viernes, 31 de agosto de 2012

Desayuno en Tiffany´s



 “Nos encontramos un día junto al río, y ya está. Los dos somos independientes. Nunca nos habíamos prometido nada.”

Truman Capote era una figura llena de irreverencia y que gustaba del glamour, por lo que esta novela corta muy famosa lleva toda esa esencia, Holly Golightly es una dama que vive de la generosidad de hombres pudientes, tiene 19 años y gusta de los caballeros maduros, no siente que tiene un lugar en el mundo y por ende no le ha puesto nombre a su gato, para muchos es una loca que ha rehusado ser famosa, una farsante que es verdad, para otros un imán para el amor.

La historia gira en torno a su relación con el narrador, a quien se le llama Fred, como el hermano de Holly, él es un escritor en ciernes que vive en el piso de arriba de esa belleza delgada elegante de amplios lentes de diseño oscuros a la que un día conoce y no puede despegársele, así sea fresca, descuidada y superficial; ella sueña con hallar un lugar como Tiffany´s al que decirle hogar a pesar de que siente que los diamantes se ven solo bien en las mujeres mayores, su lealtad le acarrea problemas, y  a pesar de lo que parece es una fémina solitaria sin verdaderos amigos, a su vera solo hay tipos interesados en su físico.

El tema sustancial que va debajo es la imposibilidad de encontrar el amor, no sentirse que perteneces a ninguna parte, ella misma se cataloga como una viajera, y a pesar de que ha tenido la oportunidad se siente un ser salvaje, indomesticable, y eso irradia en quienes tampoco ven por ella, es demasiado “independiente”, Holly es un ser que sufre por su forma de ver y manejarse en la vida, esa suntuosidad y banalidad le cobran la factura, y es que lo fácil que llega también igual se va, recogemos lo que sembramos. Si bien Capote no quiere ser moral, y es abogado del diablo con su personaje, a la que la trata con sutilidad a pesar de que ella no tiene pelos en la lengua, nos despierta de esa majestuosidad y encanto de su femenina creación para mostrarnos un ser humano sin realmente nada en su poder como ella misma se atribuye y que va hasta lo anímico y espiritual, incluso el que parece su realización afectiva escapa cuando debe de defenderla y mostrar resolución, ella es un objeto que le rinde cuentas al destino, no queda más que seguir huyendo, lo que viene haciendo desde los 14 años de edad; la naturaleza se empeña en lastimarnos, en salir a flote, hay una cierta falta de autoestima en sentir que lo de alrededor no es nuestro, que no pertenecemos a donde nos movemos y eso hace que destruya todo, como cuando deja ir al gato y luego se da cuenta que lo quiere y que es suyo, a simple vista parece todo diversión pero Capote deja ver una cierta melancolía, se simula mucho en el mundo nos dice, las relaciones son vacías, Holly es una arribista que quiere lo que nos venden por fantástico pero a costa de su salud mental y cuando cree estar a punto de ser feliz, el autor la castiga, su falta de reflexión le trae desgracia, su vacío y errores se apoderan de ella, la juzgan y le hacen sentir lo que trasmite, por eso el diplomático brasileño abre los ojos y ve la ignominia. No obstante hay misericordia con ella, no es un ser despreciable sino todo lo contrario, alguien que está sufriendo y que está pidiendo a gritos por ayuda debajo de esa caparazón de autosuficiencia, aunque sea lo suficientemente torpe como para estropear su existencia.

La lectura es entretenida, ligera, se lee en poco tiempo, se vuelve bastante directa y el sentimentalismo es muy discreto, hay un tono tranquilo, disimulado, elegante, audaz, impropio pero al final convencional y romántico, Capote parece hacer uso del mejor periodismo, el que revela ideas a flor de piel sobre la sustancia que envuelve y a la vez lo suficientemente literario y creativo para hacer una historia simpática, artística. El texto tiene momentos muy cinematográficos, ella bajándose de la limosina corriendo detrás del gato perdido, la canción que sigue a Fred y se asocia con el esposo abandonado, la historia lejana del paradero africano de Holly, además fácilmente se puede uno imaginar las descripciones precisas de sus acompañantes, el sensual latino algo tímido o el barman Joe Bell con sus exabruptos y pastillas.

Capote en la obra hace alusión al cine en múltiples ocasiones aunque su figura de las actrices no es del todo elogiable, las llama narcisistas y a su vez les achaca complejo de inferioridad, podía ser bastante corrosivo en varios sentidos y hace gala de ello con todos sus protagonistas (ni Holly -como cuando recibe una cachetada de la casera- o el narrador se salvan -su sobrenombre proviene de un hermano al que ella considera un estúpido-), parafraseando a un Fred que parece un claro alter ego del autor, puede ser antipático, a consciencia, semejante a Holly cuando habla mal de la amiga, sin embargo lo más importante es como decía Kafka: “Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”, y a su estilo debajo de la fiesta y la frescura, de la atracción de una lectura adictiva, suave y veloz, de su libertad para escribir, de su voluntad de no amarrarse con nadie y asumir personalidades ambivalentes, sin pontificar a diestra y siniestra hay un mensaje emotivo.

“Era la fealdad derrotada, que suele ser mucho más cautivadora que la verdadera belleza, aunque solo sea por la paradoja que lleva consigo. …el éxito era consecuencia de la exageración de los defectos. Mag había logrado transformarlos en adornos por el procedimiento de exagerarlos con la mayor osadía. Unos tacones que realzaban su estatura, tan altos que le temblaban los tobillos; un corpiño ajustado y plano que indicaba que hubiera podido ir a la playa vestida solo con pantalón de baño; el cabello peinado muy tirante hacia atrás, para acentuar los rasgos enjutos y magros de su cara de modelo. Incluso el tartamudeo, autentico, sin duda, pero también un poco forzado, había sido transformado en virtud.”

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