martes, 26 de julio de 2011

La masacre de Texas (The Texas Chain Saw Massacre)

Clásico del terror que se inspira en un asesino real, Ed Gein, y no trasuda finales felices ni conclusiones cerradas, enarbolando una única meta, entretener total y libremente, a través de dar rienda suelta a la exposición criminal de una familia de dementes y caníbales que aguardan en un pequeño pueblo por sus próximas víctimas.

El personaje principal, Cara de cuero (Leatherface), es deforme y padece de cierto retraso mental. Su sobrenombre le viene porque oculta su rostro tras una máscara de ese material. Asesina con cualquier arma que tenga a la mano, aunque lo identifica una sierra mecánica. Suele correr con torpeza tras sus presas, pero aun así es sanguinario.

La familia está formada por puros hombres, el abuelo que se asemeja a una momia o a un cuerpo embalsamado quien apenas se mueve y que le achacan la fama de ser el mejor homicida del clan, el desaseado autoestopista que luce lento e ignorante, un viejo que es el progenitor y maneja una gasolinera, y Cara de cuero. Ellos viven en una vieja y rústica casona en medio de una naturaleza boscosa a la que nuestros incautos visitantes llegan y son sorprendidos.

Un grupo de cinco muchachos, dos hombres, sus dos bellas novias y el hermano de una de ellas, un paralítico en silla de ruedas, deciden subirse a su camioneta e ir a ver el hogar de su infancia en algún rincón desolado de Texas. En el camino pasan por el cementerio a ver a un pariente y luego terminan varados sin combustible cerca del lugar del horror.

El meollo del asunto no se hace esperar y pronto hace su entrada Cara de cuero. Las muertes son secas y rápidas, de cierto impacto. La trama juega limpio y es una aventura austera pero emocionante. La persecución tiene su encanto y la tortura se prolonga ávida de tensión. La radio hace mención además a la profanación de tumbas.

Se nota que la película invirtió poco dinero, tampoco el guión es muy profundo -los diálogos no tienen ninguna importancia- y los actores se ven novatos aunque no significa que lo hagan mal, dispuestos como carne a punto de ir al asador; gritos, lamentos y lloriqueo son toda la parafernalia que se requiere de ellos, sumada la esquizofrenia reinante que utiliza con precisión y eficiencia sus elementos de terror. El director americano Tobe Hooper ganaría la fama inmediata con éste su segundo largometraje, que a pesar de ser criticado duramente por un sector de la prensa fue la sensación de 1974. 

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