martes, 26 de julio de 2011

La masacre de Texas (The Texas Chain Saw Massacre)

Clásico del terror que se inspira en un asesino real, Ed Gein, y no trasuda finales felices ni conclusiones cerradas, enarbolando una única meta, entretener total y libremente, a través de dar rienda suelta a la exposición criminal de una familia de dementes y caníbales que aguardan en un pequeño pueblo por sus próximas víctimas.

El personaje principal, Cara de cuero (Leatherface), es deforme y padece de cierto retraso mental. Su sobrenombre le viene porque oculta su rostro tras una máscara de ese material. Asesina con cualquier arma que tenga a la mano, aunque lo identifica una sierra mecánica. Suele correr con torpeza tras sus presas, pero aun así es sanguinario.

La familia está formada por puros hombres, el abuelo que se asemeja a una momia o a un cuerpo embalsamado quien apenas se mueve y que le achacan la fama de ser el mejor homicida del clan, el desaseado autoestopista que luce lento e ignorante, un viejo que es el progenitor y maneja una gasolinera, y Cara de cuero. Ellos viven en una vieja y rústica casona en medio de una naturaleza boscosa a la que nuestros incautos visitantes llegan y son sorprendidos.

Un grupo de cinco muchachos, dos hombres, sus dos bellas novias y el hermano de una de ellas, un paralítico en silla de ruedas, deciden subirse a su camioneta e ir a ver el hogar de su infancia en algún rincón desolado de Texas. En el camino pasan por el cementerio a ver a un pariente y luego terminan varados sin combustible cerca del lugar del horror.

El meollo del asunto no se hace esperar y pronto hace su entrada Cara de cuero. Las muertes son secas y rápidas, de cierto impacto. La trama juega limpio y es una aventura austera pero emocionante. La persecución tiene su encanto y la tortura se prolonga ávida de tensión. La radio hace mención además a la profanación de tumbas.

Se nota que la película invirtió poco dinero, tampoco el guión es muy profundo -los diálogos no tienen ninguna importancia- y los actores se ven novatos aunque no significa que lo hagan mal, dispuestos como carne a punto de ir al asador; gritos, lamentos y lloriqueo son toda la parafernalia que se requiere de ellos, sumada la esquizofrenia reinante que utiliza con precisión y eficiencia sus elementos de terror. El director americano Tobe Hooper ganaría la fama inmediata con éste su segundo largometraje, que a pesar de ser criticado duramente por un sector de la prensa fue la sensación de 1974. 

En la jungla de las ciudades

Obra de Bertolt Brecht dirigida por Gisela Cárdenas en el teatro del Instituto Cultural Peruano Norteamericano ICPNA organizado por el teatro de la Universidad Católica TUC conmemorando sus 50 años de existencia. Es una dramaturgia compleja que da para muchas lecturas, ostenta rasgos de mucha originalidad, sus excusas para desarrollar la literatura hablan de mucha creatividad propia del ímpetu juvenil y se centra en la ciudad, centro de los males y las bondades del capitalismo. El cariz que le otorga la dirección de Cárdenas es ciertamente más pedestre, vulgarizado y muy contemporáneo, lo ha ambientado en nuestra realidad si bien los hechos ocurren en Chicago en 1912.

Tiene en su puesta de escena 16 actores. El relato nos narra la lucha que desarrolla un adinerado comerciante de telas llamado Schlink que incita a participar de un interminable combate metafísico, hasta la propia confrontación física, a un empleado de una biblioteca ambulante que pertenece a una familia muy pobre de nombre George Garga. Schlink es una especie de demonio sin llegar a serlo literalmente, a pesar de su progresiva mutación en un ser cada vez más apacible aunque de aura perversa, que busca romper la moral de Garga y corromperlo para vencerlo. Trata de comprar su opinión, lo insta a defenderse y luego le ofrece todas sus pertenecías. El comerciante se involucra con la familia del joven rival, los progenitores de éste, Mae y John, que no son una pareja feliz. El padre es un borracho y un mantenido por sus explotados vástagos mientras la madre es una mujer sufrida, relegada, dejada a la indiferencia, a la servidumbre del hogar. Ella desaparecerá y él intentará el suicidio. Son cosas que desencadena Schlink y George permite en su deseo de no doblegarse, tratando de escapar de las garras de su contrincante que por razones de traspirar amor, pasión, odio, en su cuerpo viejo, poder sentirse vivo busca enfrentar a quien considera un enemigo digno por su tenacidad y orgullo.

También la hermana de George, Marie cae en el espectro de la lucha, se enamora desesperadamente de Schlink e influenciada por su persona pierde su pureza y sus valores terminando en la prostitución y abandonando a su prometido Pat Manky, quien tampoco es que sea un buen partido. La novia de George, más tarde su esposa, Jane Larry, es una mujer liberada sexualmente, una infiel y tramposa, una alcohólica que solo le importa el dinero, también será sacrificada para que su desdichado amante no encuentre la derrota por la firme postura que antepone.

El empresario tiene bajo su mando a tres sujetos que parecen salidos de un mundo post apocalíptico, se hacen llamar el flaco, el mandril y el gusano, tienen el aspecto de muchachos punks. Ellos regentan un burdel “El Cantón” al quedarse sin empleo cuando Schlink pasa su negocio a Garga que en seguidilla se lo cede a un misionero a cambio de que se deje humillar, en una exhibición de hasta qué punto el dinero puede suprimir el honor.

George ya en el desenlace va a la cárcel por tres años pero logra asestarle un duro golpe a su eterno enfrentado, sale de la pasividad y logra liberarse de esa autoimpuesta responsabilidad para con Schlink, su entorno vuelve a dar un giro de 360 grados escapando de la destrucción y mientras la última batalla hace que uno perezca el otro huye solitario hacia el mundo. La urbe le ha enseñado, su provincianismo ha quedado en el pasado, el campo ya es parte del olvido. La jungla de cemento no ha logrado tragarse su alma si bien lo ha inmerso en todo tipo de conflicto que casi le quita todo o sí lo hizo de cierto modo, sin embargo le entregó una lección, la libertad, lo hizo crecer como ser humano.

El escenario estuvo muy bien producido, con persianas que se abrían dejando ver una edificación que representaba un burdel, una humilde casa y una empresa de telas, iban dándose cambios que ambientaban los tres lugares principales. A su vez se proyectaba película o las mismas imágenes de los personajes sobre el reflejo de un ecran al cerrar las persianas. Se recreaba un bosque con humo que aparentaba neblina entre otras atmósferas manejándose mucho material para los diversos contextos y el vestuario iba de la mano de lo moderno.

Realmente ha sido un gran esfuerzo el llevar a cabo ésta realización artística, por lo menos el texto literario no era sencillo y por ende merece grandes elogios por la extensión que requería muchos cambios y múltiples exposiciones incluso en movimiento al mismo tiempo además de un enfrentamiento que no escatimaba límites que ha quedado plasmado plenamente en el inconsciente, pero ha sido una función irregular en general, tuvo muchos desaciertos, la comedia fue muy de baja categoría, vestir a un hombre de mujer para hacer reír es un recurso penoso, también el intermedio con los luchadores homosexuales resulta imperdonable por intentar tirar por la borda un espectáculo serio aunque finalmente el conjunto ha sido rescatable gracias a la sabiduría de Brecht y hay que quedarse con ese amable recuerdo de una velada en conclusión gratificante.

miércoles, 20 de julio de 2011

También la lluvia

Fue una de las grandes competidoras por los premios Goya 2011 que solo llegó a obtener un reconocimiento de tres galardones, dirigida por la cineasta española Icíar Bollaín. Tiene como figuras importantes al actor mexicano Gael García Bernal en el papel de Sebastián, director que realiza en Bolivia una película sobre las atrocidades acaecidas durante el descubrimiento de América, y al actor español Luis Tosar como Costa el productor del filme.

Mientras todo el reparto de una realización cinematográfica se traslada al país altiplánico se ven en medio de una lucha que mantiene la población indígena contra las autoridades gubernamentales producto de la privatización del agua. En esa batalla campal sobresale un hombre llamado Daniel que es el que lidera los levantamientos contra el estado, que también participa en el casting que se hace a los pobladores andinos donde es escogido para interpretar a un cabecilla indígena que lidera los ataques frente a los abusos de los españoles. Costa se involucra con él solventando una amistad que empieza por negociaciones que competen a su producción, pero termina entablando una relación fraternal.

En la película se dan dos historias paralelas, una es la película que recrea el descubrimiento de América, la cual se hace de forma entre moderna y antigua, dando a entender que son personificaciones asumidas en la actualidad en que se utilizan escenarios contemporáneos y otras como si volvieran en el tiempo detalladamente y en el contexto realista. En ese aspecto hay un ejercicio de denuncia, se relatan las defensas de los pobladores por parte de personajes históricos de las misiones religiosas a los que se les atañe ideas revolucionarias de igualdad y libertad en comparación con el maltrato y la violencia que ejercen los conquistadores que no dudan en mutilar o asesinar a los autóctonos americanos. Dentro de lo curioso está que Cristóbal Colón es descrito como un tipo ruin, ambicioso y cruel, que promete riqueza y esclavitud en beneficio único de la corona española. El actor Karra Elejalde lo dibuja con la mezquindad necesaria que requiere esa imagen, con lo que se alzó con el afamado premio Goya. En segundo lugar está el problema del agua que viven los pobladores y los lleva a una revuelta con disturbios en las calles que requiere el uso de la fuerza por parte de la policía.

Hay una mirada socialista que defiende los derechos de los indígenas, el enfoque es que el gobierno abusa del poder imponiendo ordenanzas que están fuera del alcance de los pobladores más pobres que no pueden acceder al agua, que se les quita la oportunidad de utilizar pozos producto de que escasea el líquido vital y se ha de distribuir mercantilmente bajo una empresa privada. Si bien es lógico que pueda privatizarse el servicio del agua, la película hace ver que la economía de los indígenas no permite que puedan pagar por ello, colocando una disyuntiva sin solución que solo resalta la indiferencia y la imposición del gobierno que hace hincapié en llamar a esa oposición bajo el eterno rótulo de barbarie y atraso. Hay un claro caso de falta de comunicación y acuerdo como un no deseo de negociación entre ambos bandos, por un lado los aparentemente más débiles que sienten la represión y contestan ávidamente, mientras los otros los poderosos buscan cumplir con la ley que dictan.

Dentro de sus características está que existe una cierta vulgarización contextual, como el uso de un lenguaje coloquial y algo limitado, hay una ambientación que muestra el formato algo rústico, en parte he sentido como si viera una versión española del cine peruano tradicional, de ese que se puede catalogar de poco exitoso y que en los últimos años ha tenido una grata mejoría con algunas excepciones. No es que sea una mala película pero está plagada de defectos, tiene un interesante aire político e histórico crítico aunque con actuaciones que dejan mucho que desear como la irregular performance de Juan Carlos Aduviri que hace de Daniel -y que se le puede perdonar por su inexperiencia- que en ésta realización se convierte en pieza indispensable y recurrente, como las de muchos actores bolivianos carentes de talento; se ve en un momento que hay una asamblea de pobladores que tratan de ver el problema del agua y parece una mala clase de interpretación.

El guión no aporta mucha magia a los protagónicos, Bernal sostiene una personalidad demasiado caprichosa y voluble que puede llegar a entenderse pero no luce demasiado apreciable, en todo caso no logra gran efecto en el espectador, a un tiempo bondadoso y a otro momento insoportable. Tosar es el que mejor sale en pie del asunto, dándole humanidad a su personaje, y aunque también cambia de actitud parece más aceptable, aunque tampoco es mucho.

El mensaje es notorio, notable, el ser altruista, hay buena voluntad pero para quien vive en un mundo ya con mucho uso del tema no convence porque el maniqueísmo es anacrónico y las idiosincrasias sociales son más complejas si bien la revolución que vive el filme sobre el agua parece que ha sido verdadera y la transgresión de la representación de un Colón inhumano se ampara en un hecho contundente como una carta que envía a los reyes católicos.

viernes, 15 de julio de 2011

El americano

Película del 2010 interpretada por George Clooney en el alma de un asesino que se va a esconder a un pueblito italiano huyendo de unos suecos que siguen sus pasos para matarlo, tiene un último trabajo habiendo avisado de su próximo retiro, fabricar un arma de largo alcance a una francotiradora de amplia belleza llamada Mathilde, la actriz holandesa Tekla Reuten. Mientras con grave dedicación se dispone a realizar su misión, suele tener conversaciones con un cura que trata de descubrir sus secretos ante un hermetismo infranqueable, también solicitar la compañía de prostitutas hasta que se enamora de una, Clara, otra actriz preciosa de origen italiano de nombre Violante Placido.

La película tiene un tono crepuscular, con un estilo europeo, se vive un sosiego que solo se rompe por momentos de violencia en que el asesino es perseguido para ser asesinado, en ello muestra sus habilidades como su frialdad. Clooney muestra mucha serenidad y seriedad, sus gestos son medidos, sorprende no exponer su carisma para asumir la imagen que requiere su papel protagónico, uno podría esperar encontrar una actuación fallida pero termina siendo creíble si bien no suele ser su caracterización más representativa, finalmente logra salir a flote con el personaje, no luce forzado sino más bien exacto, como que está en el límite de lo correcto.

La historia está contada bajo varias elipsis, no se nos explica demasiado sobre los implacables criminales que siguen a nuestro antihéroe ni mucho menos sobre el pasado de éste, el relato está enmarcado en un presente que da por conocido el pretérito y que se dedica a desarrollarlo, el guión no sigue una secuencia convencional sino que va descubriendo diversos sucesos que nacen y desaparecen en el transcurso del filme, como la misma existencia, es decir esa espontaneidad que no se puede predecir aunque tenemos nuestras metas y cotidianeidades. Hay un asesino de prostitutas suelto, el hijo del cura es un elemento pasajero y en sí la relaciones son mayormente superficiales, no sonsacan abundante información sino muy parcial y nimia.

Hay un juego con los cromatismos como el color rojo propio de los prostíbulos en el cuarto de nuestro personaje principal, Jack, que vive el instante sin preocupaciones y que no muestra sentimientos aunque llega a reflexionar sobre la soledad mediante actos. Deambula su día entre su tarea, las comunicaciones con su jefe, los tratos con su empleadora circunstancial, los paseos con su amada y su relación de amistad con el padre Benedetto (Paolo Bonacelli).

Hay una simpleza inherente a la narración que nos permite imaginar más que presenciar acontecimientos, hay un aire a ralentizar el tiempo y las actividades, mostrando con paciencia a un hombre llano y plano que sostenga verosimilitud, hay un notorio esfuerzo por hacer verdadero a un Clooney contenido. Es en esencia una cinta muy realista en lo posible que quizás por tener ese efecto no llegue a gustar por carecer de explosividad y dinamismo en su mayor parte de metraje que lo tiene por cortos lapsos pero que se adscriben solo a los ratos de acción en que despierta el lado salvaje de Jack o Edward que parecen ser nombres falsos que escapan de la identificación y dejan en el limbo las referencias biográficas, a un hombre que aún en ese despertar no demuestra efusividad sino movimientos autómatas.

La película posee defectos en su desenlace, cuando está a punto de ser asesinado Jack sucede algo que no tiene sentido y la misma misión se ve corrompida por una cierta incoherencia que puede comprenderse pero nos suena a artificio que no se asocia con un accionar común, pero son vuelcos que buscan dar una agilidad que el filme no llega a consolidar por ser movimientos últimos que ya no cambian nuestra percepción total, lo cual no desestima el producto sino mantiene lo ganado que es un filme que no será una obra maestra, pero si de haber disfrutado su recorrido atípico que promete sin cumplir pero sin desagradar al que ha comprendido sus características y ahí yace el reto porque no está dirigido a una mayoría expectante de adrenalina sino a un inclasificable espectador, como si lo hecho no fuera una realización bajo previo análisis de público objetivo sino simplemente el llevar a cabo una estilo personal.

Dirigida por el holandés Anton Corbijn que se ha dedicado a hacer documentales musicales y videoclips de bandas como Depeche Mode, U2 o Metallica y quizá le falta experiencia en la ficción, que fijo ha ganado unos fanáticos pero mantiene distancia de mayor público. 

jueves, 14 de julio de 2011

Una vida en el teatro

Puesta en escena en el teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, dirigida por Edgar Saba. Obra perteneciente al dramaturgo y cineasta norteamericano David Mamet. Cuenta con la participación de solo tres actores, el experimentado Alberto Isola como Robert, el novel Oscar Beltrán como John y, a quien no conocía, Víctor Prada como el jefe de escena.

En la trama se nos presentan a dos intérpretes teatrales que trabajan juntos, uno que ha pasado toda su vida sobre las tablas y el otro que representa a la nueva generación. Robert es complejo, un hombre que se siente bajo una pequeña crisis emocional y existencial sobre su actividad profesional, siente que ha pasado demasiado rápido el tiempo y reflexiona sobre ello con portentosas y hondas cavilaciones expuestas en monólogos o en diálogo con su compañero que más tímido y calmado solo aguarda a ser contratado para una película. El tercer personaje, el jefe de escena prácticamente ejerce de mudo y es una pieza cómica y secundaria. Parece querer ser parte del espectáculo y se toma sus libertades como cualquier empleado soñador y algo fresco. Es de un histrionismo exagerado que es lo que pide su papel ya que la obra quiere abarcar más de un género y no tomarse totalmente en serio si bien al final resulta inevitable aún con toda la disminución de la tensión dramática.

La historia se da mostrando la vida de un artista del teatro, se pueden ver sus representaciones como dos soldados americanos en la guerra independentista, como gánsteres, como náufragos, como conquistadores entre otras actuaciones, hacen como si estuvieran frente a un público puestos de espaldas del verdadero imitando un recinto dramático dentro de otro. Se ve su existencia diaria que está condicionada por su trabajo, equivocaciones, conversaciones, ensayos, castings, maquillaje, cambios de ropa, salidas… todo gira en torno a ello. Presenciamos una andanada de múltiples emociones y actitudes, la risa, el llanto, gritos, disputas, ensueños, quejas, depresiones, desilusiones, alegrías, compañerismo, comedia, etcétera, que buscan sumergirnos en su cosmovisión, bajo la empatía que obsequia la sensibilización y el conocimiento de los pormenores detrás de bambalinas, lo que oculta la magia teatral.

Se juega mucho en los alrededores del escenario, salen por la puerta de entrada de la multitud asistente, suben las escaleras próximas a las butacas, se sientan sobre el estrado, incluso el diálogo es directo con la gente, hay una proximidad con el espectador en una fusión que busca dar a entender esa indisoluble unión entre observadores y observados, en compartir nuestros sueños sobre el escenario. Las luces y la música toman un lugar de importancia, quedan en la oscuridad y aparecen con encendedores mientras expresan una ponencia introspectiva, el sonido cala en la cabeza y se asocia a los sentimientos experimentados como recordatorio mental. Es toda una demostración grandilocuente de arte vista en forma pedestre en el buen sentido de la palabra mientras se desnuda el alma de quien se ha entregado por completo a la labor escénica en el homenaje más patente y pasional. Es de felicitar la actuación de los tres actores pero sobre todo la de Isola que es quien se dedica a diseccionar su actividad con diversas auscultaciones que dan pie a conocer el mundo artístico de la dramaturgia. Es el dramatismo en acción, la irrupción de todas las extravagancias, miedos y preocupaciones humanas asociadas al teatro. Beltrán luce agradable, sencillo y cercano abordando su caracterización con solvencia utilizando movimientos artificiales que parecen propios del cine. Prada parece uno de los tres chiflados y se manifiesta muy expresivo con sus gestos.

Ha sido una gran obra que con su ímpetu y su develación se hace natural a favor de ella, con su desmitificación se nos hace entrañable, que es el amor que nace en el autor y en quienes se ven tocados por su aura, que nos habla de la condición humana, del significado y trascendencia de ésta institución no solo material sino espiritual con la cual identificarse, que nos sirve para reír como para desahogarnos, que humaniza y que quiere ser comprendida para ser apreciada mucho más, lo cual sucede. Y con el mismo entusiasmo del director Edgar Saba que sube a abrazar a su elenco pocos segundos del final, nosotros aplaudimos semejante admirable exhibición agradeciendo su existencia, no solo de ella sola, sino de toda esa maravilla llamada teatro.

Imagen: Dramaturgo David Mamet.

jueves, 7 de julio de 2011

Simpatía por el Señor Venganza

Película del surcoreano Park Chan-wook del año 2002. Nos involucra con la temática que delinea el título sin rodeos, la venganza. Todo empieza cuando un sordomudo de nombre Ryu tiene que conseguir un donante de riñón para su hermana, pero al no obtenerlo por vía legal decide buscar en el mercado negro bajo una extraña venta, gasta todo su dinero en acceder a ésta e incluso permite que le extirpen uno, finalmente despierta sin nada y al perder su caudal monetario se deja convencer por su descocada novia de secuestrar a la hija de un empresario llamado Park Dong-jin (Song Kang-ho) que no hace mucho ha sido su jefe máximo en su antiguo trabajo de técnico de mecánica, para pedir un rescate que pueda pagar el ansiado órgano. En el trance suceden delicados imprevistos que ponen tanto al empresario como a él en rumbo de cobrarse el irreparable daño recibido que los llena de sufrimiento y un sentimiento de vacío que motiva al primero a deshacerse de todas sus adquisiciones materiales para planificar su resarcimiento emocional como al otro que no tiene nada a hacer pagar a los culpables indirectos de su perdida, cada uno por su propio camino.

Se desata desde éste lugar, partiendo de la primera parte de la cinta que es pausada y en verdad sin mucho orden lógico, un contundente estado de violencia, tan popular en el cine asiático que como de costumbre nos despertará la sed de sangre en una rocambolesca persecución mortal. Para eso no faltan algunas extravagancias, como el retrasado mental que aparece en el río cargando vistoso y exagerado un brazo bastante rígido, entrando en el contexto de forma intempestiva; la hermana enferma revolcándose en el llanto mientras sus vecinos se masturban a través de la pared pensando que está teniendo sexo salvaje; o el mismo comportamiento de Ryu, que luce en buena parte tonto e introvertido, a diferencia de su pareja Cha Yeong-mi (Doona Bae) que es una avispada socialista metida en un pequeño grupo terrorista, en la unión de la chica revoltosa con el joven pacífico y que supuestamente es noble aún convirtiéndose en criminal.

En la trama Ryu y Cha Yeong-mi son de situación humilde, ella suele renegar de su condición pero manteniendo una alegría desbordada como parte de su personalidad y siente como su ideología le guía en la consigna de que el mundo es totalmente injusto con algunas personas como ellos, para eso mueve semejante a un títere a su compañero que actúa con frialdad natural sin un enojo demasiado palpable sino casi como un autómata. El personaje de Song Kang-ho por su lado está destrozado y lo transmite sin rubor, perpetra su ajuste de cuentas con todo sentido del deber, siente que es lo correcto, tomando el asunto en sus manos con un inverosímil control de sus impulsos, parece un experto en asesinar, lo que no guarda un sentido coherente que lo respalde como tampoco a Ryu, ya que ambos son máquinas de matar sin tener nociones de ello, aparentemente sus deseos los han instruido en el arte del homicidio sin remordimientos, lo cual lo hace ver demasiado simple. Y en eso consiste el relato, en entretenernos, sin que hagamos muchas preguntas inquisitivas ni que la propuesta pretenda la habilidad de darnos respuestas, sino que sucede y punto, no hay vueltas que darle.

En efecto no cuestionamos el guión porque éstas cintas contienen una cierta magia para hacer aceptable lo impensable, como que nos ponemos primitivos con la brutalidad visual y quizás lleguemos a comprender los comportamientos desquiciados que en apariencia son consentidos como normales pero desde luego que no lo son. En toda la película subyace una discreta crítica sobre la pobreza económica en un país capitalista aunque en un momento sarcásticamente Cha Yeong-mi cante una canción contra la Corea comunista y a favor de la democracia.

La primera parte de la película es algo confusa pero luego se aclara ensayando buenas explicaciones ante las ambigüedades, como que arranca sin ton ni son y luego recompone esa primera estructura desordenada, mezclada y particular. La segunda mitad recalcamos es una medida carnicería de buena mano que exhibe una factura rara y sensacionalista, la meta es cazar a nuestros enemigos. La revancha alcanza a todo el universo fílmico hasta convertirse en algo que encuentra su propia personificación en la trasformación de los personajes principales, muy bien definido el argumento en el rotulo que enmarca la realización. Al final una supuesta mentira resulta verdad y cierra el ciclo propio de la parca no admitiendo tregua alguna para el espectador que si sabe que esperar se sentirá agradecido.

Entonces Alicia cayó

Puesta en escena dirigida por la dramaturga peruana Mariana de Althaus (Lima, 1974) que con éste trabajo ganó el tercer concurso 2010 organizado por el Centro Cultural Peruano Británico, logrando superarse tras quedar en tercer lugar en el primer certamen del año 2007 de ésta institución. Lleva seis obras suyas dirigidas bajo su mando y media docena más en su bibliografía. El elenco estuvo formado por personajes conocidos del medio y algunos pertenecientes a la televisión y al cine. La historia gira en torno a la maternidad, haciendo un símil bastante personal y original con el libro “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll.

La historia se nos cuenta en un pequeño escenario del Teatro Británico que representa tres habitaciones del Hotel Wonderland, es solo un espacio pero lo utilizan como si fueran ambientes distintos y los personajes se mueven a la vez por el área quedándose suspendidos al terminar su intervención momentánea mientras se alternan como hallándose separados imaginariamente. Son tres historias de mujeres de edades distintas y con su propia problemática en base a una temática similar, una se llama Alicia (Vanessa Saba) que quiere desesperadamente ser madre temiendo llegar a no serlo ya que va a cumplir 40 años, su pareja Martín (Paul Martin) no lo desea y suele rehuirle a pesar de arriesgar con esa actitud su relación amorosa ya que ella está decidida al punto de querer dejarlo. Otra en la siguiente generación mayor es Daniela (Sofía Rocha), actriz que no conocía pero que me dejó una sensación agradable con su performance a pesar de que es muy alta y desentona un poco sobre las tablas, ella está separada y tiene una difícil convivencia con una hija conflictiva y rebelde pero sensible de nombre Paz (Patricia Barreto), como progenitora no sabe cómo manejarla y suele discutir mucho con su prole, esa noche está escribiendo una versión sobre la obra de Carroll mientras se queda con su pequeña que espera ser recogida por un padre descuidado. La última que es la más adulta también es una artista solo que en su lugar es una célebre cantante en debacle, Alba (Ana Cecilia Natteri) que va a ser abandonada por su indeciso e infiel esposo Basilio (Carlos Mesta) y la que no tiene vástagos.

Las tramas llegan a mezclarse superficialmente a manera de casualidades pasajeras, no tienen nexo como uno pudiera haber pensado, los dilemas se suscitan en base a los contextos explicados anteriormente y buscan resolverse mientras se reflexiona sobre traer al mundo un hijo y sus repercusiones existenciales, se cuestionan constantemente sobre sus destinos, se observa analizando el pasado, el presente y el futuro, sobre todo lo que se viene, la realización es audaz y trata de resolver mediante cavilaciones algo filosóficas, bajo un tono coloquial, llano y no exento de comedia. Los hombres realmente están muy poco desarrollados como narración, se exhiben ideas como la minimización de un hombre y el miedo a ser progenitor pero quedan en pocas frases más que todo tratando de justificar su influencia en los verdaderos personajes de éste relato que son las damas.

Todos los actores lo hacen muy bien, se les observa a los seis naturales en lo posible, no hay vacios en las interpretaciones, se complementan ávidamente dando una visión general de las diversas posibilidades que pueden quedar como mensaje, una tiene descendencia, otra quiera tenerla y la última no la tendrá nunca. En lo que vemos se observan pasajes que hacen alusión a las interrogantes de la personalidad de la directora, lo que quiere decir que tiene un tono intimista notorio tomando forma dentro de un origen real más que inventado que por supuesto lo hay también, habla de repetir un lugar común con la redacción de éste tipo de literatura o se vierten ideas como no hay que ser hueco aún siendo intrépido, en palabras de la autora se lo dedica a su madre y a su hija, sus grandes inspiradoras y compañeras de vida.

Ha sido un placer enorme el ejercicio teatral de ésta creadora nacional, una de las pocas que tenemos o por lo menos se hacen notar. Ver su ingenio en ir relatando la novela de Carroll a medida que en la hora y media se lleva a cabo el drama de la auscultación de la maternidad bajo tres posiciones, párrafos que acompañan y toman otro sentido metafórico como y Alicia cayó que yace manifestado en el título, el grito de que le corten la cabeza, la diminuta puerta cuando se empequeñece Alicia, la mención a la oruga que fuma…, la salida del hueco que finaliza con decisiones concluyentes en la propia existencia. Los aplausos fueron de pie.