar común y darle una nueva personalidad sin perder la esencia. Es fácil querer a Mister Bones. También crea buenos personajes secundarios, uno puede imaginarse a Dick y Polly por ejemplo, aunque se da mucho en la descripción de Christmas que tiene un lado extravagante no del todo impresionante a pesar de poner mucha fuerza en él, no falla del todo con éste pero luce más audaz tratando con lo sencillo, con lo menos complejo y artificioso, ya que cae en algunos aspectos ridículos del que también parece muy consciente. Otro notable rasgo es que como todo buen autor no posee pelos en la lengua, puede ser explicito, pero sin perder simpatía o verse falto de idoneidad al lugar en que se adscribe, puede notarse algún exabrupto pero pasa sin mayor importancia.

El título se hace llamar Tombuctú y no hay muchos datos al respecto, apenas unas líneas y no hay nada de particular que no sea la reunión con algún entrañable compañero cuadrúpedo, no parece de mucha importancia en realidad salvo lo que intrínsecamente nos hace remitir el cielo y la vida después de la muerte, es además un reflejo de la lectura aunque esta se explaya mucho en algunas partes, es decir que implica mucha soltura pero sin perder consistencia, no es algo tan escueto como para evitar la imágenes mentales, no son solo palabras, hay un mínimo decente que sirve para coger forma.

No se puede sobredimensionar, es algo sencillo, pero trepidante, atrapante, dulce, gracioso, identificador, razonable, todos adjetivos que solo buscan agradecerle el pasar un buen momento entre sus páginas.

“A su debido tiempo, exploró los daños y descubrió lo que faltaba, pero como era perro y no biólogo ni profesor de anatomía, siguió sin tener ni idea de lo que había sucedido. Sí, era cierto que la bolsa estaba vacía ahora y que sus viejos conocidos habían desaparecido, pero ¿Qué significaba eso exactamente? Siempre le había gustado lamerse esa parte del cuerpo, en realidad había tenido la costumbre de hacerlo desde tiempo inmemorial, pero aparte de los delicados globos todo lo de alrededor parecía intacto. ¿Cómo iba a saber que aquellas partes que le faltaban le habían hecho padre muchas veces?”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario con educación. No coloques enlaces a otros espacios. Evita dar spoilers si bien todo aporte argumental puede expresarse con sutileza. De lo contrario no se publicará.