lunes, 7 de noviembre de 2011

La cura en Troya

Seamus Heaney
Obra dramática presentada en el teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica dirigida por el director nacional Jorge Guerra. Perteneciente al Premio Nobel de 1995 Seamus Heaney que la adapta libremente de la tragedia Filoctetes de Sófocles. Cuenta con seis actores, el personaje principal recae en Alberto Isola como Filoctetes, con él está Carlos Tuccio como el legendario Odiseo y como Neoptólemo, el hijo de Aquiles, yace el prometedor Jorge Armas, después los secunda un coro de tres mujeres, Jimena Lindo, Sofía Rocha y Andrea Van Zuiden.

La historia central retrata a un Filoctetes abandonado en la isla de Lemmos a causa de una mordedura de serpiente en una pierna que despierta desagradables olores como su mal genio y que llevó a Odiseo a dejarlo atrás, pero una vez necesitado su favor producto de tener un arco mágico que le fue entregado por Hércules van en su búsqueda. En el trayecto el astuto y un poco vil Odiseo trata de convencer a un idealista Neoptólemo de acercarse a Filoctetes con intensiones de que consiga el mágico instrumento de guerra. Todo parece fácil de ejecutar, sin embargo la honestidad del hijo de Aquiles hará las cosas más complicadas para los deseos de los griegos que ansían tomar Troya con la benevolencia de dicha arma que quieren tener a toda costa. Filoctetes está lógicamente resentido y guarda un amplio odio en su alma que lo mantiene en la duda de su proceder hacia la victoria de sus compatriotas encabezados por el mítico Odiseo que aquí es desdibujado de su carácter noble por aspiraciones políticas. En la lucha interior de Filoctetes se desata el magma de la trama.

La presente performance colectiva tiene a un coro danzando y moviéndose coreográficamente mediante sillas y hacia el ambiente libre, lo cual hay que decir que da un tono más estético a una puesta que de por sí tiene un estado lírico ya que el autor es poeta por antonomasia y que con éste atributo la rescata de un lugar en parte plano en cuanto a intensidad visual a pesar de los conflictos entre los tres protagonistas centrales, sin embargo hay que recalcar que distraen mucho, observarlas significa perder una cierta ilación que necesita el espectador en el diálogo romántico y denso escenificado que aunque con un leitmotiv notorio alberga varios vaivenes y giros argumentales que despiertan pensamientos que no están muy distantes de la contemporaneidad occidental y más próximos a la realidad de Irlanda del Norte que es la sociedad a la que le dedica como patria su análisis artístico Seamus Heaney. Dicho esto, el público debe “padecer” esa combinación sacrificando un deleite por otro o en todo caso lo más recomendable turnar su atención dando preferencia claro al relato.

De las tres damas a pesar de que Andrea Van Zuiden es coreógrafa con cierta ductilidad en sus movimientos y que Sofia Rocha despliega un buen segundo personaje en un emisario griego, la que más destaca es Jimena Lindo con una contorsión y plasticidad corporal en constante control que nos refiere sobre su persona una aventajada procedencia como bailarina.

Las vestimentas modernas a pesar de la relación con el presente en símbolos del pasado parecen desentonar en Odiseo y Filoctetes. Si bien el teatro no necesariamente equipara imágenes se hace arduo poder imaginar en Tuccio a Odiseo. Isola por sus grandes dones artísticos aún en su voluminosa figura y su ropa nos permite olvidar en parte esa cierta incompatibilidad del contexto con lo visual. Además su figura no se rige con tanta fuerza a antecedentes como Odiseo. Neoptólemo en cambio sí nos ubica en el tiempo.

El escenario se podría decir que casi ha sido inexistente para ésta realización y se uso lo menos posible por lo que se ve, hay una pantalla de proyección que no añadió demasiado al concepto y algo más. Otro punto ha sido la duración de la obra que como máximo llega a la hora siendo breve, el disfrute se escurre de las manos casi sin darnos cuenta y se diría que se hace poco aunque se saca mucha sustancia a un tema pequeño en la decisión de Filoctetes de irse o no con los griegos enviados por Odiseo y se arma un espectáculo mayor avalado por el ingenio de un Nobel y la manipulación exitosa de un clásico. Y con ese placer salimos de la sala.

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