jueves, 15 de marzo de 2012

El viaje de Chihiro


Estamos frente al anime más famoso de la historia de éste arte cinematográfico, popularmente conocido alrededor del mundo; ganador del oso de oro de la Berlinale y del Oscar del año 2003. Su autor, el guionista y director Hayao Miyazaki es uno de los nombres claves dentro del dibujo animado japonés y su estudio denominado Ghibli es de los más prestigiosos en el rubro. Diez películas en su filmografía lo han consolidado como una figura destacada en el séptimo arte.

Abordar éste filme es complicado, nos lleva a un lugar fantástico abigarrado y amplio pero perfectamente concordante en ese otro mundo regido por Yubaba, una viejita de corto tamaño y amplia cabeza con peinado descomunal -aunque dibujada a gran escala- que maneja poderes mágicos mientras regenta baños públicos destinados a los Dioses, en una comunidad que está bajo sus manos. Los seres humanos no son bien vistos, huelen mal, sin embargo pronto una niña asustadiza y foránea cambiará esa mala imagen a través de su valor y lealtad.

Chihiro, atrapada bajo un contrato laboral que le quita su identidad anterior convirtiéndola en Sen y que quiere reunirse con sus padres transformados en cerdos, se adaptará a ese nuevo hogar, trabajando, llegando a ganarse el afecto de todos cuando descubren sus virtudes heroicas y libertarias para con su esclavitud ante la hegemonía de Yubaba; y aunque su naturaleza física y mental le sea en un inicio contraproducente, aprenderá y se desenvolverá sin más que por su instinto y su honestidad interior, de cara a entes extraños y disimiles a lo antes conocido aunque el recuerdo de un acontecimiento en un río le una con esa nueva realidad, que le servirá de apoyo para salir adelante frente a lo nuevo y desconocido.

La historia de Miyazaki lleva ante todo como seña ineludible a la ternura; de trama entretenida sin dificultades argumentativas pero visualmente compleja; se estira el relato y no busca apurarse, suele incorporarte con tranquilidad y da la impresión de cotidianeidad, una vez ahí empieza la aventura como la de encontrar el perdón de la hermana gemela de Yubaba, Zeniba, y salvar a Haku, en ese momento un dragón castigado por un robo. También reúne sub-tramas con verdadera naturalidad sea con el bebe gigante vuelto en roedor o con el espíritu sin rostro agradecido con Chihiro.

El filme tiene un lado grotesco en sus ilustraciones, lo que es muy nipón, suelen ser más libres y adultos en cuanto a propuestas animadas; hay mayor especificidad en sus detalles interpretativos y en cuanto a la narración, empero no pierde nunca el espíritu dulce, infantil, amigable o lucido que reúne a la familia ante una película universal, ya que por más extraño que algo se presente tiene justificación aunque por su propias reglas imaginativas.

Hay mucho color, algo de comedia, exageración gestual, es una población que circunscribe a muchos personajes, creando toda una cosmovisión personal, apartada y original, creativa, pero que no pierde aún así su relación con el universo japonés; lleva la identidad de su cultura, de su mítica y fantasía, pero reconstruida desde algo novedoso y hasta innovador. No es necesario que haya criaturas muy renovadas, sino que se hacen distintas desde los diálogos o por pequeños ajustes, como el abuelo en forma de araña o las tres cabezas verdes que sirven a la bruja.

El desarrollo de la trama es muy resaltante, no tiene fisuras y se distribuye/evoluciona con sentido del tiempo puesto a manos del realizador; se dosifica muy bien aunque no sea equitativo, dándole mayor predominancia al contexto general. No tiene nada que envidiar a un largometraje con piezas reales; se hace por ese lapso muy fidedigno y puede recordar en algo a La guerra de las galaxias, al reino de Jabba el Hutt y a éste mismo, aunque sin perder la similitud con nuestro planeta, en un espacio paralelo que invoca otros seres; que se puede entender como una mística legendaria modernizada que aunque lo niegan desde su universo, se hace muy humana.

Se puede leer una crítica a la ambición económica y al poder mal dirigido, pero más que una reflexión es una cinta de diversión pero con alto nivel creativo; sana y amable para compartir la magia de los sueños, siendo la base el crecimiento de Chihiro, una niña como protagonista que representa un reto frente a la debilidad, y que cumple con las expectativas, hasta lo más grande, cuando pareciera muy complicado de alcanzar; un canto al éxito desde abajo en respuesta al motor más trascendente: el amor.

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