domingo, 13 de noviembre de 2011

Cosecha, trilogía de las altas llanuras

Pieza teatral dirigida por el sólido y prolífico cineasta peruano Francisco Lombardi basada en la obra del dramaturgo americano David Wright Crawford, puesta en el teatro de la Alianza Francesa. Consta de tres partes continuas de un solo acto cada uno que retratan las distintas edades progresivas del granjero Rick Chills.

Nuestro protagónico hace 5 años está casado con Dani, una mujer que un día decide irse ya que para Rick es más importante su propiedad, su identidad rural y su pertenencia a ese mundo que aunque no le sonríe lo motiva y emociona en un legado que pasa por generaciones. Más tarde a los 42 años hay un dolor y una soledad que no han sabido curarse pero que no lo ha limitado en el éxito ya que su fama lo sindica como el más prospero terrateniente de Texas, sin embargo es un hombre hostil y ermitaño que al conocer a la audaz Angy Taylor, dama que viene a ofrecerle sus servicios profesionales e indagar sobre él, terminará formando un vínculo afectivo con ella. Por último a los 65 años vemos a un Rick enfermo del corazón que tiene que decidir dejar esa vida que lo absorbe y lo seduce movido por una oferta de su hija, a la vez que recibirá la visita de su pasado inconcluso.

En las tablas vemos a ocho actores, en orden de presencia Rick es interpretado por Diego Lombardi a ratos siendo dulce y a otros momentos perdiéndose en la efusividad con alto tono de voz defendiendo su posición de no dejar su sueño de sacar adelante su granja aún a costa de varios fracasos, una ajustada condición económica y sacrificar a su pareja. Le sigue Javier Echevarría, un díscolo hombre triunfante que no quiere ceder ante ninguna relación amorosa. Y para cerrar el actor fetiche de Lombardi, Gustavo Bueno, en un terco aunque tratable pero envejecido personaje dispuesto a reconciliarse con la duda del principio. Aquí puede resultar ligera su falta de resentimiento pero se puede entender como que se siente satisfecho con haber optado por sus convicciones.

Con ellos en el escenario las tres mujeres de su vida, Dani Chills en la joven Karina Jordán, decidida y desilusionada solo quiere huir dejando todo atrás por lo que se jugará la realización amorosa en su existencia. Y de mayor en la experimentada y desenvuelta actriz nacional Ana María Jordán, que madura solo busca ver que dejó atrás, quien es actualmente como ser humano el que fue su gran amor. Otra es Angy Taylor la que pretende rectificar un camino, en Denise Arregui, mención especial de su dulzura y simpatía con lo que se hace creíble que pueda ablandar el corazón de un apasionado de su trabajo. Y Maggie Falls, en Natalia Cárdenas, la descendiente de Chills de fuerte estructura y despierta expresividad, que en primera oportunidad viéndola deja grata satisfacción.

Para completar el reparto una actuación secundaria y quizás intrascendente en la trama pero bien ejecutada por José Tejada como el vecino que laboró arduamente con el progenitor de Rick, sosteniendo unas maneras que se ven agrestes y que aún siendo accesorio fue el que mejor dio credibilidad al concepto de hallarnos metidos entre gente de campo, trasmitiendo sencillez y compañerismo.

La obra dramática invoca la decisión entre el amor y los sueños, en la pertenencia a un lugar o no, en cómo influyen las convicciones en los seres humanos y en esa determinación que nos invoca sacrificios, en como el tiempo nos trata y en tener que escoger si pasar o no a otro ámbito ante la eterna disyuntiva bajo presión. Postulados sencillos y accesibles, trama fácil de seguir aunque no menos trascendente en los pensamientos a los que remite como el desprendimiento, la ambigüedad, la identidad, la pasión, la vejez o la soledad entre otros que nos involucra con temas tratados con mucha armonía y en control de quien está seguro de lo que dice como nos hace creer Wright y Lombardi en un entretenimiento calmado que se mueve en el trato sentimental en relación con su máximo personaje.

Como expresa el director no nos aboca introspectivamente a un territorio sino a lo universal en el espíritu humano o a nuestro espacio mental. Dignificando al campo aunque como lo dicho buscando en el interior de los hombres bajo el ejemplo de un individuo a través de demarcar sus prioridades personales muchas veces tan difíciles. Una verdadera lección de existencialismo optimista y realista que a pesar de tantos golpes arteros no nos destruye sino nos permite evolucionar.

Imagen: Tercera parte con Dani, Rick y Maggie.

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