sábado, 22 de octubre de 2011

Crónica de una muerte anunciada

El teatro Británico alberga ésta adaptación a la dramaturgia de la novela de Gabriel García Márquez en la dirección de su compatriota Jorge Alí Triana, notable director con premios en Estados Unidos, cineasta y difusor de la literatura latinoamericana.

En cuanto empieza la puesta en escena sale el personaje principal desnudo, ¿vulgaridad o alto realismo?, quizás un poco de los dos, sin embargo se ha de reconocer que la realización dramática vale lo que promete y sabe sacar sustancia de su precedente convirtiéndola en un impacto visual que nos absorbe en su relato. Una buena ejecución que recoge el sentido de la literatura del Nobel.

Utiliza el mismo método fiel, didáctico e investigativo de la crónica que se basa en detalles precisos y datos de primera mano recreando la historia desde diversas posturas de todos aquellos que tuvieron relación con el difunto, repitiendo los hechos sucesivamente hasta darnos un panorama completo que nos cuenta la muerte a puñaladas de un joven de 21 años y de ascendencia árabe llamado Santiago Nasar en manos de los gemelos Vicario a razón de ser señalado como el culpable de quitarle la virginidad a su hermana Ángela que fue devuelta en la noche de bodas por el millonario forastero Bayardo San Román aludiendo la deshonra familiar.

La presentación teatral cuenta con 15 actores reconocidos, muchos de ellos del cine, la televisión y con amplia experiencia en las tablas, cada uno desde su individualidad muestra un desempeño entregado y disciplinado, hay una compenetración latente y juntos desde su personal aporte no desentonan en ningún momento. Se nota que tanto los intérpretes como el guión han sabido fusionarse con éxito y el magma que emerge del ingenio de Márquez es potenciado hacia su concepción dramática con múltiples miradas que nos van enseñando variopintas idiosincrasias vinculadas entre sí por una divulgación pública y masiva de lo que iba a acontecer que nos desnudan el crimen cayendo en el conocimiento de un drama que en palabras del director nos describe el pensamiento instintivo primario prejuicioso de nuestros países latinoamericanos.

Es una obra orgánica que vale por su conjunto ya que la variedad de voces es lo que le da esa fuerza a la trama y ese agregado que representan uno a uno los mensajes que van repartiéndose en el trayecto de su representación que nos entregan la riqueza de un suceso que atañe a una cosmovisión psicológica y compleja que nos delata en esencia con los intereses que nos identifican. Es una invasión de la psiquis que nos gobierna y que no nos justifica pero nos permite acercarnos a lo que tenemos en la mente para conocer los tantos varios rostros.

Los actores cambian de papel constantemente menos los ejes protagónicos, jugando a distintas personalidades, el vestuario ayuda, sencillo y práctico pero adecuado al igual que efectivo como la escenografía que ostenta un fondo elaborado en la infraestructura de una vieja casona, unos muros de ladrillo sin pintar y a su vez la de una iglesia teniendo un frontis menor con unas defensas semejantes a las de las plazas de toros que hacen de cama o de mesas en otras partes de la función.

Hay erotismo en los papeles de las actrices Stephanie Orúe (elogiando además su buena tonalidad vocal en las canciones) o Nidia Bermejo y ratos cómicos con Sebastián Monteghirfo en la imagen de Bayardo San Román que suman pero en general va de serio el homenaje a estas letras lo cual resulta más verídico para asumir los acontecimientos. Los protagónicos como Ángela, Santiago Nasar (mención especial de un estupendo Emanuel Soriano) o los dos Vicario (el hermano endeble que hace un menos vistoso Franklin Dávalos y el gestor decidido en el otro que dibuja Oscar López Arias) no caen en el recurso fácil de la risa sino mantienen el tono grave que envuelve su destino, y eso se agradece para no perder empatía con lo que importa que es el homicidio y sus nexos humanos.

También destaca aún siendo complementaria Gabriela Velásquez resaltando principalmente su papel de la cocinera de la familia Nasar, Victoria Guzmán. Después los veteranos Carlos Victoria, Carlos Mesta, Víctor Prada y Claudia Dammert con varias representaciones secundarias, y aunque más joven el multifacético Gonzalo Molina, y en menor medida pero no menos necesarios están Ebelin Ortiz (que como monja lo hace muy bien), Leslie Guillen y Tommy Parraga, reconociendo el alto nivel que tiene éste reparto.

Al final cuando viene el repaso lineal de lo sucedido hasta la caída de la lluvia (grato efecto con lo que creo es arroz) estamos imbuidos de mucha información colocando sentido a cada personaje siendo cada pequeño momento adición de valor. Hemos asistido a cada indiscreto y revelador instante armando el vasto contexto de la búsqueda de la verdad que esconde un homicidio y en su derroche de fragmentación que luego se pliega al marco general se ha logrado vivir la fantasía de reconstruir la realidad ante nuestros ojos. De esos hechos concretos que acaecieron ya en un tiempo distante y que se ha perennizado en la escritura para luego en poco más de una hora por medio del teatro renazcan.

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