martes, 28 de diciembre de 2010

El escritor fantasma


Éste es un thriller político que basa su intriga en la repentina muerte de un escritor fantasma que escribía sobre un ex primer ministro inglés, Adam Lang (Pierce Brosnan) que quiere que le redacten sus memorias. Lang ante el deceso lo sustituye inmediatamente y por esa gran puerta (el pago es de un cuarto de millón de dólares al escribiente) entra nuestro personaje principal interpretado por Ewan McGregor, que al inmiscuirse e indagar sobre lo que se esconde detrás del fallecimiento de su antecesor y que conexiones yacen en la oscuridad detrás de su nuevo empleador nos guía por lo que contiene la película; un caso que resolver al estilo de un detective aficionado pero valiente como para seguir adelante en el peligro aún cuando puede perder lo que nadie quiere que le quiten de encima: la vida (o su gigantesco sueldo).

Retrato que incluye -por costumbre- ir tras una falsa pista sobre el culpable, equivocación que da cabida a la emoción producto de la curiosidad, a diferencia de lo que delata a un agente de la CIA y a su mentor que resulta bastante ridículo. Como también el poder acostarse con una poco provocativa mujer (la bata y el pelo mojado es para después del sexo) de suma injerencia en el desenlace que resulta una zorra disfrazada de anodina protagonista; la que se queja de todo misma niña mimada rica, apareciendo cuando nadie le espera. Mientras Lang es acusado públicamente de facilitar torturas a cuatro ciudadanos ingleses de ascendencia árabe, que incluye la defunción de uno de ellos; en todo esto se descubren nuevos datos que incrementan las dudas de que oculta la ex autoridad política.

La película globalmente no llega a sorprender demasiado, empero entretiene porque contiene los elementos indispensables para armar una película de éste género siendo manejados con conocimiento por el famoso director. Con respecto al elenco Pierce Brosnan aparece muy poco para alivio de quien aguarda todo menos lo esperado, y no solo eso, ya que su personaje da un vuelco bastante imprevisto; lo suficiente como para no pensar en el petulante James Bond que construyó con su actuación, bajo su pose de circunspección y de exterior altivo en el anhelo de la figura audaz que le es tan característico, tanto que siempre lo muestra como un actor unidimensional de poca inventiva artística, como dentro de una perpetua personalidad. Lo acompañan Kim Catrall como su asistente de confianza Amelia Bly, una mujer elegante, irónica y sensual que parece tener un romance con su jefe y es la que cuida del manuscrito original como si fuera de suma importancia. Catrall llama la atención por su marcado acento británico que estaba ausente en la serie “Sexo en la ciudad”; y es que no se nos puede olvidar su tradicional imagen en este nuevo papel que aunque nada vulgar y con mayor complejidad -lo de blonda atractiva entrada en años sí se mantiene al estar bien cuidada (tiene 54 años)- igual nos rememora a la guapa rubia mayorcita, soltera y sexualmente hiperactiva de nombre Samantha Jones. Por otro lado está la esposa, la actriz Olivia William como Ruth Lang, una mujer misteriosa, solitaria, independiente que influye en las decisiones de su marido. Después, todo el peso recae en Ewan McGregor quien crea expectativa en que manifieste su brillante sonrisa y su aire pícaro que no aparece para no dañar el formato de la película, sin embargo asume la mirada simpática que tiene el espectador de él en una interpretación formal con matices bien llevados.

En el contenido de la historia yacen unos pocos personajes de relevancia en la incógnita que administra oficialmente el relato: ¿qué tan basura puede ser Adam Lang?; está el ex trabajador resentido que quiere conocer lo sucio que no se quiera dar a conocer y divulgarlo, y el intelectual compinche en el entero chanchullo; con ellos hago mención intrascendente del que contrata directamente al fantasma (el cómico James Belushi) y que no repercute en ningún hecho a resaltar. Las dos primeras personas alimentan la narración y mueven al escritor fantasma por rumbos oscuros, incluidas las persecuciones, averiguaciones, encuentros y revelaciones accidentales o deliberadas que buscan desentrañar que está pasando tras bambalinas.

Y allí el septuagenario célebre cineasta judío francés de ascendencia polaca Roman Polanski, ganador del oso de plata de la Berlinale del 2010 a mejor director por esta cinta, y del European Film Awards 2010 en tres categorías (dirección, película y guión compartido), también por ésta cinta, falla aunque rozando la meta, con una trama que logra atraparte mientras se desarrolla el enigma pero que carece del último toque para crear una resolución destacada. A pesar de jugar bien sus fichas durante la mayor parte del filme cae en la justificación fácil y un tanto boba; el final queda ausente de verdadero impacto, algo propio del entusiasmo, salvo la excelente toma de los papeles del manuscrito volando por el aire en la ventisca mientras se grita que han atropellado a alguien. Deja poco que todo esté a la vista, ya que Lang es una abierta copia de Tony Blair (Primer Ministro del Reino Unido desde mayo de 1997 hasta junio del 2007); en cuanto a las actividades durante su gobierno, como en su cooperación con Estados Unidos contra el terrorismo, las torturas que esa comunión generan, el ataque a Afganistán e Irak y la compra de armas. De todas maneras a Polanski el ingenio le sobra y lo ves en toda la película.

1 comentario:

  1. No está mal, una peli de domingo. No la vi excelente pero tiene algo...

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