miércoles, 31 de octubre de 2012

Halloween Maratón 2012



Haute tension (2003, Francia)
Alexandre Aja nos dio éste filme gore con la actriz Cecile de France, una de sus mejores películas para ella, y su punto más alto para él que lo hiciera famoso en el género. Éste es un filme que guarda 20 minutos finales inconmensurables en que da un giro sorprendente a un nuevo subgénero de terror. Nunca podrán separarnos es la frase que define la trama, mezcla de violencia y sexo, sadismo, excitación, desmedido afán de posesión. Es un slasher despiadado que hasta inventa un arma en un garrote con alambre de púas. Un asesino en serie que persigue mujeres llega en su camioneta a una casa descampada en el campo, toca la puerta y empieza a matar, en el lugar en que dos mejores amigas van a visitar a la familia de una de ellas. Sobresaliente protagonismo de la dupla de actores en dos caracteres enfrentados, de France y Philippe Nahon. Éste último yace en un tipo vulgar vestido con overol, botas de minero y gorra de béisbol. Da la imagen de fuerza y salvajismo que se espera de alguien desquiciado pero frío y engañosamente ecuánime. Ella parece una heroína salida de Prueba de muerte (2007). Destaca un tercer personaje, Alexia (Maiwenn), reducida a escombros en un aire de áspero e implacable desasosiego, bajo una humillación extrema que parece una muestra demencial y moderna de esclavitud. Se trata de un filme directo, rudo, sencillo, de pocos diálogos, muy fácil de digerir, salvando la exposición descarnada y trepidante. Es una película entretenida. Tiene un excelente despliegue de ocultamiento, escape y contraataque.



El páramo (2011, Colombia)
Estamos ante un filme de mucho suspenso en que nueve comandos del ejército colombiano llegan a un puesto militar abandonado que parece haber sido atacado por la guerrilla en un páramo. Una vez en el lugar encuentran una extraña sobreviviente de aspecto degradado y atemorizador tras un muro que advierte el temor por algo sobrenatural. En adelante cunde el miedo, el desorden y la muerte. Es un filme en que el director Jaime Osorio Márquez ha sabido brindar justificación para generar realismo en la progresiva eliminación de los soldados, hay creatividad y ambigüedad en lo que acontece. Existe un ritmo que mantiene tensión en un clima de sorpresas en medio de sombras, de neblina, de oscuridad, mientras surte efecto el generar un background paranormal, pagano y supersticioso. ¿Es un karma el que están pagando? Parece la pesadilla de algún militar que ha cometido crímenes en la facultad que creen tener en la guerra. Ayuda mucho la atmósfera que se vive, el carácter de misterio, de abandono, de estar aislados, en un lugar destinado al envilecimiento, a los temores, a los excesos, a la sobrevivencia. El enemigo resulta muy natural habiendo un audaz juego de expectación, gracias a algunos artilugios claves. Se rompen los elementos que definen las fuerzas armadas, disciplina y sentido de grupo. También hay mucho contexto con sangre y cadáveres, mientras hay una normalización de los militares. El temor se vive en otro nivel de pensamiento, los efectos visuales están en el entorno más que en los protagonistas. Resulta un juego mental bastante interesante.



Livide (2011, Francia)
El presente es un filme que apela a los miedos más viscerales, dentro de un aire de deja vu, de estar ante algo visto pero mezclado para que se vea original. No logra adjudicarse una trama ingeniosa aunque creando sobresaltos primarios es donde está su fuerte y por ende la recomendación. Inquietan las cruces en el cementerio, la desaparición de varios niños, el encierro en la mansión, el perderse en el interior, los fetos enfrascados, los juguetes moviéndose, las muñecas de porcelana rotas, la taxidermia, el aire clásico en el inmobiliario, una muñeca humana que parece estar embalsamada y eso es solo el comienzo ya que el misterio aguarda. Los directores galos Alexandre Bustillo y Julien Maury ponen a tres muchachos de la clase trabajadora a buscar un tesoro en una vieja casona donde hay una anciana en coma postrada en la cama con una llave desconocida. Van a un lugar tenebroso que pronto les hará arrepentirse de haber entrado.


La casa muda (2010, Uruguay)
Una muchacha que va con su padre a reparar una casa de campo entra en pánico y en shock cuando descubre que en la vieja casona hay un criminal, anticipándose a enfrentar un antagonista, como a su vez a la muerte. En medio de la noche con un farol en la mano recorre el inmobiliario descubriéndose que guarda una relación oscura, sexual y trágica en relación a ella en que una pérdida subyuga su pensamiento. Éste es un filme un poco tramposo descubriéndonos quien está detrás de las muertes, que tiene más lógica si se puede ver como que no es lineal lo que observamos (pegado a lo surreal), pero como parece seguir el tiempo real (salvo que sea solo una técnica), entonces se nos esconden y dificultan muchos detalles. La película consta de una única larga toma en que se va hurgando en el lugar al pasar de un aposento a otro. Es una historia de suspenso en que el espacio desconocido se va abriendo al espectador y a su caminante, donde la luz nos va guiando presagiando lo inesperado en cualquier momento. La propuesta tiene un toque enigmático, se basa en un caso de hechos reales que no se ha resuelto. Es un filme muy bien dirigido que economiza sus recursos pero los magnífica en la trama, se van haciendo claves en el detalle. Es sugerente poniendo el miedo en la sensación de peligro y misterio del ambiente. Parece muy convencional pero su forma de poner algunos toques paranormales y psicológicos le da un alcance múltiple, mayor. Se ve visualmente sencillo y minimalista el trabajo del director Gustavo Hernández pero aun así tiene una trama en parte críptica. Dosifica muy bien el tiempo sin repetirse, una virtud viéndose que todo gira en el interior de una casa, por sus rincones, habitaciones y pasajes, como el título nos refiere, una lugar que guarda muchos secretos. Florencia Colucci se mantiene gritando, asustada, llorando, lo que crea una atmósfera de inquietud constante. Hay una iluminación base que hace tenebroso y mínimo lo que se observa al andar. Tenemos entre manos una apuesta muy inteligente en su estructura, que sabe construir un filme con precisión formal en lo visual aunque coqueteando con la ambigüedad de su historia, con el misterio y los secretos. No tiene mucha sangre ni grandes efectos especiales, pero genera un potente y notable estado de alerta.


Jigoku (1960, Japón)
Clásico de culto de tierras niponas que ha servido como inspiración a otros cineastas, perteneciente a Nobuo Nakagawa. Es una propuesta extravagante, personal, excesiva, una revisión budista en donde podemos ver fácilmente emulada La Divina Comedia, el infierno de Dante. Un hombre correcto se deja influenciar por un amigo –un Mefistófeles asiático cínico, teatral y burlón- y pronto entra en una carrera de pecado que incluye el asesinato. Tras la figura de alguien bondadoso pero manipulable afloran graves faltas que son provocadas sin intención, éste se rodea de mucho drama y una flagrante mala suerte, y es que parece la humanidad destinada al infierno (rige la frase de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra), una mundanidad afectada al interés de exaltar el defecto humano. Tiene entre varias particularidades que en la segunda parte no existe casi trama, se llena de una visualidad abrumadora, cundiendo el terror de un sadismo naif. Es una película donde nadie se salva del castigo, doctores de mala práctica profesional interesados en el dinero, policías y periodistas corruptos, militares fratricidas, adúlteros, alcohólicos, promiscuas, suicidas que caen presas de un mundo ultra terrenal en que se dedican a sufrir y nosotros literalmente a observarlo. En ese submundo el protagonista principal busca salvar a su bebé mientras atraviesa los 8 círculos del infierno. Es una película de rasgos muy de cine B donde te chocan los cromatismos de la pantalla, hay lugares comunes en dobles a propósito como con Yukiko y Sachiko, algunas muertes lucen falsas –la caída del puente- aunque otras son de amplia estética (el yakuza sobre el charco de agua), hay sabor a telenovela barata –la madre infiel confesando una hija oculta, otra progenitora enloquecida repitiendo el nombre de la hija muerta-  o hay aspectos incongruentes y repetitivos en la trama. Exhibe una sensación de imperfección notoria pero también por todo ello se luce como un filme muy libre y audaz, vastamente estrafalario y curioso dando una versión original al cruzar el río Sanzu y pasar hacia el juicio del fuego eterno.


El pueblo de los malditos (1960, Inglaterra)
Un clásico del cine de terror en toda regla, convencional, ágil y elegante, dirigido por Wolf Rilla, y que tiene un arranque espectacular y misterioso. Crea un contexto en que unos niños alienígenos han nacido intempestivamente de madres humanas pero de dudosa paternidad en un pequeño pueblo inglés llamado Midwich. Llevan cabello rubio platinado, les brillan los ojos y tienen un coeficiente mental superior al normal con poderes telepáticos, lectura de la mente e hipnotización. El filme tiene una estructura muy bien planificada y hábilmente expuesta pero le falta un aire de pavor en sus postulados ya que tiene un aire inocente e inofensivo (aun provocando muertes, muy cuidadas y sugeridas), pero como historia de aventuras es muy original y entretenido. Sobresale el actor George Sanders que como científico más que como padre de uno de los niños cree en el poder superior del intelecto pero luego se da cuenta que mal encaminado e incontrolable representa el miedo que produce lo desconocido. Hay una notoria lectura simbólica sobre la raza aria, sobre la etapa nazi, sobrevuela el temor que desató en la segunda guerra mundial y su nefasto desarrollo, que nos retrata la inteligencia al orden del mal. Se trata como un fenómeno general que compete al mundo. Es muy audaz ver a los niños temidos como si fueran una especie de monstruo de Frankenstein, y es que en ningún momento sus apariencias pequeñas se vuelven una carga para su exterminación ante el temor que desatan, hay noción de que son el enemigo y aunque ellos dicen solo defenderse no conocen la moral, tienen sus propias reglas. Es una clara revisión histórica en clave. Predominan las ideas del aislamiento y el rechazo a lo diferente. Presenciamos un filme inteligente en su profundidad y claridad aunque guarda sus elipsis, que quedan fuera sin problemas. El pueblo de los malditos es una película sumamente entretenida.



Thirst (2009, Corea del Sur)
Uno de los nombres importantes de Corea, Park Chan-wook, nos trae una historia de vampiros, con la actuación de Song Kang-ho como un padre católico que quiere sacrificar su vida por la humanidad y que termina en una vuelta de tuerca no pudiendo controlar el instinto de pecado una vez enamorado de una mujer casada que lo arrastrará a la corrupción. El cineasta surcoreano mezcla un gore implacable, de constante exposición, con el humor negro, dos rasgos muy propios del séptimo arte de este país. A su vez nos conmueve con una historia de amor en medio del salvajismo de la naturaleza. Ella pretende ser un zorro tras una gallina mientras él es un hombre con dudas existenciales. Se mezclan paradigmas, hay una lucha interna entre lo que uno representa. Se rompen límites en fondo y género, pronto se confunde el bien y el mal, las apariencias caen por falsas y sin embargo la primera muestra de afecto en la entrega de los zapatos engloba el concepto. Se trata de un filme sobre la enajenación de la pasión donde la muerte es secundaria. No espanta en absoluto aunque hay que tener un estómago fuerte, entretiene en otro nivel sin adscribirnos a un único lugar. Genera emociones encontradas entre rechazar o aceptar a la pareja protagonista y es que a fin de cuentas no hay rótulos contundentes sobre ellos, van hacia adelante y atrás pudiendo redimirse o seguir cayendo, un canto de excesos visuales grotescos en un aura de despreocupación, Thirst tiene comedia, sensibilidad, irreverencia, intensidad, muy en el estilo que tanto entusiasma a los seguidores del cine surcoreano.


Viernes 13 (1980, Estados Unidos)
Éste es uno de los slashers capitales del género, dirigido por Sean S. Cunningham, explotado hasta la extenuación, que tiene un origen de culto. Un campamento llamado Cristal Lake vuelve a abrir sus puertas a un grupo de jóvenes tras algunas muertes sin descubrir el culpable, las cuales aluden al ahogo de un niño llamado Jason Voorhees. Se habla de una maldición que no intimida a los aventureros dispuestos a divertirse y a tener sexo, y como resultado se da un despliegue implacable de desaparecidos en medio de la incomunicación mediante el ataque con objetos punzo-cortantes. Uno a uno será presa de un asesino oculto en el bosque al cual solo vemos en el desenlace. Se hace un poco inverosímil al final, sin embargo el misterio alimenta la razón de las muertes. El filme es menos visual que muchas de las otras realizaciones que vendrían después, pero en la línea de la música de identificación que antecede al pánico, los gritos, un destino firmado y un final abrupto no tiene pierde, resultando de visionado obligado. El primer Viernes 13 es una reliquia del pasado que ha perdido fuerza con el tiempo ante un embate mucho más sádico, más explícito, más detallado y más crudo dentro del avance del cine de terror pero que entraña cariño por un subgénero que se creó a su vera. Recuerda en parte a Psicosis (1960), siendo curioso que sea más una introducción en toda regla, una apuesta visionaria, que algo literal. Mantiene la invisibilidad del ejecutor, lo que le da prioridad a los asesinatos, haciendo gala del fuera de cámara, para enaltecer misterio, sorpresa e impacto, desde cada acto hasta la conclusión, mientras en el trayecto proporciona el esquema que forma las estructuras de los filmes de la saga. Está primero el tonteo de unos veraneantes jóvenes, alegres y lujuriosos (la resonancia sexual es parte ineludible), y luego una matanza paciente, de persecución en descampado, personalizada, bajo reglaje, omnipresente y de feroz culminación. Vemos entre los muchachos al actor Kevin Bacon y no es precisamente el héroe. En esencia hay una intrascendencia general, es el ambiente de los jóvenes que pagan por su libertad, dispuesto el filme para que predomine la acción, en tan solo un día. Estamos ante entretenimiento puro y duro del bueno.


Session 9 (2001, Estados Unidos)
Ésta es una película de terror psicológico, que dirige Brad Anderson (El Maquinista, 2004). Nos pone a ver los arreglos de 5 trabajadores en un manicomio abandonado. Sobresale Peter Mullan como el jefe de operaciones de la restauración que yace deprimido por problemas personales, mientras hay roces en su equipo y se descubren intereses propios. Destaca un ambiente rápidamente enrarecido y expectante, habiendo conversaciones curiosas sobre el recinto y los distintos pacientes. Prima la presión mental en el espacio habiendo una fuga con el pasado del lugar, trama que va en paralelo con otra sobre personalidad de desórdenes múltiples, de ahí proviene el nombre del filme, sobre las sesiones que tuvo un enfermo homicida con su psiquiatra que interesa a uno de los trabajadores que escucha sus grabaciones. Inquietan las voces moduladas de distinta forma en el confesor tras la hipnosis. Es una propuesta de bajo presupuesto que se ha convertido en un filme de culto y que para la crítica americana yace entre las mejores del género. Posee realmente una argumentación sencilla en medio de un lugar intimidante que apuesta al golpe en el desenlace. Le pesa un poco la fama pero genera mucha expectativa saber cómo y cuándo se va a desencadenar el terror.