viernes, 10 de agosto de 2012

Olor a ti


Escrito por Mario Salazar

En seductora posición echada en mi cama con los cabellos oscuros extendidos emanando vapor de copulación entregada desplazados por el lecho empezando por las suaves almohadas y las piernas ardientes colocadas en ángulo perfecto como los brazos sueltos tendidos simulando el vuelo en el viento que terminaban llevando los dedos abiertos delicados radiantes de sol dormía desnuda en inmóvil sosiego de vivir protegida sin defenderse de mi pleno amor descansando en sueño encantado y sereno sin sábana que la cubriera ante mi mirada atónita rodeada de placer visual que deslizaba sobre su composición de musa de mis poemas más puros, escritos y por escribir, reflejados en toda ella, solamente en ella.  Hacia tan solo un rato habíamos hecho el amor en medio de gemidos y sudor libre de ataduras y del mundo que nos rodeaba, había olido su estómago poco después de pasar mi lengua por sus senos redondos y sus pezones de aguja carnosa de color rosa deliciosos bajando despacio hasta oler su pubis celestial,  sumergirme en este, besarlo y lamerlo en medio de su vellosidad de rosas, sus labios suaves y su hondo interior perfumado con el aliento de su naturaleza de diosa, regresar a donde me gustaba que era su vientre, seguir lamiéndolo y olisqueando lo que me llenaba de embelesamiento, ese olor a mujer deliciosa, natural, del gusto nacido no solo de la belleza y la atracción de su cuerpo curvilíneo y voluptuoso sino de mi mente que se dejaba dominar por su tersura y su fino olor que me recordaba el sabor de lo dulce, el agradable olor que amaba de su persona y que al día de hoy me trae innumerables recuerdos de goce completo. De satisfacción interminable e irrepetible. Era lo que pensaba por entonces porque nunca me imaginé que eso terminaría, detenido ahí en el tiempo como si este no existiera y su cuerpo y el mío fueran esa imagen eterna que cargo como metido en un cofre de reliquias inigualables.

Me levanté y vi el marco donde alguna vez estuvo su fotografía, en ese sombrero de lana que tejió su abuela en color violeta con una flor a su izquierda el cual nunca se quitaba, su rostro canela, sus ojos color caramelo, sus dientes organizados para dar esa sonrisa que derretía mi espíritu y me volvía loco en su ternura,  su vestido caía no sin pasar por sus líneas de volumen que la hacían un deleite para mi mirada obsesiva y admirada de tener  a una mujer tan guapa y de tan hermoso cuerpo, no por ser la más bella de todas sino porque ante mis ojos aunque la realidad también era cómplice de mi delirio era la mujer que hubiera esculpido Miguel Ángel buscando la perfección. La miraba en ese cuadro vacío con los ojos de la memoria.

Esa tarde fui a la Universidad a realizar unos cursos como me era habitual en mis estudios para obtener una carrera en una materia de letras, me senté y abrí el cuaderno, escuché la clase que versaba sobre un tema libre con respecto al amor en la literatura, escuchaba a las muchachas expresarse con pasión defendiendo poemas y novelas de romance, a los jóvenes les era un tema distante y refutaban lo que ellas decían aduciendo que eran cursilerías y simplezas, ellas no se quedaban atrás y decían que el amor era lo más preciado que tenía el ser humano y no había arte donde no hubiera por lo menos una gota de amor. Había una polémica como de costumbre, la clase buscaba que los alumnos tuvieran esa libertad y no manifestarse en una cátedra cerrada a la discusión y al pensamiento personal,  se tenía que pensar y no solo repetir o memorizar, situación que me agradaba a pesar de no lanzarme a discutir con ahínco ni con prolijidad, mis intervenciones eran cortas y muy raras,  sin embargo el tema del día me interesó y trate de ponerle el máximo de atención.

Al final no pude seguir el tema, ella aparecía con cada expresión de las muchachas de la clase que despertaban el corazón con sus bien fundadas defensas, aún estando solo y habiendo sido abandonado por el amor. La vi por primera vez un día del que ya he olvidado su fecha exacta. Había llegado solo como a las once y media de la noche a una discoteca que había abierto un amigo mío en cooperación con otros dos, él muy amablemente me invitó a la apertura del lugar diciéndome que iba a ser estupendo, algo que recordar por mucho tiempo y eso me animó siendo poco de salir los fines de semana, también estaba el hecho de que no iba a estar solo y que tendría a alguien con quien manejar mi timidez y pasar un buen momento porque mi amigo era extrovertido y generoso por virtud.  Se oía mucho ruido cuando entré el que me afectó el oído acostumbrado como natural solitario al silencio y tampoco pude encontrar  a mi buen compañero para mi mala suerte,  lo que me dejaba en vilo. Me puse a deambular por sus contornos esperando toparme con él o ver que podía hacer durante esa noche, no era proclive a bailar ni conversaba mucho por eso me sentí algo abrumado por mis pasos en los pasillos y con el tumulto de los movimientos y saltos de los danzarines jóvenes, el espacio estaba copado de gente, habían hecho una buena publicidad y llegaron de todas partes a la discoteca, la música rotaba no era que solo se escuchara un único estilo, podían saltar de la salsa hasta el pop. Lo más lógico me dije era que me acercara a la barra para no parecer fuera de tono, me pedí un trago exótico, de aquellos que le echan colores primarios al trago, no era en Lima muy varonil tomar uno de esos aperitivos pero nada de ello a mí me importaba, las personas jóvenes como yo preferían el ron o la cerveza, además los tragos exóticos eran más costosos.  Como no tenía en que gastar durante la semana digamos que me sobraba el dinero que provenía de mis padres que me lo daban para mis necesidades superfluas. Los billetes se iban más en libros que en otros asuntos pero sobraba una buena cantidad, tampoco abordaba la literatura con desenfreno sino como una actividad mesurada siendo ya suficiente con mi carrera que era de letras.

Una vez en la barra me puse a beber del sorbete mirando lo que sucedía alrededor haber si encontraba una ocasión para ser parte de ella y al terminarlo rápido me pedí un trago más igual al primero,  estos son engañosos, parecen bebidas de mujeres como le dicen pero son muy trepadores y te alcanzan con desmesurada velocidad la cabeza y te marean. A mi lado llego una chica con un sombrerito ridículo para el lugar en que estaba me dije en cuanto la escuché pedir una cerveza con su voz atronadora, seguro que por el ruido que no permitía hablar con normalidad y que me hizo voltear a verla, ésta se sonrió y miró mi colorido trago aguantando una pequeña carcajada quedando el intento en una hermosa exposición de sus dientes alineados perfectamente, parecía modelo de comercial de pasta de dientes fue lo segundo que me dije cuando la miré por segunda vez detenidamente.

- Hola, ¿qué tal la estás pasando?
Me dijo arrojadiza descuadrando mi seguridad y mi mirada inquisitiva en ella, a lo que le respondí que bien.

- ¡Es una fiesta grandiosa!, este va a ser mi punto, de hecho, de ahora en adelante. Va  a ser muy conocido este lugar estoy segura y atraerá a chicos muy guapos también.
Esbozo una sonrisa y se bebió un trago largo de su cerveza nacional propia de la capital de los Incas, la miré como que era una chica avispada por su comentario banal de los chicos, pero eran tiempos de igualdad entre hombre y mujer, y porque no una chica va a mencionar a los hombres como carne si nosotros o la mayoría de nosotros lo hacíamos igual.

- Sí,  es una buena discoteca dije sin argumentos y con la voz apagada, a mí realmente me parecía nada fuera de lo común, un encierro de chiquillos sin futuro para ser sincero.
Nos miramos sin  hablar, a ella le brillaban los ojos y su sonrisa parecía una característica inamovible de su personalidad,  se veía que la estaba pasando bien en comparación al aburrimiento que yo sentía hacía ya buen rato,  también tenía bonitos ojos color miel debajo de ese sombrero que me recordaba una mala imitación de los gorros de la época de los treinta de las películas de Chicago. Al pasar un tiempo en silencio donde hice gala de mi incapacidad comunicativa con las mujeres extrovertidas y lindas, ella me agarró de la mano y me jaló a la pista antes que dijera que bailaba pésimo pero no hubo que decirle nada ya que ella empezó a reírse de solo verme pero no le molestaba mi falta de coordinación porque se daba vueltas, saltaba y seguía bailando.

En medio de diferentes bailes y ritmos que eran mi tortura empecé a preguntarle sobre su vida, cómo se llamaba, qué estudiaba, dónde vivía y un sinfín de preguntas que buscaban no aburrirla teniendo dos pies izquierdos para el baile lo que podría terminar espantándola porque todo lo malo cansa al final. Ella contestaba pero a veces se pasaba de largo algunas preguntas para ensimismarse en bailar que le encantaba por lo que  se veía, se movía al compás de la música y se deducía con facilidad que le salía natural a parte de bonitos los movimientos libres que hacía. Bailamos y tomamos cerveza durante la madrugada y no nos dejamos por ningún instante salvo un par de idas al baño de ella y una mía, cambié mis tragos raros por cerveza para acompañarla, bebimos mucho y bailamos más, perdí la vergüenza y lucí todo mi esperpento en la danza,  hice honor a que la práctica hace al maestro y yo no había practicado absolutamente nada, era un elefante dando pisadas asustadas ante una hormiga, así de horrible se me veía pero a ella eso le importaba un bledo, como era, una personalidad cimentada y segura de sí misma.

La empecé a observar con atención mientras bailábamos o tomábamos, especialmente cuando nos jugamos un par de  mesas de billar que había en la discoteca donde demostré nuevamente que me faltaba calle como dicen los que han vivido muchas aventuras, era linda, tenía un cuerpo fenomenal, sus piernas eran una alusión a lo apetitoso aún descontando los tacos oscuros que llevaba puestos,  esas pantorrillas y esos muslos eran un regalo divino y un sueño ya en mi consciencia, desató mi deseo por ella y su personalidad me alegraba, me atraía más hasta ella. También me hizo preguntas que respondí religiosamente aunque hubieron una que otra mentira buena que había que usar para no caer en que no tenía nada de mundo y que me la había pasado en la oscuridad del ostracismo del buen muchacho, hice gala de mi mejor don, mi cultura que contaba de mucha televisión de donde cubría mis carencias en la experiencia de la vida, las series y las películas me daban pautas para contarle algo divertido y parecer entretenido, la hacía reír y eso me hacía feliz. Me saque la camisa de dentro del pantalón y abrí un par de botones superiores, me relajé y puse mis pies en la tierra, me aclimate a su espontaneidad, su alegría por la vida y su optimismo.

Me enseñó a agarrar el taco correctamente haciendo la figura de un conejo en las sombras, no sabía si era por tomarme el pelo pero le seguía el juego, increíblemente esa chica me había conquistado, estaba enamorado con un par de horas de olerla, de sentirla, de vivirla, ella era la vida que se me había ocultado tanto tiempo. Al regresar a la pista de baile, una canción romántica nos hizo pegarnos el uno al otro, de pronto ella clavo su mirada en la mía, sufrí un poco al ver sus ojos caramelo indagar en mí y me decidí, tenía que hacerlo o morir en la desolación, la besé y nos besamos, abrimos nuestras bocas y nos devoramos, la abracé y cerré los ojos viendo el paraíso en mi imaginación figurado en ella, sentí el amor y ese fue el inicio de nuestra relación.

Sonó la campana de fin de clases, el profesor dio por terminada la cátedra y los alumnos se pusieron de pie para retirarse, me paré y me fui con mi mochila al hombro,  saqué un café de una de las máquinas instantáneas y me senté en una banca a esperar la siguiente clase sorbiendo despacio que estaba caliente viéndola en los rincones del pasado como lo venía haciendo desde que se fue.  El dolor seguía ahí en cada esquina a pesar del tiempo,  ella estaba metida en mi cabeza continuamente, no obstante se ha ido me dije con severa resignación, vive en otro país, decidió irse, debes de aceptarlo, la vida sigue. Todas esas reflexiones no me calmaban aunque seguía haciendo mi rutina diaria, la veía en cada objeto que compartimos,  en cada aventura nueva y  en las vivencias que pasamos juntos, esa primera noche el aroma de su cabello se me impregnó y nunca me abandonó, estaba empapado del mágico olor de su cuerpo, de su personalidad que había calado hondo en mi corazón. ¿Qué podía hacer? Me dije una vez más de una infinidad de veces que me lo he repetido, se fue para siempre y con ella la mitad de mi vida.

FIN

3 comentarios:

  1. Las pérdidas son siempre duras, tanto si son para bien como si son para mal... igualmente, hay que afrontarlas como buenamente se pueda.
    Buen relato ;)

    Besotes

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  2. El aroma nos trae a veces recuerdos tan intensos como si fuesen realidad.
    Hay personas que nos marcan y sin las que nos parece imposible seguir viviendo pero te animo a seguir adelante y seguro que encuentras a alguien que te llene aunque ahora todo te parezca oscuro.

    Un abrazo.

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  3. No hay nada que nos haga recordar tanto como el olor... Nos hace retroceder, y ver, sentir, casi volver a vivir aquello que recordamos. Un relato magnífico Mario, con muchos sentimientos, con muchas emociones plasmadas en él.
    Besotes!!!

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