martes, 17 de mayo de 2011

Tsotsi

Ganadora del Óscar a mejor película en lengua extranjera en el 2006, está dirigida por el director sudafricano Gavin Hood, la cinta nos narra sobre un personaje en especial que se hace llamar Tsotsi, un chiquillo malvado que vive en la zona pobre de Johannesburgo en un barrio marginal en una pequeña covacha de material endeble, él es el líder de una discreta banda de asaltantes, el muchacho es sumamente cruel y vengativo, no escatima remordimientos ni dudas en su accionar, en el filme se puede ver diferentes actos que lo describen de esa manera, lleva en su mente un trauma familiar producto de haber tenido un padre alcohólico y despiadado, por lo que huyo de su hogar y se crió solitario en la inclemencia del mundo en territorios abandonados próximos a su actual vivienda.

En cierto momento de la película luego de que podemos conocer que sus escrúpulos no existen y que es capaz de matar a quien sea que se interponga en sus planes, incluyendo a sus amigos, roba un auto de una residencia elegante y se topa con que dentro del vehículo hay un bebé, decide llevárselo y esconderlo, lo cuida de forma precaria, la escena del bebé lleno de insectos en la boca al dejarlo sucio de leche es totalmente explícita que me hizo pensar que quien puede prestar a su hijo para que se haga una escena como ésta, que se ve tan real, pero volviendo al filme, Tsotsi cree que le pertenece como si fuera un objeto que arrebatándolo ya es suficiente para hacerlo propio, al que trata como a una mascota, lo transporta en una bolsa de cartón y obliga a una mujer que es madre soltera a darle de lactar la cual hace más de lo requerido pero sin delatarlo.

Mientras tanto la familia del bebé está desesperada, la madre por culpa del pandillero ha quedado invalida, la policía tiene una descripción del rostro del agresor y lo persigue aunque se le hace arduo encontrarlo, muchos sospechan de Tsotsi viendo su cara en el periódico que narra toda la circunstancia que provocó pero nadie lo acusa si bien tiene algún enemigo. La banda de Tsotsi está formada por tres integrantes, un gordo jovial y algo inocente que es su amigo de toda la vida que siente admiración por él, un tipo delgado de apariencia moderna que lleva un punzón para sus atracos y que no duda en usarlo sin lastima alguna, y un hombre joven de lentes que le apodan el profesor y es el que suele reflexionar, tanto que valiente o tontamente suele discutir con gente peligrosa sobre la decencia, lo cual le cuesta una buena paliza.

Tsotsi por naturaleza no quiere a nadie pero parece que desarrolla sentimientos de afecto por el bebé, incluso le pone su nombre verdadero, David. Mientras avanza la película al trato de esa relación algo empieza a transformase dentro suyo pero no como las historias sencillas de redención, no deja de ser una amenaza para la sociedad y alguien de arrebatos violentos que no posee límites para sus reacciones brutales y desprovistas de consciencia, no obstante a su modo salvaje de ser realiza unos cuantos arreglos en su entorno, donde antes se muestra desbordado de rabia y frialdad que lo tenía como un sujeto imposible de reformar, tanto que la pena de muerte para gente como él puede llegar a argumentarse con facilidad dado el caso de no haber una cárcel donde se pague una buena condena, sin ventajas ni adoctrinamientos criminales.

La película está bien dosificada por donde se le vea, a pesar de que la música moderna que se oye en varias oportunidades suele romper un poco con la seriedad del guión. El camino que recorre está completamente dominado por el director que ha decidido muy bien, existe una dirección que sugiere en el lugar que debe y que no se expande mucho en ningún espacio sino se mueve dentro de coordenadas que alimentan de forma impecablemente necesaria a la historia, también el personaje que interpreta el actor sudafricano actualmente de 26 años de edad Presley Chweneyagae que es el principal termina siendo perfecto bajo su fisonomía y sus cualidades artísticas, que por ese entonces tenía 21 años y aunque su cuerpo luce pequeño y parece que no va a ayudarle con su rol, su rostro muestra la dureza indispensable para hacernos creer en su actuación que logra ser sublime. No solo eso sino exhibe mucha naturalidad ya que su semblante se acomoda a muchas emociones, cuando ve que la joven madre soltera de bellos rasgos le da de lactar al bebé robado su mirada es contemplativa y enternecida porque recuerda el afecto maternal que su padre impedía que él tuviera de pequeño, o en otra parte su ira es gigante e implacable al presenciar a un paralítico arisco y malhumorado que le habla con desdén y que llega a insultarlo, y es en ese preciso momento donde la pantalla se paraliza, imaginas lo peor, es una escena magistral de la película en donde vemos a un Tsotsi en toda performance. Su trato con la mujer que le ayuda con el recién nacido, con sus diferentes amigos y conocidos, con el padre del bebé secuestrado, con la policía, con unos niños pobres de la calle lo dibujan con diversas actitudes que son sobrellevadas con basta solvencia.

El resto del reparto no falla en general y ayudan a dar mayor sustento a la realización, por ahí que hay secundarios muy básicos como el caucásico jefe policial o algunas sobreactuaciones producto del drama que tiene que exhibir la madre del niño perdido, lo que siempre resulta un peso complicado de manejar; sin embargo, un jefe mafioso de la zona que quiere a la banda de Tsotsi en sus huestes o la iracunda mujer dueña de un bar realizan sus papeles con mucha gracia encomiable.

Hay que terminar diciendo que es una demostración de un cine de calidad nacido en África, un continente de poca difusión cinematográfica, pero que tiene a Sudáfrica como centro de éste arte, que tranquilamente compite con el resto del mundo y hace filmes que no tienen nada que envidiar a ningún otro. Poseen su propio estilo, aclimatado a lo accesible, representan una cultura y enriquecen nuestra percepción sobre ésta parte del planeta, y por todo ello no queda más que aplaudir su trabajo.