martes, 9 de octubre de 2012

Te odio amor mío


El teatro Británico en la dirección de Alberto Isola presenta la siguiente puesta en escena del grupo teatral español Dagoll Dagom que mezcla la música popular de Cole Porter con los relatos sarcásticos de gente independiente y moderna (dentro de su época) de Dorothy Parker, contando con de Jazz Jaus, 6 instrumentistas bajo la batuta tras bastidores de Carolina Araoz, un sexteto que yace al fondo del escenario con el piano dominando el ambiente, siendo 8 actores los que dan vida a las 19 canciones de esta obra ambientada entre 1942 y 1944 en New York.

La elegancia, la calma y el compás del jazz dominan la escena mientras se dan 7 relatos que perfilan los avatares de la fama, el amor, la sensualidad, la soledad, las relaciones de pareja, el desengaño afectivo, la seducción entre otras emociones que acompañan a estos personajes en su interacción nocturna en las salas de baile o en el diario discurrir de la vida familiar de a dos, con amistades o amantes, habiendo intersticios de breves vínculos de actuación con las historias centrales y la presentación de cada nueva trama a manera de lapidaria y audaz introducción. El escenario son los muebles o asientos de un decorado específico que remite al tren, al taxi, a una sala de comedor, a un bar, al dormitorio, etc.

Bajo una sardónica y cínica mirada que sobrevuela el ambiente, con algo de colorida pero discreta melancolía inmersa en la gracia del buen gusto sin aspavientos de –mayormente- gente promedio educada, entre el pudor y el calor de la revelación, la constante aventura, la esencia de la soltería y una cierta inocencia o romanticismo que se trata de “esconder” y se escurre como tras unos tragos desinhibidos que confiesan la intima verdad, creándose mediante el arte una confabulación con una idiosincrasia, la de la autora de aire liberal con añoranza de una cotidianidad aplastada por afectos con predominancia del goce egocéntrico que la festividad de Cole Porter evoca de alguna forma, la de una felicidad efímera que nos satisface y nos revive en cada retorno a su seno aplacador de los males ordinarios que nos conmueven y nos hacen sensibles, como en medio del baile y la profundidad existencial de la vida.

El amor es la parafernalia que transmuta en cada individuo puesto a las órdenes de un escurridizo Cupido. Una fallida vinculación ejerce de hegemónico estandarte, como en la irónica espera indetenible en el teléfono. Una fe inquebrantable en el corazón mientras somos nosotros mismos, libres por defecto, luchando por aceptar al otro, al huidizo Casanova, al mejor amigo que no nos quiere como pareja, al esposo enamorado de su milicia, al recuerdo de un adiós, a la inquietud de la personalidad subyugante y egoísta del marido. Se trata de mujeres dispuestas a sentar cabeza aun incluso para las de solvencia individual como cantantes o escritoras, que aspiran a vencer las reticencias del vacío o de lo que no sea sentimiento por un ser amado, pero como en el orden de los temas musicales podemos notar y en su globalidad como historia (afirmación de expresión coral semejante a ser cuentos y novela) la derrota vislumbra a última instancia solo que perdiéndose en la marea de la fiesta que nos acoge.

El elenco de actores canta convenientemente al punto de cumplir las expectativas si bien a algunas canciones les falta fuerza y pueden pasar desapercibidas, sin embargo cumplen con entretener y representar su papel a órdenes del sonido. Ebelin Ortiz, Denise Arregui y Éricka Villalobos aunque no tan populares han sido o se consideran además cantantes y se puede decir que se nota en parte esa cualidad.

Paul Martin tiene el papel de galán como en la telenovela de antaño, y resulta gracioso con su cambio de voz al alimón de una nueva mujer llamándolo por teléfono, quintaesencia del lugar común, empero no falta una risa al hilo de ello. Junto a él está Denise Arregui, la cual en esta imagen luce de cerca un buen cuerpo siendo bajita (a diferencia de la televisión), y a quien el exasperarse le sienta natural por culpa del personaje de Martin, acto reflejo de orden sencillo que produce sonrisas. En tercer lugar está Ericka Villalobos que sin proponérselo se ve sensual y sabe combinarlo con desazón, tristeza y comedia –lazos que se repiten en la realización teatral- demostrando experiencia en las tablas. De patito feo y chismosa hace Trilce Cavero con otras bromas fáciles, mientras Lisette Gutiérrez se propone en su interpretación ser antipática sin querer con el esposo, desbordando un aura medio naif que agrada. Miguel Álvarez demuestra un carácter camaleónico aunque con dos papeles precisos pero diferenciables, uno algo tonto y otro serio. Raúl Zuazo es el que cae más simpático del grupo aun no siendo la característica central de lo que representa. La voz le ayuda ya que tiene un cantar meloso que se diferencia de los demás. Y Ebelin Ortiz destaca en el canto dentro de lo que ofrece a nivel personal aunque hay una línea equidistante en el conjunto.

Estamos ante una comedia musical de amable gracia dirigida a un público maduro en el aire sencillo, que se puede disfrutar con tranquilidad al poseer un ritmo ágil y bastante móvil en la trama, teniendo encanto sin efusividad, y buscando la complicidad que toda arte requiere. Estoy seguro que especialmente las mujeres más contemporáneas se sentirán identificadas y en general todo aquel que quiera entretenerse con algo que respeta al espectador que espera relajarse.

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