jueves, 30 de junio de 2011

Demasiado poco tiempo

Se basa en ocho obras literarias de un solo acto del dramaturgo americano David Ives (Chicago, 1950), dirigida por David Carrillo (Lima, 1976) que cuenta con una docena de obras dirigidas, en ésta oportunidad en el teatro Larco, un pequeño y antiguo local donde el mismo director recibe amablemente los tickets de entrada. Tiene a cinco actores interpretando múltiples papeles y no solo eso sino moviendo el escenario y los objetos utilizados como camas o sillas. Los artistas son Pietro Sibille, Manuel Gold, Masha Chavarri, Alina Ferrand y Carlos Galiano, jóvenes con vasta experiencia en las tablas, tres de ellos además con participación en televisión y uno en cine. Partiendo de las actuaciones hay que decir que Gold y Ferrand realizaron más interpretaciones, mientras Sibille abordó personajes con historias más extensas y principales. Todos lo hicieron excelente como había que esperar aunque no hablamos de una obra maestra por las escenificaciones si bien había complejidad, risa y extravagancia. Como dice bajo sus propias palabras el director sobre el autor “David Ives… me fascina como conjuga ingeniosamente lo tonto, lo culto y lo humano.”

Gold cumplió perfectamente perdonándole un desliz al leer el párrafo de su compañera, su performance la distribuyó haciendo muecas comunes pero sin aportar nada nuevo a los actos presentados aunque destila simpatía y gracia, Sibille demostró su dominio y porqué fue el personaje principal de esa gran película que es Días de Santiago (2004), sin embargo se notó muy efusivo, como exaltado lo que lo ponía con movimientos bruscos. Ferrand, una mujer hermosa de bello cabello rubio no lo hizo mal sino con bastante éxito como también lo logró Chavarri que fue la que se lució menos en escena que no significa que le faltara talento que lo tiene en cierta medida, por último Galiano fue el que más sorprendió con magnífica expresión facial y corporal pero con menor presencia.

Entre lo mejor que se presentó estaba “Degas, c’est moi” acerca de un hombre ordinario que no lo quiere ser y se transforma en el famoso pintor Edgar Degas, descubriendo luego de un día acelerado y de impostura que hay asuntos más importantes que la celebridad como compartir el amor. También estuvo muy sobresaliente “No hay problema” que nos remite al encuentro de dos desconocidos que tratan de relacionarse amorosamente, como se acostumbra el abordaje lo hizo el caballero que a cada natural error en estos menesteres –que fueron muchos y variados hasta el hartazgo- rectificaba hasta conseguir el diálogo conveniente que convenza a la dama solicitada. Ésta puesta en escena se manifestó bastante graciosa en donde un sonido especial descalificaba cada mala intervención del seductor.

Otras a destacar fueron “el tiempo vuela” y “un amor puro y limpio”, la primera nos refiere a dos moscas de mayo que al descubrir que solo viven 24 horas entran en desesperación sintiendo que tienen tanto por hacer y como reza el título demasiado poco tiempo, aquella estriba mucha comicidad, es la más conseguida en ese género y la más representativa del grupo. Se les achaca que solo saben comer y copular pero finalmente demuestran que pueden tener sueños como viajar a París. La segunda es sobre un hombre obsesionado con una lavadora que le viene de un trauma por la pérdida de su madre y producto de su extrema limpieza asociada con lo intachable, al punto que ignora a la que debería ser la mujer de su vida que irónicamente siempre lleva alguna mancha en la ropa, al final se hace hincapié en que la perfección no es la felicidad. La interactuación entre la lavadora en la que yace una actriz y el técnico especializado en ese electrodoméstico no tiene pierde, como tampoco los disfraces de las moscas y sus locuras como su excitación en su cita de amor.

Por último cierra la primera sección del programa teatral ”Público cautivo” que es la menos atrayente o significativa de las realizadas a pesar del mensaje reflexivo y la creatividad de emular la televisión con dos actores sentados quietos frente al sillón de una pareja absorbida por la caja boba que aquí no lo es para nada, apelando nuevamente a la fijación pero ésta vez sobre la televisión que decide todas nuestras acciones.

En la programación final tenemos tres obras, en “beibel” dos esclavos a los que podemos comparar con el estereotipo de dos hinchas de algún equipo de fútbol por lo frescos y algo cabezas huecas tienen que construir la torre más grande del mundo que llegue a tocar el cielo y emular a Dios, obviamente nos referimos a la Torre de Babel, pero la novedad es que al cargar una enorme roca se dan cuenta que el trabajo es demasiado arduo por lo que los dos tontos se meten en una disertación filosófica sobre Dios, la torre y su labor llegando a una conclusión que trata de contentar a su hermosa patrona y evitar su misión. Sus vidas dependen de esa edificación y el premio son dos bolsas de excremento para sembrar.

“Variaciones de la muerte de Trostky” es la representación constante de Trostky y su mujer e incluso de su asesino sobre el análisis autocrítico de la propia muerte del líder comunista en manos del jardinero catalán e infiltrado de Stalin, Ramón Mercader. El pensamiento arranca siempre de estar un día después de su muerte y leer en la enciclopedia que para esa fecha está muerto, lo que al descubrir se hace notorio al tener hundido en la cabeza un pico de cavar.

Acaba mi placentera visita al teatro con “variaciones de un enigma” la que parece ser la más complicada de las obras y que requiere mayor atención pero que escenificada no alcanza a aprehender al espectador, se trata de un caso de doppelganger, el doble fantasma maligno de una persona, para ello una mujer va a un psiquiatra y le narra su esquizofrenia en repetidas sesiones, ahí como elemento original vemos a cuatro actores, dos imitando a los que explican la trama. Luego como colofón Sibille disfrazado de grotesca enfermera de nombre Fifí que no es lo más acertado de Carrillo explica el sentido del conjunto enseñando sus diferentes personificaciones y terminan todos mismo bollywood sin danza cantando en relación al tema lo cual nos brinda una conclusión terrible pero que no empaña lo antes visto porque ha sido una aventura curiosa, agradable, festiva e inteligente. En conclusión, una bella velada.

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