jueves, 7 de julio de 2011

Entonces Alicia cayó

Puesta en escena dirigida por la dramaturga peruana Mariana de Althaus (Lima, 1974) que con éste trabajo ganó el tercer concurso 2010 organizado por el Centro Cultural Peruano Británico, logrando superarse tras quedar en tercer lugar en el primer certamen del año 2007 de ésta institución. Lleva seis obras suyas dirigidas bajo su mando y media docena más en su bibliografía. El elenco estuvo formado por personajes conocidos del medio y algunos pertenecientes a la televisión y al cine. La historia gira en torno a la maternidad, haciendo un símil bastante personal y original con el libro “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll.

La historia se nos cuenta en un pequeño escenario del Teatro Británico que representa tres habitaciones del Hotel Wonderland, es solo un espacio pero lo utilizan como si fueran ambientes distintos y los personajes se mueven a la vez por el área quedándose suspendidos al terminar su intervención momentánea mientras se alternan como hallándose separados imaginariamente. Son tres historias de mujeres de edades distintas y con su propia problemática en base a una temática similar, una se llama Alicia (Vanessa Saba) que quiere desesperadamente ser madre temiendo llegar a no serlo ya que va a cumplir 40 años, su pareja Martín (Paul Martin) no lo desea y suele rehuirle a pesar de arriesgar con esa actitud su relación amorosa ya que ella está decidida al punto de querer dejarlo. Otra en la siguiente generación mayor es Daniela (Sofía Rocha), actriz que no conocía pero que me dejó una sensación agradable con su performance a pesar de que es muy alta y desentona un poco sobre las tablas, ella está separada y tiene una difícil convivencia con una hija conflictiva y rebelde pero sensible de nombre Paz (Patricia Barreto), como progenitora no sabe cómo manejarla y suele discutir mucho con su prole, esa noche está escribiendo una versión sobre la obra de Carroll mientras se queda con su pequeña que espera ser recogida por un padre descuidado. La última que es la más adulta también es una artista solo que en su lugar es una célebre cantante en debacle, Alba (Ana Cecilia Natteri) que va a ser abandonada por su indeciso e infiel esposo Basilio (Carlos Mesta) y la que no tiene vástagos.

Las tramas llegan a mezclarse superficialmente a manera de casualidades pasajeras, no tienen nexo como uno pudiera haber pensado, los dilemas se suscitan en base a los contextos explicados anteriormente y buscan resolverse mientras se reflexiona sobre traer al mundo un hijo y sus repercusiones existenciales, se cuestionan constantemente sobre sus destinos, se observa analizando el pasado, el presente y el futuro, sobre todo lo que se viene, la realización es audaz y trata de resolver mediante cavilaciones algo filosóficas, bajo un tono coloquial, llano y no exento de comedia. Los hombres realmente están muy poco desarrollados como narración, se exhiben ideas como la minimización de un hombre y el miedo a ser progenitor pero quedan en pocas frases más que todo tratando de justificar su influencia en los verdaderos personajes de éste relato que son las damas.

Todos los actores lo hacen muy bien, se les observa a los seis naturales en lo posible, no hay vacios en las interpretaciones, se complementan ávidamente dando una visión general de las diversas posibilidades que pueden quedar como mensaje, una tiene descendencia, otra quiera tenerla y la última no la tendrá nunca. En lo que vemos se observan pasajes que hacen alusión a las interrogantes de la personalidad de la directora, lo que quiere decir que tiene un tono intimista notorio tomando forma dentro de un origen real más que inventado que por supuesto lo hay también, habla de repetir un lugar común con la redacción de éste tipo de literatura o se vierten ideas como no hay que ser hueco aún siendo intrépido, en palabras de la autora se lo dedica a su madre y a su hija, sus grandes inspiradoras y compañeras de vida.

Ha sido un placer enorme el ejercicio teatral de ésta creadora nacional, una de las pocas que tenemos o por lo menos se hacen notar. Ver su ingenio en ir relatando la novela de Carroll a medida que en la hora y media se lleva a cabo el drama de la auscultación de la maternidad bajo tres posiciones, párrafos que acompañan y toman otro sentido metafórico como y Alicia cayó que yace manifestado en el título, el grito de que le corten la cabeza, la diminuta puerta cuando se empequeñece Alicia, la mención a la oruga que fuma…, la salida del hueco que finaliza con decisiones concluyentes en la propia existencia. Los aplausos fueron de pie.

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