martes, 25 de diciembre de 2012

El quinto hijo

Éste es otro librito entretenido con el que he podido pasar un buen momento, avalado por un Premio Nobel (del año 2007), la escritora británica Doris Lessing. Y es que suelo leerlos con bastante entusiasmo, son mínimo interesantes y llevan un buen nivel. Lo que inmediatamente sorprende es que es bastante ligero para ser digno de esa famosa premiación, pero está bien escrito.

La historia es sumamente sencilla, de ahí que lo haya leído rápido en solo dos días, además de que no son muchas páginas, son 224. La trama se centra en una pareja que quiere formar una familia numerosa, contrarios a la actual tradición europea, en que por norma a partir de los 60 la mujer deja de ser ama de casa y busca mayores libertades. Sin embargo los dos protagonistas son unos rebeldes contra lo moderno, siendo muy convencionales, paradójicamente al inverso. Y en el deseo de sus sueños y metas, en el hogar lleno de prole y amor donde se reúnan amigos y seres queridos, que en un principio logran alcanzar, como centro de la felicidad, se ve convertida su expectativa en una frustración de último minuto, con la llegada del quinto niño, el cual en el uso de la hipérbole de la autora es una especie de gnomo humano o ser primitivo de una cadena perdida de la humanidad o de otra raza, el que produce terror en sus semejantes provocando la desunión de la parentela, aunque a la madre siempre le dicen que éste es un niño normal, aunque lento para el aprendizaje.

El libro recalca un inminente desenlace o tragedia, aparte de la cotidianidad y la destrucción del ideal, el cual queda como enigma a resolver con la lectura que dejo de tarea para cada lector interesado. En éste vemos crecer a Ben (a diferencia de los cuatro pequeños anteriores, este ocupa como leit motiv de la obra más de dos terceras partes del total), que de alguna forma es un ser humano de esencia dura, más fuerte y cruel, para muestra un botón: las mascotas suelen morir bajo la sospecha de sus poderosas manos, y solo una madre comprometida con su naturaleza puede contrarrestar su anormalidad y su peligro. La carga reflexiva que ostenta el texto se apoya en la exhibición sobre la predeterminación del mal y su lugar en la sociedad, que usa un cierto aire de fantasía y misterio propiciando una lectura de entretenimiento basada en la prosa afable y su trepidante desarrollo, provocando atracción y tensión sin repetirse al manejar un único punto al que se acoge. El tono es naturalista aun con ese toque de sobredimensión en el personaje, Lessing hábilmente juega a no  crear incoherencia con la realidad comprobable pero despierta la inquietud que reina en su creación.

Al tener un alto nivel de base literaria, Lessing ha sido un faro en la niebla para muchas escritoras  en el mundo a través de 62 años de carrera en las letras, sus personajes toman consistencia pero el problema radica en que queda en un cariz de superficialidad en lo que postula o es que la idea es demasiado simple para que trascienda demasiado, y subsiste como una curiosidad bastante lejos de lo contundente, aunque se pueden desprender algunos pensamientos interesantes, uno en particular es que aún en lo ortodoxo de las personalidades de los padres el amor materno o paterno no necesariamente equivale  a una regla, David desprecia a su hijo tanto que hubiera aceptado su muerte, y Harriet siente un deber de protección hacia él pero no necesariamente bajo un síntoma afectivo, ya que también lo considera un extraño –aunque sobrevive y se adapta gracias a ella, en que destaca otra idea: la importancia de la educación en la conducta aun a toda prueba- y hasta en algunos momentos le llega a temer maquinalmente.

Tenemos un libro ágil, bien redactado (capaz de manejar gran colectivo de personajes y diálogos fluidos y bien definidos entre ellos), ameno pero efímero en cuanto a alcance, el cual estoy seguro que atrapará la curiosidad entre sus hojas. La buena mano aún se nota, aunque  es un texto menor, teniendo en cuenta en varios sentidos que es el de un Premio Nobel.

“-Tenéis cinco hijos- dijo Dorothy-. No uno. ¿Te das cuenta que es como si yo fuese la madre de los otros cuando estoy aquí? No, creo que no te das cuenta. Has estado tan absorbida por… Ben empezó a aporrear de nuevo la bandeja con la piedra en un frenesí de triunfo jubiloso. Parecía creer que estaba martillando metal, forjando algo: era fácil imaginarle en las minas de las profundidades de la tierra… con los suyos… Volvieron a esperar que cesara el ruido.”                                                                             

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